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martes, 5 de abril de 2011

De Acapulco

"Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches..."
- Agustín Lara


Hace pocos días volví a tener el privilegio de visitar Acapulco por trabajo.
Clásico: ni bien llegué inicié una entrañable y animada plática con el taxista que me llevó al hotel. Una más de todas las veces memorables en las que uno interactúa con un acapulqueño y se queda contento por esa hospitalidad y sonrisa que sólo ellos tienen.
¿Cómo está mi Acapulco? Pregunté. Hermoso, como siempre. Con sus problemas y todo pero igual de bonito.
Avanzando por la Costera, como vapor y de entre las paredes, salieron volando cientos de retazos de mí. Siempre viviré en Acapulco.

En el destino de sueño para mi abuela, que trabajaba todo el año para ahorrar y pasar una semana con mi madre y mi tío: en la Quebrada, en Pipo's, en Puerto Marqués.
En el lugar en que mis padres vivieron su luna de miel durante aquella época dorada en la que el mundo entero deseaba codearse con el jet-set que poblaba sus hermosas playas.
Allí estuve yo de niño, de adolescente y de adulto. Con presupuesto y sin él. He dormido en Elcano, en el Mayan, en el Pierre Marqués...en todos esos típicos y legendarios; y también en un coche dentro del estacionamiento del Wal-Mart de la Costera, en tiempos compartidos, casitas y modestísimos bungalows. Acapulco me ha visto sin playera, sin ropa, blanco, bronceado y rojo, borracho, pleno, sobrio, apasionado, relajado, vencedor, derrotado, en la cima de Paladium, en el fondo del Alebrije, como chalán y también como jefe. Y siempre me ha tratado igual de bien.

En Acapulco está la mano de mi madre, guardando la mía en la arena, enseñándome el sonido del mar dentro de los caracoles. Y aquellas excursiones mágicas en barco con fondo de cristal para ver a la Virgen del Mar, todo un impacto para cualquier niño. Mi primer antro: Andrómedas de Acapulco, a los 13 (y mi primer desarmador). Wow. En Acapulco está mi amigo Sours, tantas veces, en el bungee y en tantos sitios, junto conmigo. Con él me batearon de la entrada del Disco Beach aquella trágica noche en que nos fuimos a ligar gringas en spring break pero no nos dejaron entrar al Baby.
Desde la mera orilla del mar de Acapulco lloré emocionado en la boda más espectacular a la que he ido: la de Karen -que es como mi hermana- y Terry, oficiada por los cuatro elementos. Esa tarde, noche y madrugada en la que mi hermana Perla me parecía una diosa con ese vestido y amanecimos bailando ante el sol del siguiente día. En algún otro viaje ella y yo regresamos para ser parte de la inauguración de El Encanto, a partirnos el lomo y disfrutar juntos del puerto a pesar de aquella señora amargada que nos contrató medio engañándonos. También están Eduardo (en su convertible rojo, muy Luis Miguel él) y Gaby y Lorelee y Paola y Dordelly y Alan y Any en la boda de uno de los grandes: don Arturo Muradás que allí se casó entre la lluvia.

Y así podríamos seguir.

Con todo esto, estoy seguro que millones de mexicanos y extranjeros tienen los mismos - y más y mejores - recuerdos que yo. Material espiritual que está ahí, vivo, inmortal. Acapulco es asombrosamente versátil: pocos destinos del mundo se adaptan tan a la medida de la cartera y tienen tantas opciones según cada posibilidad. Ahí se gastan bien igual las monedas que los millones.


Más allá de la política alrededor de Acapulco, a la cual no me quiero y no me puedo referir esta vez (Caminar por la Costera es disfrutar, y ese goce embriaga, nubla e impide cualquier pensamiento remotamente cercano a asuntos políticos), confío en que todos estemos - como yo - con las ganas de volver a revivir y a cosechar nuevas historias.

En ese mismo viaje de taxi, pasando la Diana, antes de llegar a mi hotel, sentí algo muy fuerte: Acapulco es idéntico a nosotros. Es inevitable ser mexicano y no identificarse con ese paisaje que - igual que nuestros propios cuerpos - habla al mismo tiempo de muchas épocas de prosperidad y muchas eras de tragedia. Paisaje que expresa cómo en carne propia sabemos lo que es caer y levantarse. Fachadas de piel curtida, derrumbada, reconstruida y lista para sobreponerse a la siguiente debacle. Con una historia propia, rica y natural: aquí no se construyó nada artificialmente como en otros lados. Lo que ves es lo que hay, lo que queda después de la sobre-explotación y de las pruebas de la vida (que por cierto aún es mucho y sigue igual de vivo, abundante y hermoso que al principio, a pesar de todo). Exactamente igual que nuestros propios cuerpos.

El mejor souvenir de Acapulco es una foto panorámica, tomada con los ojos y la mente, de la bahía: probablemente la más impactante y bella del mundo. Acapulco Bay, diría Sinatra. De noche, es un bordado prodigioso lleno de luz y vida. Mientras hacía click click click mental una noche antes de regresar a la capital en medio de un yate rodeado de gringos felices que bailoteaban Macarena, le agradecí mucho, y -sabiendo que nunca iba a poder despedirme - le prometí pronto volver.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cinco buenas opciones para cenar en la Ciudad de México

No hay tesoro mayor que darse cuenta a tiempo.
De repente sentí que hacía mucho que no hacía lo que más me gusta: comer, probar, comentar.

Aún había (hay) mucha oportunidad de quitarme el remordimiento por las veladas perdidas de estos últimos meses en las que me quedé trabajando sin cenar, así que - con ganas de literalmente comerme al mundo, o por lo menos a mi ciudad - esta semana salí cada noche en busca de sitios deliciosos con un éxito rotundo: recomiendo 5 de 5. Aquí las experiencias en orden cronológico, con su correspondiente sugerencia.

