lunes, 29 de marzo de 2010

La mera verdad, yo sí

Atención: Muy probablemente voy a chillar escribiendo este post.

It began in Mexico City. (In la del Valle, of course).
Desde aquella legendaria portada con Ana Claudia Talancón sobre una cama de chiles que todos en mi ciudad recordamos, me volví fan de la Revista Chilango. Años más tarde, por razones (creo) más de vida que de trabajo, conocí en persona a la maravillosa Conejita de Indias, una mujer chilanga, guapa y extraordinaria que entoces trabajaba en la revista, y gracias a ella mi amor por
Chilango creció todavía más.
Cada año por estas fechas, esperaba y compraba la
Guía del Taco Chilango. Todavía recuerdo que en la edición de 2009, con un Sharpie iba palomeando cada una de las taquerías que recomendaban, leyendo con atención cada reseña y sus recomendaciones, visitando con mi hermana cada lugar enlistado.

Mi entorno inmediato me lo dijo muchas veces:
Tú deberías escribir en la Chilango. Tú deberías hacer la Guía del Taco. Mi voz interior concordaba: Yo era un tipo con pasión por los tacos al pastor (y pasión por escribir) que seguía y recomendaba la Chilango, la leía cada mes con avidez y además se sentía inspirado por el equipo que en ella trabajaba.
Ver mi nombre un día en la
Chilango no era un deseo, más bien era un sueño frustrado, una obsesión desaforada, un pensamiento repetitivo: algo grande que en algún momento pensé imposible.
Fue gracias a un afortunado acercamiento con mi igualmente inspirador amigo Ruy Feben - a quien conozco desde niño -, cuando se abrió una oportunidad. Y entonces pasó esto:

Quiero que TODOS se enteren. Ese de arriba, soy yo. El Subcomandante, parte del Comando Taco Chilango. A mucha honra. Que toda la ciudad lo sepa, por favor. Que todos la lean. Que quede bien asentado que esto para mí es verdaderamente el logro de un sueño, justo, tal y exactamente como lo había imaginado, o quizás mejor: mi nombre está POR FIN en Chilango, en buen lugar y en la guía del Taco de este ya inolvidable año 2010.

Estar en contacto con los del equipo, conocer la redacción, escoger taquerías, comer decenas de tacos, entrevistar taqueros y meseros,
ESCRIBIR las reseñas, esperar el tortuoso tiempo entre la entrega y la publicación...sin duda una de las experiencias que más he disfrutado en mi vida. Hoy, cada vez que me vean entrándole a los tacos al pastor, recuerden que no es por atascado: es una obligación por mis queridos lectores de Chilango.

Para mi vida personal, esta publicación es un gran logro, el de un sueño. He preguntado a muchos conocidos que han alcanzado grandes metas cómo se sienten. Sorprendentemente, la mayoría cuenta que al llegar se sienten insatisfechos, siempre con miras de llegar a más, sin sentirse realmente felices. No es mi caso, un servidor difiere: La mera verdad, yo sí. Sí me siento absolutamente feliz. Por supuesto, espero que esto abra muchos y nuevos horizontes a futuro, pero hoy y aquí, no podría estar más contento a este respecto. Pienso en todas esas personas (que no son pocas) que nunca tomaron en serio eso de que yo quería escribir y antes de darme una oportunidad me dijeron "¿Dónde has publicado antes?, tienes que foguearte antes de que puedas colaborar con nosotros". Tómenla, miren quién sí creyó en mí: Expansión y CHILANGO.
Pienso mucho más en mis amigos, en la Conejita de Indias con quien seguro me iría a celebrar si estuviera aquí, en don Ruy Feben y don Javier Caballero con quienes ya celebraré, en todas las personas (que no son pocas) que sí se la creyeron, que me dijeron: deberías hacerlo. Este gusto es también suyo. Gracias de corazón.

No me importa lo repetitivo que pueda sonar pero sí, aquí está la prueba, experimentada en carne propia con resultados que excedieron las expectativas: los sueños SÍ se vuelven realidad.