Lunes - Central Brasserie (Masaryk 123, entre Schiller y Lope de Vega, Polanco)
Muy pocos lugares en el mundo ofrecen la posibilidad de - al mismo tiempo - sentirse en casa y consentir a los sentidos. Envolvente como una entrañable frazada casera pero elegante y sofisticado, consolidado tras haber sido el lugar de moda sin haber perdido estilo y calidad, el ambiente es simplemente exquisito. Si bien ofrece las mejores patas de cangrejo de la ciudad (pregúntenle a Eva Longoria), esta vez me adueñé de la terraza (quizás su espacio más encantador, en el que además se puede fumar) para probar la lasaña de pato con foie gras. Gustosa, sedosa y excelente, sólo rivaliza en el apartado de pastas con mis favoritos del pasado: los ravioles de langosta. De postre, el dilema es difícil: la tarrina de chocolate es una delicadeza y las tartas de crema están tan buenas que te tiran de la silla. Pedí ambas opciones, para qué pelear. Lo más sorprendente es su cava: maravillosa y surtidita. No te dejes engañar, si bien la zona y la decoración de este bistro sugieren costos elevados, la verdad es que es posible cenar muy bien (con todo y vino) a precios más que razonables.
*Tengo que regresar a probar: La hamburguesa de Kobe beef.

Martes - Azul Condesa (Nuevo León 68, Condesa)
El templo mayor del buen comer mexicano, sin duda alguna. El legendario Azul y Oro viaja a donde era Ligaya en la Condesa, mejorado y aumentado: aquí sí venden alcohol y hay una terracita para fumar. Excitante. Nunca antes había sentido un deseo tan fuerte de tener más capacidad (lo cual ya es decir) para continuar comiendo. Fascinante y a manera museo de antropología, las ancestrales recetas que aquí sirven son - gracias a la pureza y calidad de los ingredientes - verdaderamente espectaculares. Si bien iba por los buñuelos de pato bañados con mole negro (MMMMMHHH), esta vez me dejé llevar por el festival de moles y pedí un muy placentero pavo con pipián rojo (a base de pepitas y achiote) originario de Yucatán. De postre, sucumbí al potente nicoatole con zapote y me rendí ante el tamalito de chocolate relleno de pasas y almendras (asombroso, muchísimo mejor que el tamal de chocolate de Pujol). Larga vida al rey (qué digo "larga vida", si este tipo ya es inmortal) chef de la cocina mexicana: Ricardo Muñoz Zurita.
*Tengo que regresar a probar: Las enchiladas con jamaica y todos los platos de la carta que aún no haya probado.


Miércoles - Primo Bacio (Matías Romero 96, casi esquina con Adolfo Prieto, del Valle)
Nacido en Polanco, esta es una excelente opción para cenar a gusto ahora también disponible en mi muy querida Colonia del Valle. Junto a la nueva cafetería y los clásicos Tacos Don Manolito, esta trattoria italiana de ambiente informal cuenta con una carta simple y buenas opciones de vino. Las pizzas pueden mejorar, pero las pastas y los postres son buenísimos. Ordené una pasta Napoli, con pechuga de pollo, brócoli, pancetta y salsa ligera de jitomate, rica rica rica. Tienen el grandísimo detalle de regalarte limoncello napolitano fresquito. Si bien el fondant es excelente, esta vez me quedé con el biscotto di ciocolatto recién horneado, que me cautivó con sus texturas inesperadas.
*Tengo que regresar a probar: El salmón a la plancha, lo pidió una señora de la mesa de junto y se veía espectacular.

Jueves - Cerro Viento (Homero 433 esquina con Emerson, Polanco)
Bonito y nuevo (apenas abrió este marzo), me late que se nos va a poner muy de moda. Aparte de su buena ubicación, el gran gusto en su decoración y el ambiente más bien exclusivo (es fácil imaginar ya a las celebridades y socialités allí reunidos), su carta es amplia y refrescante, una mezcla entre cocina española y mexicana de alto nivel, muy al gusto de la burguesía mexicana. Si bien la chistorra y los sopecitos de marlin estuvieron muy buenos, no fueron nada del otro mundo. Lo realmente inolvidable fueron las carnitas de pato, con todo y tortillas y una salsa roja perfecta. De postre, la mousse de chocolate con almendras fue el broche de oro, de consistencia contundente y una presentación clásica, encantadora. Imperdible.
*Tengo que regresar a probar: El pollo "Don Jesús", por obvias razones.

Viernes descansamos (Pero comimos en El Huequito)

Sábado - Pablo El Erizo (Montes de Oca 6, entre Tamaulipas y Nuevo León, Condesa)
Lo primero es mencionar que el chef Efraín es de la Colonia del Valle, a mucha honra. Después, creo que no sé cómo seguir: este sitio es una delicia. Con una decoración inspirada en el mar, sofisticada y agradable, la frescura de los productos del mar y el concepto de cocina Baja Californiana te atrapan sin vuelta atrás. Magnífico para una tarde soleada cerveza en mano, los sopecitos de pulpo estuvieron exquisitos, y qué decir del aguachile de camarón: perfecto. Tuve el gran acierto de pedirme un pulpo a la plancha, acompañado con papas y frijoles negros perfumados con orégano. Pedí tortillas de harina y me dí vuelo. La textura suave y perfecta del pulpo, su sabor a mar, el toque mexicano de los frijoles...Inigualable. Una amiga mía reseñará pronto (en una de esas revistas que los chilangos leemos) el atún sellado con pistache (pude probarlo, remojado en salsa de soya con miel...para qué les cuento, soberbio).
*Tengo que regresar a probar: El capellini con mariscos.


Es domingo. Hoy me toca cocinar para los compadres de mis papás. Un día de estos me echo la receta de pasta con carne que ya empecé a preparar, a ver qué les parece.



Bonus:

No podía dejar de escribir, por si alguien no lo conoce aún, del que a mi parecer ofrece los mejores tacos al pastor del universo. Nació en la calle de Ayuntamiento (Para mayores referencias, eche un ojo a www.tacosygarnachas.com para encontrar fotos de Marco Beteta y un servidor chupándonos los dedos en ese lugar), pero tiene sucursales en la Nápoles y - claaaaro - en la del Valle, donde por cierto sirven buenos tragos hasta las 4 de la madrugada. Los amantes del pastor morirán con el taco de pastor especial. Mi favorito, el queso relleno de pastor. La sopa de tortilla, quizás la mejor de la ciudad. Los burritos, imposibles. El queso fundido con chistorra, fabuloso. Ustedes dicen.