*La revista Chilango puede encontrarse en todos los kioskos de periódicos y tiendas de la Ciudad de México.

jueves, 11 de marzo de 2010

Adaptación

Ayer fui testigo de la forma en que mi vecina bebé probó por primera vez en la vida el prodigioso jugo de mandarina que a mí a mis 28 tanto me gusta. La primer cucharada provocó una reacción imposible de malinterpretar en la expresión de su cara: aborrecía el sabor. No fue hasta la cuarta cucharada cuando el gesto de disgusto y asco se fue disolviendo.
Preferiría estar muerto a escribir algún día que uno debe conformarse con la vida que lleva. Mi recomendación será siempre al contrario. El conformismo es un defecto mientras que la adaptación es una virtud.
Adaptarse es difícil, no siempre es posible medir el buen sabor del momento presente: pregúntenle a las pequeñajas de seis meses de edad a qué les sabe el jugo de mandarina durante la primer cucharada. Si pudieran hablar, se quejarían igual o peor que muchos de nosotros, desdeñando la situación actual.
Hay que estar dispuesto a beber. Si el destino nos es infiel y no vivimos para contar el éxito pleno, habremos desperdiciado una vida quejándonos. Hay que acostumbrar la boca a apreciar lo que sorbemos en tiempo récord. Todo es cuestión de sed. Adaptación. Sin ella, el soñador y el visionario se disuelven ante el pesimismo. Adáptate. Respira el presente. Bébete este momento.
Aunque tengas un sueño y un camino por recorrer, no hay nada seguro: tu momento es hoy. No te quedes con la primer impresión de tu realidad. Sórbele más de cuatro cucharadas de golpe, agárrale el sabor.
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sábado, 20 de febrero de 2010

Santo Domingo

Nadie quiere ser un turista.

Cámara de fotos en mano, salí esta semana a explorar Santo Domingo. Naturalmente, como todos, quería evitar los restaurantes turísticos, los souvenirs, los guías, los caminos por todos conocidos. Quería vivir una “experiencia auténtica”.


Nunca ví ningún termómetro, pero estoy seguro que fui testigo de un Parque Colón hirviendo: Ni siquiera el viento del aleteo de los millares de palomas que volaban sobre la dicha de los recién casados que posaban para sus fotos de boda generaba un poco de fresco.

Recorrí pues ansioso la peatonal calle del Conde, a través de la que mis ojos voltearon poco tiempo hacia las pinturas y puestos y grupos de señores jugando dominó y ropas y bares y pilas de fruta para concentrarse en el festín visual cargado de abundantes (y exquisitos) pares de labios de ébano y chocolate. Mmmh*. Metros y metros de brillante piel obscura descubierta, cubriendo cuerpos naturalmente moldeados con el cincel de la perfección.

Me pregunté de dónde y cómo ha llegado a este contiente tal nivel de riquezas genéticas. Imaginé entonces sombras y gemidos generados en el pasado por la combinación de seres obscuros y claros: alquimia pura en las alcobas de estas calles, concibiendo una hermosa descendencia color cobre. Fue así como sentí nostalgia de vivir aquí en otras épocas de las que nunca había oído hablar para poseer cuerpos que ya están muertos y enterrados y así convertirme en ancestro de esta raza de diosas y dioses negros y mestizos que caminan sumidos en la divinidad sin darse cuenta.


Tras comprar un puñado de puros hechos a mano en La Casa de los Dulces y de desencantarme con la irrelevancia arquitectónica de la Plazoleta de Colón, pedí que me llevaran donde los dominicanos, a bailar. Se llaman colmados y son como misceláneas, con sillas de plástico y una pista. Los jóvenes del barrio invitan a sus vecinas, las musas de los cuerpos atezados y sublimes, ron o cerveza Presidente y bailan bachata y merengue. Si no hubiese estado allí, pensaría que aquello era una película de color y pasión caribeños: Rostros mulatos poseídos por el trance del baile o la cercanía de los cuerpos. Dientes brillando entre la maleza obscura dejando escapar carcajadas, dichos, chistes, bienvenidas. Pies desnudos sobre el pavimento, ombligos con sensuales perforaciones de brillantes, sandalias de colores…Todo ondeando tranquilo y cadente según la lentitud o fuego en la música.

La voz triste de (Ya no me acuerdo del nombre, es el padre de la bachata) inevitablemente me hizo lamentarme no vivir aquí hoy, por no tener a toda esta gente a mi lado, por no ser más importante en este idílico entorno, por no ser dominicano. Pensé que es un privilegio ser latinoamericano, y/o nacional de todos esos paraísos que me falta aún visitar y especialmente de los que – nostalgia en pecho – me faltó y me faltará conocer.

Fue así como entre trago y trago comprendí que no sólo añoramos las oportunidades que dejamos ir, las personas que nunca pudimos querer o los lugares donde nacimos.

Echamos también a faltar todo lo que podemos imaginar que hubiera sucedido en cuanto vivimos algo nuevo. Los lugares que no tuvimos, que no tenemos y que no tendremos. La gente que nunca conocimos pero por la que hubiéramos llorado su muerte.

Supe que no soy el único que se siente así: por definición los hombres añoramos ser y estar.

Menos mal que, para cuando me dí cuenta por qué ya nadie quiere ser turista, sonaba ya una alegre bachata de Héctor Acosta "el Torito".


*=Mmmmmh. MMMMMH. MMMMMMMMHHHHHH.

martes, 9 de febrero de 2010

Carta a los Artistas Mexicanos (Una breve lección de marketing para todos)

De todo lo hermoso que algún día tuve y está extinguiéndose, me queda aún una abuela española, con quien he logrado una comunicación notable a partir de su asombrosa predisposición hacia México.
Utilizo este adjetivo porque nuestras generaciones -con las que me ha tocado convivir más por pura probabilidad cronológica - de repente no han logrado disociar condiciones negativas como el narco, la corrupción, la contaminación, la pobreza, a menudo la pereza y hasta la epidemia de influenza; de nuestro maravilloso, honesto, limpio, rico, vibrante y sano México.
La explicación es que, por décadas las noticas que llegan sobre nosotros no siempre reflejan nuestra mejor cara.
Mi abuela (y su generación) tiene aún el sabor dulce de México que probó desde niña a través del arte: canciones rancheras inolvidables que - sin Twitter ni Facebook - llegaron hasta su pequeño pueblo, películas entrañables, noticias de murales prodigiosos, artesanías milagrosas que hasta la fecha conserva...

Sin hablar de revolución (que dicho sea de paso, ojalá llegue pronto y sea lo menos violenta posible), sin despotricar contra sociedades y políticos, quiero hoy pensar en marketing puro, algo que he aprendido a hacer los últimos tres años.
Entre toda esta inundación de información en la que vivimos, y ante una falta de control derivada de la libertad de expresión, es imposible detener la mala información. Sin embargo - y a las pruebas me remito -, la estrategia mercadológica efectiva tiende cada vez más a generar contenidos positivos y a viralizarlos, de tal manera que lleguen primero, prevalezcan y eclipsen al contenido negativo.

Yo quiero ser más famoso que el narco. Quiero que escribas una novela que de una vuelta más al mundo que las noticias sobre corrupción. Estoy seguro que puedes componer una canción que sea coreada por todas partes y supere en fama a la contaminación. Que tu talento, tu inteligencia, tu belleza, tu energía y tu creatividad sean más fuertes que esa maldita influenza porcina. Que mientras atacamos y vencemos nuestros "contenidos negativos", sepamos aprovechar las redes sociales y la manera en que nuestra generación conoce sobre internet y marketing, para generar "contenidos positivos".

Sé que un par de ustedes artistas lee esto. Van, con todo. Sé además que el resto, pocos o muchos, pueden también proponerse ser un rostro de México, más grande y famoso que lo malo.
Es hora de 'viralizar' nuestro talento y contagiar al mundo entero. Que haya una epidemia mundial de mexicanos talentosos. Así, un día las generaciones futuras reaprenderán a asociar a nuestro México con lo hermoso y lo positivo. Como lo que es: un país maravilloso.