A menos que Usted haya nacido o vivido una larga temporada en Boston (o así), los cupcakes siguen siendo un postre original para México, y este lugar va cobrando fama por la alta demanda que genera: antes de que las reposteras terminen de batir bien el frosting, mientras los cupcakes aún están del horno, ya están siendo vendidos. La estrella del lugar es el cupcake de mango con jamaica (de verdad explota en la boca), pero también los sabores de té verde o chai son muy novedosos. De entre los clásicos (chocolate -con chocolate y trozos de chocolate-, vainilla, red velvet...), sobresale el de zanahoria, especialmente porque el frosting de queso crema es probablemente el más rico del lugar.
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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Abrazar a México

"I know I can (I know I can)
be what I wanna be (be what I wanna be)
if I work hard at it (If I work hard at it)
I'll be where I wanna be (I'll be where I wanna be)"
- Nas, I Can, 2008

Tengo 28 años y, más con frecuencia que sin ella, siento que no puedo más con el cansancio. Pero soy mexicano: eso implica que puedo, y además que tengo que poder.

Hace unos días tuve - por razones de trabajo - el gran privilegio de estar en presencia de don Alejandro Martí y doña Isabel Miranda de Wallace. Fue una explosión de sentimientos. Cuando rezo en esas pocas noches que me da por acordarme de dios, después de pedir por mi familia, mis amigos y mi entorno, llegan a mi mente sus nombres, junto con la memoria de sus hijos, fallecidos a manos de secuestradores.
Me sentí feliz por verlos y escucharlos en persona. Me entró rabia, de la que salió lo de siempre: el deseo absoluto de cambiar México. Sentí también tristeza y una terrible noción de que el dolor que ellos experimentaron es mucho más grande que todos mis sentimientos negativos. Me moría por abrazarlos fuertemente. Ahogué las lágrimas porque soy un hombre ya crecidito y estaba en un ambiente de trabajo. Me quedé con las ganas del abrazo.

Días después, tuve el gran honor de estar - por trabajo también -, reunido con Mariana García y Edna Jaime, en México Evalúa, un centro de investigación y análisis al que sigo fielmente por Twitter y Facebook porque a mi juicio genera información valiosa encaminada a medir el desempeño del gobierno en materia de seguridad y gasto público con el fin de mejorar y transformar México en lo que debe ser, todo de una manera fina, ordenada, científica, propositiva, pacífica.
Edna tuvo a bien compartir conmigo su visión de México: su amor por esta tierra, su preocupación por ella, su motivación para seguir luchando día con día. Me moría por abrazarla. Pero igual: ella es una señora, yo estaba ahí por trabajo, me dio miedo estar fuera de lugar. Me quedé con las ganas, otra vez, de abrazar.

Me consta que Edna y Mariana se parten en dos, minuto a minuto, por México. Estoy orgulloso de ellas. Qué decir de Martí y de Wallace. Mexicanos ejemplares. Pensé en la manera de poder abrazarlos sin abrazarlos y encontré la respuesta. Abrazar a México es abrazarlos a ellos. Amar México, es abrazarlos a ellos. Pelear por los mexicanos, es pelear por ellos, así como ellos pelean por nosotros y por un país más seguro.

Abrazar a México es tomar consciencia de la pequeña parte de un gran agregado que cada uno de nosotros representa. Sentirse importante por haber nacido aquí y trabajar en este país. Importante por trabajar CON los mexicanos, POR y PARA México. No nos equivoquemos, aunque sea una frase muy repetida, es cierto: Cada vez que pensamos en México con optimismo (desde la realidad, conscientes de los retos, pero con optimismo), estamos abrazándolo. Cada que hablamos sobre México y lo sentimos grande, fuerte, poderoso y excelente, damos un pequeño abrazo. Cada que sentimos que SÍ, que nuestro trabajo, desde donde estemos, sea lo que sea que hagamos, es importante y útil para el desarrollo de México, estamos abrazando a Mariana y a Edna, y a Isabel, y a Alejandro y abrazándonos a todos, de una manera apropiada. Somos muchos más los mexicanos decentes que abrazan, que los que matan.

A partir de ese enfoque, tras el cansancio físico de días como este, me siento bien por estar agotado y haber forzado las últimas 4 horas de trabajo, cuando el cerebro y el cuerpo piden tregua. Casi creo que cuando no tenga esta sensación, voy a sentir que no estoy dando el 100% por México. Sentir que sigo con ganas de abrazarlo, cuando lo tengo ahí en frente. Mientras resolvemos cómo sentir que trabajamos bien por México, necesitamos sentir que trabajamos mucho por México. Sentir que nos fundimos en un abrazo con lo que más amamos. Porque no soy el único, tú que lees, seguramente, sientes lo mismo. Porque los mexicanos podemos - y tenemos que poder - abrazar a nuestro país.

*

domingo, 25 de julio de 2010

¿Rezar?

Han muerto 25,000 mexicanos asesinados durante este sexenio. Veinticinco mil. Descabezados, mutilados, acribillados, torturados. El motivo: La lucha contra el narco. ¿Qué hacemos cuado nuestro gobierno se enfoca en darnos los nombres, datos y señas de los criminales que captura, como si eso fuera lo importante? La tierra de México está cubierta de sangre. Y los padres que perdieron a sus hijos, y los hijos que perdieron a sus madres, y las fosas comunes en Ciudad Juárez colmadas de cientos de pilas de cadáveres que nadie reclamó. Ciento venticinco mil litros de sangre.
A los que quedamos, se nos acabó la sorpresa. Aprendimos involuntariamente a leer sin sentir las páginas de los periódicos y desarrollar defensas para no rompernos ante los asesinatos de paisanos desconocidos. La frustración se nos hizo costumbre, la impotencia se nos hizo normal.
A muchos se nos acabó también la arrogancia. Esa arrogancia de no rezar y maldecir a dios al llegar a la edad adulta. Con la cabeza agachada, los guadalupanos volvemos a pensar en dios tras la fuerte necesidad de un milagro.
Personalmente no creo creer en dios. Ya no sé rezar como sabía. Volví a hacerlo hace poco, al enterarme que la lucha contra el crimen de la que se ufana nuestro gobierno no parará. Porque como otros paisanos, no sé qué más hacer. ¿Negociar con el narco ante tanta sangre? No sabemos.
¿Negociar con dios por si acaso existe y de una vez por todas voltea a vernos? Ante esta lluvia de mexicanos muertos, yo sí.
¿Y tú?

martes, 27 de abril de 2010

Pequeña carta

"Hacemos un llamado a boicotear todos los bienes y servicios de Arizona y también a evitar el turismo en ese estado. Enviemos una señal de asco hacia un gobierno estatal arrogante que se toma poderes que no tiene para perseguir una minoría poblacional".
- Editorial 'Say NO to Arizona', La Opinión, Los Angeles

Estimados 50,000 latinos dueños de negocios en Arizona, con un poder de compra estimado en unos 31 millones de dólares:

Es hora de que levanten la voz y se manifiesten junto con nosotros contra la ley racista Arizona SB1070. Es hora de boicotear Arizona.