Mientras eso llega, recordemos: la energía es el 75% del camino al éxito. Gracias por leer y visitar.

Un abrazo,

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lunes, 25 de enero de 2010

De Titanic a Avatar, o de las vueltas que da la vida

1.
Era 1999. Yo tenía 17 y estaba en Inglaterra para perfeccionar mi inglés y aprender a montar. Así fue, debo confesar, en todos los sentidos. La humanidad vivía desde hacía dos años la era Titanic: un mundo delicioso en el que la imagen mental más común era Kate Winslet desnuda, mi abuela aún no había muerto, Britney se apoderaba de nosotros y mi cuerpo era perfecto. Cada jueves, la escuela en la que estudiaba rentaba un antro que había sido capilla para que bailáramos y bebiéramos coca-colas hasta - creo - las ocho, hora en la que nos despachaban para empezar a servir alcohol a los mayores. Era yo el rey de reyes en esa pista. Ponle que había italianos, húngaros y demás mucho más galanes...nomás que yo sí bailaba. Medio mal para estándares mexicanos, pero como dios para estándares europeos. Y entonces, las rusas, holandesas y demás, caían. Todos y todas íbamos a lo que íbamos. Yo caí con una turca hermosa y difícil de leer que por cierto, quería ser bailarina. Fue un romance de verano clásico, de película, inocente y sublime, hasta que ella tuvo que regresar. El mundo se derrumbó. Yo pronto cumpliría 18, me casaría con ella, cambiaría mi residencia habitual a Estambul y envejecería bebiendo café turco. Tú saltas yo salto, como Jack y Rose. Entre promesas y lágrimas nos despedimos un jueves, en The Chapel. Ella tenía 16 y se iba una hora antes que yo. Había una española hermosa con la que - por reglas de ñoñeza personal - no hablaba: I was learning English and didn't want to think in Spanish. Pero acababa de perder al hasta entonces amor de mi vida. Tenía que desahogarme con alguien, in Spanish, of course. Parecía una modelo hecha de alabastro, delgada y llena de luz, escuchando. De repente, como todos los jueves, sonó esa maldita-hermosa canción: My heart will go on, de Céline Dion. Devastador, porque mi turca y yo, la bailábamos abrazaditos besándonos ante las miradas de todos. Ella se me había ido esa tarde. Mi nueva confidente española me invitó a bailarla con ella intentando animarme.
Ese fue el momento en el que por primera vez en la vida me insulté a mí mismo. Rodee con mis manos su cintura, cerré los aún tristes ojos y aspiré. El perfume de su pelo era como un vasto campo fresco, atardeciendo en primavera, dorado y mecido por el viento. Una deliciosa avalancha de suaves cardos, fértiles lavandas y millares de dulces dientes de león que flotan en el aire. O quizá algo más exquisito. Al respirarla lo supe inequívocamente y me dije Eres un cabrón. La apreté mientras ella pensaba que me quebraba de tristeza. No se ha ido la otra y ya te gustó esta. No salté nunca hacia Turquía. Abrazado a la nueva y sin remordimientos, le dije adiós a Estambul.


2.
Era 2009.
Ya había cumplido los 28 y vivía relativamente feliz una sucesión de trabajos y amistades tan intensos e interesantes que me permitían disfrutar y defender mi soltería como los grandes. La humanidad comenzó a vivir la era Avatar: un mundo amargo tras el trauma de los aviones estrellándose contra las torres gemelas. Britney estaba loca y gorda, mi abuela había muerto y mi cuerpo había perdido la perfección. Las redes sociales se apoderaban de nosotros y fue así como un día hice click y encontré un maldito-hermoso avatar en Twitter: una foto perfecta. Pasaron días de coqueteo futurista, artificial y tecnológico que primero escaló a Facebook y después al chat de mi Blackberry. Sin estar muy convencido, su insistencia y mis ganas de marcha me hicieron acceder a conocernos en Technicolor. Ante un suculento plato de mejillones a la marinera, una especie de humanoide divino y fantástico, con ojos brillantes y una figura desproporcionadamente delgada me observaba. Yo iba a lo que iba, como siempre. Pero la Tierra ahora se llamaba Eywa y sus habitantes, fans de Kelly Clarkson - un producto de la imperante telerrealidad -, vivían según su último éxito: I do not hook up: I fall deep, un golpe bajo a mi obsesión por la falta de compromisos románticos. La estrategia fue darse a desear en el sexo hasta el punto en que parecía que el asunto sería tan profundo que habría más bien que unir las trenzas ciliadas de cada quien hasta que se dilataran las pupilas. Entonces caí perdidamente. Efectos especiales nunca antes vistos. Mi Jack Dawson personal resucitó y, cuando estuve listo y me sorprendí a mí mismo intentando saltar, Rose-Avatar decidió quedarse en Eywa, sin mí, vengando sin saberlo la sangre de aquella turca que se quedó esperándome en la era Titanic.
El mundo se derrumbó por segunda vez. Me pasé noches enteras intentando dormir para huír de mi condición humana y de repente despertar siendo avatar en Eywa. No lo logré y por un lado, menos mal: habría que aprender el Na'vi, un idioma ininteligible y difícil.
Después de un par de semanas, también en jueves, tuve la suerte de tener que insultarme a mí mismo por segunda vez ante un pelo perfumado (esta vez por todas esas notas olfativas que evocan estrellas de mar, corales, lunas de fuego y brisas oceánicas: un verdadero tesoro para haberla encontrado en meses de frío). Cabrón, volví a decirme. ¿No que muy enamorado? Fui muy afortunado. Con dos manos en la cintura de la confidente reloaded, esta vez mexicana (ya tocaba llevarse algo del producto nacional), y mientras nos besábamos bailando una canción de Leona Lewis (la superdotada que reemplazó a Céline en esta era), sin testigos alrededor, supe estar en paz ante la imposibilidad de visitar la tierra de los avatares, para nunca más volverla a ver.

3.
La vida y yo estamos a mano, a la espera de los días que han de venir.
Más le vale a James Cameron que en la nueva era que cree su próxima película me toque ya una escena en la que todos los del barco saltemos para nunca morir.

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martes, 19 de enero de 2010

Comptine d'Hiver No. 93685740968

"La chance, c'est comme le Tour de France, on l'attend longtemps et ça passe vite!"
(La suerte es como el Tour de Francia, la esperamos mucho tiempo y se pasa rápido)
- Jean-Pierre Jeunet, Le Fabuleux Destin d'Amélie Poulain

Ya ando por acá en un estado de tristeza emo propio de LuisMi adolescente cuando en su película le cortan la pierna y acaba cantando Hora Pro Novis. No juzguéis, no es naquez traer lente obscuro a estas horas, es sólo sentimentalismo puro e inútil aunado a la elegancia que me caracteriza. Ya se me pasará. Mientras tanto, evite usar flash, digo, per favore.
Es que uta, aparte de narcisista (visiten mi nuevo Tumblr), ando de un ñoñopesimistadesolado...Miren todos los posts de abajo, pura seriedad y así. Ah, y ando de un miedoso (digo "miedoso" pa' no utilizar adjetivos por los que después tendría que pedir disculpas públicas a la comunidad LGBT), que no puedo decidir qué va a ser de mí. Ah, y en un momento verdaderamente sin precedentes en mi vida, ando un poco heartbroken, o en su defecto, ego-bruised. Y todo eso tiene que parar, que ya es 2010.
Debemos ver el lado positivo de la vida. Quiero decir, debemos sentirnos muy muy felices ya que ... uhm... ehm... esteeeee...Lucero y Mijares han fracasado en su matrimonio (qué ruin, pero ps jaja) y aún no han descontinuado el queso Philadelphia sabor chipotle!!!! Digo, a pesar de estar a dieta y no bajar (mi última fue revisar que ya me hubieran quitado todas las muelas del juicio, a fin de que, si todavía tenía un par dentro, ir ipso facto al dentista a que me las extirpara, lo cual se traduciría en unos gramitos menos y más satisfacción al subir a la báscula), claro.
Y luego dicen que uno no sabe apreciar las cosas positivas de la vida.