Atentamente,

Todos mexicanos y latinos, que no podemos más con la indignación.
.

martes, 9 de febrero de 2010

Carta a los Artistas Mexicanos (Una breve lección de marketing para todos)

De todo lo hermoso que algún día tuve y está extinguiéndose, me queda aún una abuela española, con quien he logrado una comunicación notable a partir de su asombrosa predisposición hacia México.
Utilizo este adjetivo porque nuestras generaciones -con las que me ha tocado convivir más por pura probabilidad cronológica - de repente no han logrado disociar condiciones negativas como el narco, la corrupción, la contaminación, la pobreza, a menudo la pereza y hasta la epidemia de influenza; de nuestro maravilloso, honesto, limpio, rico, vibrante y sano México.
La explicación es que, por décadas las noticas que llegan sobre nosotros no siempre reflejan nuestra mejor cara.
Mi abuela (y su generación) tiene aún el sabor dulce de México que probó desde niña a través del arte: canciones rancheras inolvidables que - sin Twitter ni Facebook - llegaron hasta su pequeño pueblo, películas entrañables, noticias de murales prodigiosos, artesanías milagrosas que hasta la fecha conserva...

Sin hablar de revolución (que dicho sea de paso, ojalá llegue pronto y sea lo menos violenta posible), sin despotricar contra sociedades y políticos, quiero hoy pensar en marketing puro, algo que he aprendido a hacer los últimos tres años.
Entre toda esta inundación de información en la que vivimos, y ante una falta de control derivada de la libertad de expresión, es imposible detener la mala información. Sin embargo - y a las pruebas me remito -, la estrategia mercadológica efectiva tiende cada vez más a generar contenidos positivos y a viralizarlos, de tal manera que lleguen primero, prevalezcan y eclipsen al contenido negativo.

Yo quiero ser más famoso que el narco. Quiero que escribas una novela que de una vuelta más al mundo que las noticias sobre corrupción. Estoy seguro que puedes componer una canción que sea coreada por todas partes y supere en fama a la contaminación. Que tu talento, tu inteligencia, tu belleza, tu energía y tu creatividad sean más fuertes que esa maldita influenza porcina. Que mientras atacamos y vencemos nuestros "contenidos negativos", sepamos aprovechar las redes sociales y la manera en que nuestra generación conoce sobre internet y marketing, para generar "contenidos positivos".

Sé que un par de ustedes artistas lee esto. Van, con todo. Sé además que el resto, pocos o muchos, pueden también proponerse ser un rostro de México, más grande y famoso que lo malo.
Es hora de 'viralizar' nuestro talento y contagiar al mundo entero. Que haya una epidemia mundial de mexicanos talentosos. Así, un día las generaciones futuras reaprenderán a asociar a nuestro México con lo hermoso y lo positivo. Como lo que es: un país maravilloso.

Mientras eso llega, recordemos: la energía es el 75% del camino al éxito. Gracias por leer y visitar.

Un abrazo,

;

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Contra el Jalogüín (Del por qué Cuco es un genio)

(Post modificado a partir de una crítica de Plaqueta)
Casi siempre dos son mejor que uno. Siendo regidos por años de 365 días, ¿Por qué no tener tantas fiestas como sea posible? Así es como hace unos años abracé esa jodida y artificialmente creada fiesta del Jalogüín. ¿Qué mejor que celebrar el milenario Día de Muertos Y el nuevo Jalogüín? Pero eso se acabó.
La nueva preocupación es que en México, la tierra de la emoción y planeación de las ofrendas de muertos, este año todos parecieron estar más emocionados buscando cómo iban a disfrazarse mientras cargaban calabazas. Un poco triste, ya que - aunque a muchos se nos olvide -, no somos gringos y a pesar de que seguramente a muchos les sorprenderá enterarse, no nacimos en Nueva York. Por tanto, por favor recuerden que no están obligados a comprar excedentes de producción de material jalogüinesco extranjero y nadie les va a decir nada ni a mirar mal si compran los elementos mexicanos típicos del maravilloso Día de Muertos.
No estoy en contra de la celebración de fiestas de otras culturas (al contrario), estoy en contra de la sustitución de hermosas tradiciones propias por modismos extranjeros. Si quedamos que podíamos tener las dos, ¿Por qué aniquilar una?
Mi opinión personal: Sí a las calaveras de azúcar y chilacayotes, no a las calabazas. Sí al recordar a los muertos con honor, no a pensar en sierras eléctricas y garras de metal en llamas. Sí a las flores de Cempasúchitl y el copal, no a las telarañas y las uñas de bruja. Sí al pan de muerto recién horneado y al chocolate y al piloncillo; no a los
cupcakes o a las calabazas de plástico hechas en China rellenas de M&M's.
Mi amigo Cuco se casó el 31 de octubre. Genial idea. Así, cada que lo inviten en el futuro a disfrazarse para jalogüín, él podrá zafarse de tan esperada ocasión fácilmente: será su aniversario de bodas. En lugar de tener que vestirse como el tipo de
Twilight, él va a poder disfrutar un buen pan de muerto e irse tranquilo a cenar a media luz con la mujer que ama. Eso es saber vivir. Felicidades genio.
.

jueves, 13 de agosto de 2009

Del porqué hay que denunciar

Esta es la historia de un hombre paseando por la Condesa, como cualquiera de nosotros cualquier día.
Siente algo extraño.
Entonces, lo ve: desde el parque México lo observa. Toma una foto al observador sin que se dé cuenta.

Es en la intersección de Michoacán e Insurgentes cuando lo alcanza minutos después. Saca una pistola y dice Afloja todo, sigue caminando y no la hagas de pedo.