Ando escribiendo un par de asuntos interesantes, estad al pendiente, que prometen. Uno de todos ellos es una novela tipo "Lola, Érase una Vez" namás que más cruda y perra. Les va a encantar.
En fin. Os amo más que don Vicente Fernández cuando anda borracho en los palenques. Portaos bien.
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miércoles, 13 de enero de 2010

Tengo que

Tengo que amanecer borracho besándote a la orilla del Sena por lo menos unas ocho veces más.
Tengo que despedir y enterrar tranquilo a mi padre y a mi madre tras haber sido el mejor de los hijos de la historia porque así es la ley de la vida y así lo merecen.
Tengo que ganar algo (cuanto más prestigioso mejor) y subir descompuesto a un podio a llorar de emoción por dedicarlo a mi México y mis mexicanos.
Tengo que decidir qué sueños continúan y cuáles tirar a la basura para dejar de perseguir (y hasta nuevo aviso, TODOS los sueños siguen siendo posibles y no hay nada en el mundo con los suficientes huevos para impedirme lograrlos).
Tengo que conocer Moscú bien rasuradito y dejarme crecer la barba mientras viajo en el TransSiberiano para llegar a Beijing a remojarla al plato de noodles más delicioso de Asia. O algo así.
Tengo que ver a mi hermana hermosa como nunca antes, de blanco y con un ramo resplandeciente en las manos junto al hombre más trabajador y respetuoso de la Tierra y bajo una lluvia de arroz y pétalos blancos y buenos deseos en la que quien le desee más felicidad sea yo.
Tengo que aprender a perdonar de corazón y exterminar mis rencores y conquistar mis miedos y restituir al mundo todos los daños y perjuicios que mi intensidad e ignorancia causaron y causarán.
Tengo que escribir una novela y estudiar una maestría y hacer el guión de una película y conseguir un doctorado y publicar un poemario y tomar un curso de cocina para poner un restaurante y grabar un podcast y seguirme con un postdoctorado.
Tengo que poder luchar por todo esto y por bastante más porque no sólo llevo sueños míos cargando. Tengo que esmerarme en nombre de quien ya no tiene la vida ni los largos y fructíferos años por venir que a mí me sobran. Tengo que hacernos justicia. Tengo que evitar que la erosión del paso del tiempo me arrebate la noción de que todo es posible y todo hay que intentarlo.
Y un día, muy al final, tengo que morir. Sonriendo.
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martes, 5 de enero de 2010

De los regalos (Sí, otro post sobre soltería)

Al parecer aún nos queda un buen último tirón de frío para hablar de regalos, siempre tan de moda en invierno. Cualquiera que haya recibido un regalo por compromiso (en el peor de los casos léase "roperazo") o participado en un intercambio artificialmente coordinado; tendrá aún en la boca ese pésimo sabor que deja tener que dar (o ser regalado) algo que no nace de uno y que no tiene un valor genuino. Algo chafa, cutre, malenvuelto...

¿A quién le gusta recibir algo que no esté bien planeado, en su punto, perfecto...?

Un inicio de año es perfecto para ser soltero y ser soltero es perfecto para iniciar un año.
La soltería es ese período en el que uno se cuida, se regenera, rejuvenece, crece. En el que se aprende a confiar en uno y a encontrar la felicidad dentro del propio ser para después no succionar la de otros. En el que hay tiempo para cuidar el cuerpo con ejercicio y buena alimentación, la mente con trabajos y el espíritu con motivaciones. De pulirse, corregirse, abrillantarse. A pesar de esto, aún hay quien percibe a los solteros como individuos "egoístas" (!), por no compartirse con los demás.