En un cálculo que pudo haber sido mortal, el hombre se lanza hacia la pistola. "Se me hizo extraño que no la disparara, pues la quiso esconder por detrás, pero le pasé la otra mano por la espalda y lo empujé a un restaurante que estaba cerca. Se tropezó con las sillas... Y fue cuando ya tenía el arma en la mano, que comencé a gritar que me ayudaran, que me estaba asaltando". Fue así como llegó la policía a hacer el arresto.

El de la pistola no es un hombre. No es insulto, es descriptivo. Es un niño de 17 años que se conduce en la vida pistola en mano porque nadie fue capaz de inculcarle el trabajo y es demasiado impaciente o tiene demasiada necesidad como para esperar a estudiar una carrera.
En estos 17 años ya tiene una experiencia extraordinaria: estuvo en el tutelar por robo a usuarios de cajeros automáticos. Por su edad, fue liberado en noviembre pasado. Sabe que hasta que cumpla los 18, cada vez que lo arresten será fácil salir a la calle en unos meses. Eso aprendió. Según su declaración de los hechos, fue el hombre quien lo empezó a golpear un día en el que él había salido a buscar un trabajo honesto.

El punto importante aquí es perder el miedo, denunciar. Porque cuando el hombrede deba volver al niño en un careo en los juzgados, será la primera vez que este delincuente de 17 años viva esta experiencia. Antes, todas sus víctimas se abstuvieron de denunciar por miedo.

No estoy diciendo que lo óptimo es enfrentrte a tu atacante. Puedes enfrentarlo mejor y de una manera más certera si lo denuncias. Lo que estoy diciendo es que ya estuvo bien de tener miedo. Ya es hora de arriesgarse.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Más vale feo y chido que guapo y mam&*$

Cuando uno ha vivido la mayor parte de sus años en México y adora su gente, resulta muy difícil reconocer ciertos aspectos generales de sus paisanos.
"Oye, es que los mejicanos en general sois feeos eeeh", me dijo mi amigo extranjero después de visitar mi ciudad. El comentario retumbó en mi cabeza y me encabroné y se me pasó. Pensé que emitir un juicio bajo los estándares occidentales, sobre uno de los ámbitos más subjetivos que existen: la belleza, es aberrante. PERO...
Objetivamente (si cabe), la burguesía mexicana, mestiza por excelencia, es muestra de la evolución humana y contrasta de manera sobresaliente por su belleza física con la gente de cualquier otro país.
Objetivamente también (si cabe), el grueso de la población - los que andamos en las calles -, somos feones, somos obesos y - en el mejor de los casos -, somos pasaderitos y/o con tantito sobrepeso nomás. Hay que reconocerlo, tenemos que hacer dieta y ejercicio, aunque hay unos cuantos que ni con eso. Aouch...

Toda mi vida he pensado que lo más hermoso de México es su gente. Y sí. El día en que perdamos el saludo al entrar al elevador, la extrema cortesía en el servicio, la amabilidad con los desconocidos, el entregar el corazón a los que se cruzan en nuestro camino estamos fritos. Me pone a pensar en las niñas feas que por lo mismo son maravillosamente lindas y divertidas, en las rucas marimachonas que son espectacularmente inteligentes, en los gorditos feones que son los más bonachones y los más divertidos de las fiestas, etcétera. Esa es la idea. Eso es México.
Nuestra ventaja competitiva frente a países cuya población es en general físicamente bella pero son fríos, malmodientos, maleducados cof cof como Suecia perdón cof cof; es la belleza de nuestro carácter y actitud.
Así que la próxima vez que entremos a algún lado, saludemos como siempre lo han hecho los antiguos mexicanos. Cuando perdamos la educación, perdimos la identidad. Seremos como esas viejas feas gordas y aparte de todo mamonas.

By the way, les ganamos a los gringos, NOS VAMOS AL MUNDIAL, NOS VAMOS AL MUNDIAL!!!

viernes, 2 de enero de 2009

Adicto a facebook

"La presión de nuestra vitalidad, constreñida a expresarse en formas que la traicionan, explica el carácter mortal, agresivo o suicida de nuestras explosiones. Cuando estallamos, además, tocamos el punto más alto de la tensión, rozamos el vértice vibrante de la vida. Y allí, en la altura del frenesí, sentimos el vértigo: la muerte nos atrae".
- Nuestro Padre Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad

A manera de confesión: me llamo Censurado y soy adicto a facebook. Ya no escribo mi nombre, porque en el último mes me han reenviado unos diez correos electrónicos amarillistas recomendando no compartir detalle alguno en internet que pudiera remotamente reflejar mi identidad, el lugar donde vivo o los sitios que frecuento; porque el país en el que estoy es tan inseguro que los delincuentes están pendientes de los blogs, las páginas personales, los perfiles de redes sociales como MySpace, Twitter, Hi5 o mi amado Facebook para ver si me asesinan, me secuestran, me violan o me asaltan. Quesque.
Pero aún así, al igual que millones de personas de mi generación, estoy continuamente actualizando mi status. "Censurado is partying @ Acapulco", "Censurado is en Salamanca, camino a Madrid", "Censurado is off to Miami tomorrow!", son ejemplos de actualizaciones de perfil que escribimos y leemos todos los días. Algo dentro de nosotros nos mueve a contar qué hacemos y cómo nos sentimos; como si de verdad a alguien le importara.
Quizá sintamos la necesidad de que otros sigan los eventos de nuestras vidas para que no queden olvidadas. Pero nadie está siguiendo nada, a veces olvidamos los propios.
Ideas realmente brillantes escritas en el campo de status están condenadas a desaparecer una vez que nuestras acciones dentro de la red social las desplacen hacia abajo. Solamente saciamos momentáneamente la sed voyeurista o exhibicionista, en pequeñas dosis, constantemente.
Quizás el deseo persistente de exhibirnos nos quema y estamos buscando dar un buen show a nuestros "amigos" de facebook. Cargando fotos en las que todos puedan ver que uno es más guapo y más chido que los demás. Nunca más adecuado empezar con una cita de El Laberinto de la Soledad en un post sobre facebook: un lugar virtual en el que a veces tenemos listados como amigos a personas irrelevantes que quizás apenas conocemos. Queremos sentir que tenemos mucho público rodeándonos, pero estamos más solos que nunca. Y este show que damos es tan suicida como fumar, o peor.
Porque en un país donde es peligroso tener un blog o subir fotos de nuestro último viaje a China durante el verano, hemos desarrollado la necesidad de anunciar quiénes somos y dónde estuvimos; como si los hechos no hablaran por sí mismos.
En el fondo, algo muy fuerte nos arrastra a escupirle a la muerte en la cara. O a intentar sentir que eso hacemos. Y aquí estamos. Sin saber cómo quitarnos del vicio. Escribiendo sobre nosotros en tercera persona, desaforadamente.
Censurado is kinda' sad. Censurado is buscando una mejor manera de comunicarse en vivo y a todo color. Censurado necesita que comenten este post muchos, cuántos más mejor. Censurado doesn't know why he keeps doing this. Censurado wants to die to feel alive. Censurado can't stop. Censurado somos todos. Censurado probably needs help.


viernes, 19 de septiembre de 2008

El risueño se levanta

"Yo, Germán Dehesa, aquí me quedo y me quedaré siempre. Tengo dos razones muy sencillas:
a) yo soy de aquí y lejos de aquí moriría como loto desmayado y
b) ¿a dónde voy que más valga?, ¿a causar lástima en otro país?, ¡niii madre!
¿Que ahora permanecer aquí requiere de una dosis mayor o menor de valentía? Pues nos la echamos. Sería una infamia que no lucháramos hasta el último esfuerzo por arrebatarle a los felones la posesión y usufructo de México."
(Sí mi querida Skinny Bitch, sí lo leí, y sé que estamos juntos tú, yo y muchos en esta idea, en esta postura, en este sueño.)

Sí señores. Después de la entrada anterior, no podía dejar de aclarar, que después del duelo, está el levantarse, muy alta la frente y - con el mayor estilo del mundo - plantarle cara a lo que venga.
Si estás leyendo esto en algún lado de México, da una vuelta y mira a la gente desconocida que te rodea. Tus paisanos. Desde aquí, y sin saberlo bien, te afirmo que ellos son como tú y yo: nobles y trabajadores. Seremos lo que quieran, pero en general, somos más los que no secuestramos, los que no robamos, los que vivimos con decencia y dignidad. Somos muchos más. Sólo necesitamos pasar la voz, condenar los más mínimos actos de corrupción de nuestro entorno inmediato, concentrarnos en lo nuestro y seguir aquí, partiéndonos la madre. Después de todo, ¿qué hay más mexicano que chingarle y trabajar como un burro por una vida mejor?
Somos demasiados. Y nadie va a pasar por encima de la vida que merecemos. Estamos dolidos sí, pero eso no va a debilitarnos. Al contrario. No vamos tampoco a cambiar nuestra forma de vida con base en lo que los delincuentes pudieran tramar en nuestra contra. Vamos a aprovechar la adversidad y a sacar la casta.


Los dejo con una cita del discurso del presidente que encontré en el blog de la Hija de Zeus:

Quienes creen que con actos cobardes en los que se lastima la vida y la integridad de personas inocentes verán un Estado debilitado, en su acción criminal encontrarán un motivo sobrado para el fortalecimiento del Estado y la unidad de los mexicanos. Se equivocan, hoy más que nunca verán la acción de un Estado más decidido a enfrentarlos y a vencerlos.”

martes, 16 de septiembre de 2008

El risueño está llorando

"Los árboles están llorando, son testigos de tantos años de violencia. El mar está marrón: mezcla de sangre con la tierra.
Pero ahí vienen bajando de la montaña, con la esperanza, las madres que ven por sus hijos y que sus libros para la escuela son su soñar..."
- "Minas Piedras"de Juanes, canción que en estos momentos me parte en dos.

Justo anoche pensaba que este iba a ser el primer año en el que no bloggeaba sobre mis fiestas patrias, que espero junto con todos mis paisanos cada 15 de septiembre, para dar un grito colectivo de orgullo. Una añorada noche de alegría, de comidas, chiles y tequilas bajados del cielo.
Siento mucho repetir tantas veces lo mismo. Igual por eso ya ni las moscas se paran por aquí.
Y es que mi tema es otra vez México. Mi amor, mi más profundo, mi hermoso, mi más mío, mi amado México. Escribo y hablo tanto sobre él porque mi sentimiento de adoración es tan grande que no puedo más que alabarlo.
Siempre he pensado que México, entre muchas cosas, también soy yo.
Este año, este 16 de septiembre, esta fiesta, escribo berreando. Pa' variar. Como si quebrarse no fuera una vergüenza.
Pero por Dios que aguanté. Aguanté maldecir a los cabrones malnacidos que han estado secuestrando a tantos niños - pobres y ricos, mediatizados o no - . Me aguanté al ver todos esos decapitados que nos han horrorizado a todos. Me mordí la lengua pa' no chillar en el zócalo cuando ante mi bandera escuché mi himno y prendí una vela después de una marcha por la paz. Es una cursilería, pensé. Aguanté cuando presencié el dolor de mi amiga, la de la orquídea, quien tiene cerca a alguien cuyo padre fue hace poco secuestrado y lamentablemente muerto.
Aguanté hasta hoy cuando, después del recalentado de pozole y tostadas, me entero que hubo un atentado en plena ceremonia del grito - esa que esperamos todos - en Morelia, y que hay siete muertos y 108 heridos. No pude más sostener la guardia.
A mí, a mis paisanos, a México, se nos derramó el vaso esta lamentable y triste mañana.
Los mexicanos somos risueños. Somos fiesteros. Somos gente buena.
No sabemos manejar la frustración de ver a nuestro México así de maltrecho. No soportamos ya. Ya no.
No hallamos qué hacer, a quién romperle la madre, a quién cobrarle tantos muertos.
No estamos preparados para oír detonaciones mortales estallar al mismo tiempo que las campanadas de fiestas patrias. Ni lo estaremos nunca. No sabemos llorar, por eso duele tan fuerte. Cómo lo siento. Réquiem por tantos paisanos...

Soy típicamente mexicano: muy optimista y en general, muy risueño.
Pero después de Morelia hoy, no se puede. Ya nadie puede. No podemos reír. Hoy ya no.

sábado, 23 de agosto de 2008

Venciéndote en tu propio juego

Me acabo de enterar por Oliva que mi México ganó otra medalla de oro en taekwondo. Me da un poco de coraje porque no ví el nacimiento de la nueva heroína, que se llama María Espinoza. Así que tenemos ya la parejita de taekwondoínes mexicanos que ganaron oro en Beijing 2008. Niño y niña. Fabuloso.
Deberían contratarme: yo quiero ser su agente, marketearlos. (Es en serio). Utilizar el marketing para inmortalizarlos, evitar lo que le ha pasado a Soraya Jiménez, o a Ana Guevara. Evitar que en 8 años acaben de comentaristas de Televisa. Sí, el mercadeo es para vender, pero por qué no aprovecharlo en favor de ideas positivas? Pérez y Espinoza deben ser nuestros nuevos ídolos.
Obvio que tienen que poner una escuela de taekwondo. No se ha fundado aún y ya debe haber lista de espera. ¿Qué tal un reality en el que los dos, por ser mexicanos, por ser de oro, por ser taekwondoínes y por calientes descubren que son el uno para el otro y deciden casarse? Les conseguiría los mejores patrocinios para la boda olímpica. Eso sí, antes a los pondría de tour pagado por 'lamarcapositivaquenosdémásvaro' hablando con los jóvenes mexicanos sobre sueños que se hacen realidad.

En fin, personalmente compraría (compraré) todo sobre los héroes taekwondoínes mexicanos porque además de mi gran admiración, sus circunstancias hacen que simbólicamente ponga en orden mis ideas y recuerdos. Y es que como muchos saben, el taekwnondo nació y es el deporte nacional de Corea (del Sur).
Corea es para mí ese país que me debe una(s), aunque le agradezco. Corea, sin ser mía, me nutrió y me destruyó como todo lo que he amado en mi vida.
Así es, para los pocos que leen esto y no me conocen, este es el anuncio oficial de que cuando hablaba de mi trabajo en "una embajada asiática" (recordemos episodios como cuando los coreanos se comieron mi guisado, o cuando me entrevistaron desde Venezuela y traje paseando a dos coreanos tras de mí por el paseo de la Reforma, o el del coreano ruidoso que arruinó mi feliz mañana) me refería a Corea.
Pasan los meses, y creo que mi experiencia en la embajada fue tan difícil porque - haciendo a un lado los hábitos "sucios", los olores nauseabundos, y el ruido en la mesa - dí todo. Digamos que entrené como nadie por meses, y como nunca llegó el oro, tuve que irme. Creo que nunca entendí a los coreanos (o ellos nunca me entendieron a mí). Bueno, ahora que trabajo para los suecos y estoy en comunicación con españoles, peruanos, venezolanos, hondureños, chilenos y gringos; tampoco es que pueda jactarme de un perfecto entendimiento o magnífica comunicación. Todavía.

Así que el triunfo de México en taekwondo fue una catarsis personal. Al ver a los mexicanos vencer y arrasar justo en ese deporte, no puedo evitar pensar (acordándome de cuando rompí el record de empresas mexicanas que visitaron una misión en la historia de la embajada, o de los logros de ventas de mi amigo Cuco, o los minutos en que - después de que los coreanos habían tardado meses - hice que cambiaran el "del Norte" junto al Seoul composite de la página de la bolsa, o de todo lo que ha hecho la Tere por ellos) que sí, que los mexicanos somos muy buenos. Quizás es lo que necesito pensar para voltear hacia esa etapa de mi vida con menos frustración. Igual es mi enorme ego, medio lastimado, recuperándose.
Una de las pocas verdades universales, es que el que trabaja duro, acaba teniendo éxito (de una manera o de otra). Y esa sigue siendo mi estrategia. Ni entonces ni ahora he dejado de entrenar, a pesar de las decepciones. Siempre están los siguientes juegos olímpicos cada cuatro años no?

Muy probablemente mi ex-jefa coreana y su séquito no estarán de acuerdo, pero los hechos objetivos, las cifras duras, las medallas de oro, están paulatinamente demostrando que los mexicanos podemos perfeccionarnos y vencer en juegos, trabajos o deportes (como el coreanísimo taekwondo), que ni siquiera inventamos nosotros.
Y seguimos preparándonos. Seguimos entrenando. Seguimos con hambre de oro y no vamos a descansar hasta obtenerlo, y seguirlo obteniendo.
Nos vemos para el próximo recuento en cuatro años, en Londres.


miércoles, 20 de agosto de 2008

Winner by superiority - Crónica de un milagro

Mood: Chillando de alegría
Quiero que todos despierten y enciendan las luces y los televisores y las radios y se enteren. Quiero que todo el mundo se detenga a poner atención a la noticia que hoy me hizo despertar mucho más temprano de lo normal:
Después de ocho largos años, México ha ganado el oro en los juegos olímpicos.
Sé que hay otras muchas medallas doradas, pero esta en específico merece una atención especial porque la ganó un mexicano.
Y la diferencia entre un atleta mexicano y un atleta de un país desarrollado, es que los mexicanos no sólo no tienen apoyo, sino que tienen todo en contra. Tal es el caso de mi paisano, el michoacano Guillermo Pérez de 28 años, cuya familia estuvo haciendo colectas de barrio para llevarlo hasta Beijing 2008.
Y es que cuando uno de nosotros gana, gana contra toda expectativa, contra una mentalidad, contra el paso del tiempo, del viento, del movimiento de rotación... Cuando uno de nosotros gana - dadas las condiciones actuales - estamos hablando de un milagro. Y así fue hoy.
Los juegos olímpicos ponen de manifiesto los países que uno ama (he de decirlo, también celebré el triunfo de la República Dominicana en el segundo lugar de esta competencia. Supongo que también para ellos lo de hoy fue un plateado milagro).
Cuando Guillermo levantó los brazos ante el anuncio del triunfo y tomó la bandera, sentí que estaba ahí con él. Cuando subió al podio y ví su expresión de suprema emoción, de control del llanto en el momento más intenso de la existencia, yo no pude contener el mío. Y cuando escuché los primeros acordes de mi himno, tuve un momento genuino de felicidad. Quise abrazar a México: a ese país que merece a atletas como Pérez, aunque el gobierno no los apoye como merecen. Porque al fin y al cabo, México es grande. Canté con honor. Quise que me oyeran hasta China. Literal. Canté Mexicanos al grito de guerra... y disfruté la fuerza de la emoción, la pulsión de la alegría, la descarga de adrenalina, el sabor del oro.
Agradecí a la vida por este momento feliz. Quizá exageré.
En esos momentos en los que la emoción te vence, renace la esperanza y miras a todo México - por fin - triunfando. Necesité fuertemente comunicarme con mis paisanos. Lloré de orgullo. Recordé a mi amigo Jaik que también se ha destacado en taekwondo, y supe que no era el único en recordar a nuestra gente, a nuestro pueblo, por un momento ganando. El oro. Me acordé de la Galleta y de Militza, mis mexicanas en China, y supe que hoy no hay nada más perfecto que ser mexicano y estar allí.
En pantalla apareció - jamás la olvidaré - la medallita dorada, nuestra bandera, el nombre del nuevo héroe, y una leyenda: "Winner by superiority".

Sí: hoy tanto en Beijing como en mi corazón, México ganó por superioridad.

jueves, 7 de junio de 2007

Reforma es Universal

Se nos han cansado la boca y las manos de hablar de ella como ciudad, pero es que es una galaxia. Impregnada de contraste, la Ciudad de México permite viajar de un mundo a otro cruzando una calle. Y si se sabe tener contenta a la estatua de la Diana Cazadora - que es quien tiene los contactos -, puede uno visitar en calidad de protegé todos los planetas que giran en torno al soleado Ángel de la Independencia, en menos de un año.
Mandada construir especialmente para mí por el Emperador Maximiliano siglos antes, el Paseo de la Reforma es el escenario y formador de mis fines y mis principios: de mis eternas desazones cuando alguno de los factores en mi vida ha cambiado caeteris paribus.

Todo empezó justo hace un año, cuando trabajé en un call-center los últimos meses de mi carrera. Tantas veces patée Reforma para salir o encaminarme hacia justo el mismo edificio en el que mi padre había trabajado durante sus años dorados que de repente la noción de fin de semana y día festivo terminó: había que estar muchos sábados y domingos despierto a las seis para tomar el metrobús y llegar a las 7:00 de la mañana para arreglar a distancia las computadoras de migrantes, seres que han venido a este mundo a vivir en Estados Unidos mientras sostienen la economía de México y claro, para eso necesitan internet.
Con 29 minutos y 59 segundos para comer y 12’ 59’’ para tiempo libre (ir al baño, fumarse un cigarro...), uno se pasaba ocho horas seguidas partiéndose el lomo y compartiendo con gente distinta. Un planeta simple, colectivo, humilde, completamente daltónico a la clase social, agridulce, terroso, hippie, multi-multi. La heterogeneidad y el deseo de heterogeneidad prevalecía. Todos éramos de distintos colores. Era una celebración del respeto a la individualidad, y una hermandad. Todos seres de alguna manera o lado "betas", tan acostumbrados a la carencia o la tragedia que sonreíamos más de la cuenta y dejábamos – a veces por fortuna, a menudo por desgracia – las maneras, vestimentas y modales en último plano.
A decir verdad, a pesar de que amé y crecí casi cada segundo, siempre fui un alienígena en ese universo. Me hice amigo verdadero de pocos, cuate de muchísimos (éramos tantos), enemigo de unos tres o cuatro, pero nunca me sentí 100% en mi agua. Mi condición personal me permitía al mismo tiempo entender perfectamente y ser ajeno a las condiciones comunes de su gente.

Meses después, cruzando Reforma y un poco más hacia el norte, se levanta una oficina magníficamente equipada, con un ventanal enorme donde antes se sentaba un extranjero que come horrible y ahora se sienta mi gran amiga Priscilla; y yo. Aquí cada mañana una tarjeta electrónica me da acceso al piso ocho del estacionamiento donde hay un lugar para mí. El fin de semana ha regresado a mi vida: y entre semana todo es festivo, pues de 9:00 a 6:00, con horita y media para comer y un tolerado exceso de pausas para fumar, lavarse los dientes, bajar por una cajetilla o algo de comer a la calle, ver vídeos, chatear o lo que sea unas cinco o seis veces por hora; el trabajo – unas cuantas llamadas y unos informes – sale pronto.
La noción que ha desaparecido es la de reto y la de cansancio. Un planeta fácil, individualista, prestigioso, elitista, dulce, airoso, despreocupado, amplio, clasificante. La homogeneidad y el deseo de homogeneidad prevalece. Todos vestimos de traje y corbata mientras hablamos de cifras y leemos los periódicos para estar enterados y somos corteses con los clientes al teléfono como los graduados de buena escuela que hemos de ser. Aquí, las maneras, vestimentas y modales están en primer plano.
Y honestamente, a pesar de que hay muchos aspectos – como la gran suerte de trabajar y estar de broma todo el día con tres grandísimos amigos y claro, el cheque quincenal – que me encantan, aquí también me siento un completo extraterrestre incapaz de adaptarse perfectamente a este mundo. Mi condición personal me permite al mismo tiempo entender perfectamente y ser completamente ajeno a las condiciones comunes de la gente que aquí trabaja.

Si mis compas del call-center supieran dónde, y cómo trabajo por el sueldo que recibo; seguramente pensarían que tal cosa no existe así, y lo mismo con mis amigos de la oficina.

Así, la Diana y yo nos entendemos tan bien porque somos astronautas que no pertenecen a ningún mundo, destinados a vagar por la galaxia más contaminada de la Tierra: la Ciudad de México. Somos los que tienen el privilegio de poder cambiarse a la acera de enfrente si la situación lo amerita porque son de ambos lados de la calle, y reírse de sí mismos cuando intentan reírse de los opuestos, porque hemos sido unos y otros en una misma existencia. O todo lo contrario. Somos personas con atributos externos lo suficientemente flexibles como para pararse un rato en universos que no están ni enterados de la existencia del otro. Y vice-versa. Somos privilegiados por poder tener acceso a puertas de paisajes distintos y mirarlos perteneciendo sólo momentáneamente.

Y nuestro gran problema es que, como testigos y observadores, sabemos - en carne propia - que ni los de aquí ni los de allá se sienten verdaderamente felices.