El mejor regalo que existe es - sin duda alguna - una persona. Pregúntenle a la Broken Fortune Cookie si la llegada de su hija Aura no ha sido su mejor obsequio de vida. ¿Qué hay más valioso que un nuevo amigo, una pareja, un nuevo romance? La vida ocurre de todas formas, y lo único que nos queda es estar bien preparados. Porque quizás algún día llegue ese momento perfecto en el que a uno le nacerá regalarse y las consecuencias de no estar listo al 100% podrían ser desoladoras: Naaadie quiere un regalo chafa.

Así, una soltería bien enfocada y vivida es quizás el proceso más generoso, noble y desinteresado por el que pasan los seres humanos: Un tiempo de disfrutar la vida planeando la llegada de alguien a quien ni conocemos a través del crecimiento personal. Un tiempo de construir las catedrales en las que los futuros seguidores - si es que llegan - rezarán. De transformarse en alguien que suma y aporta porque sabe estar consigo.

Una vez más, bienvenida la soltería y todo lo que implica. Que el proceso de preparar envoltura y contenidos sea espectacular.

*En lo particular, este que escribe es modelo 1981 y requiere urgentemente de mantenimiento. Esto implica una dieta sana y matadora, sesiones maratónicas de ejercicio, una buena revisada a los grandes libros, un tratamiento dermatológico y un blanqueamiento dental. En otras palabras, suerte a quien se lleve este regalazo los próximos meses. (Si es que aguanto la dieta un día más, claro). Seguiremos informando.

viernes, 1 de enero de 2010

La huída silenciosa

Todos nosotros nacemos huyendo.
Muchos conocemos bien esa aterradora angustia que provoca estar abrazando a alguien que duerme plácidamente en nuestros brazos mientras se fuga inevitablemente de nuestras vidas, sabiendo que - no importa lo que hagamos -, los amaneceres próximos desembocarán en ruptura a pesar de poder asirlos físicamente. Así es 2010, con cronómetro corriendo. Ahora mismo que empieza con tanta energía e ilusión, mientras lees, millares de tus células pierden agua agonizando, pudriéndose. Somos cementerios que caminan y no hay nada que podamos hacer para cambiar esto. Así llega el 2010: escapando junto con todas las personas y circunstancias que inocentemente creemos poseer.
Lo único que nos queda es intentar escapar de la huída. Vivir de tal manera que no se nos note nuestra triste condición de moribundos: Comer y beber y besar y escribir y follar y leer y trabajar como burros y limpiar las casas y los escritorios para que queden relucientes como tumbas. Y llorar y bailar y empedar y gritar y pelear y lastimarse, y etcétera.
Eso es lo que quiero para ti y para mí los próximos doce meses: una sucesión densa de eventos que maquillen nuestras células muertas y nos hagan sentir como si no huyéramos de todo.
Que lo que huya más pronto de nosotros sea la tragedia, el rencor y el miedo. Que los sueños escurran lento antes de desaparecer y se realicen mucho antes de fugarse. En breve: Felicidades.

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lunes, 21 de diciembre de 2009

El gran bufé

Cada vez más, especialmente en este punto de mi vida, voy pensando y soñando en buscar escribir sobre gastronomía, porque esta es la pasión más fuerte en mi vida. No hay nada que no pueda relacionar con un restaurante, un plato o un estilo de comer. El mundo es para mí un gran festín y así me es natural apreciarlo: es mi estilo de vida. Si alguien decidiera que no tengo derecho a perseguir esto, me jodería la existencia. Así de simple.
Lo mejor del mundo es un buen bufé (como cuando existía "Le Cirque" en el D.F., después de ellos nadie y cómo los extraño).

Justo así me imagino al Estado perfecto e ideal. Todavía más en México, uno de los países con una diversidad (gastronómica y no) tan amplia y apabullante, imagino un bufé al que TODAS las familias están invitadas. Sueño con una variedad de platos que todo buen restaurante debe ofrecer según los gustos y necesidades de TODOS los comensales, simplemente para tener una razón de ser. Un lugar en que todos puedan comer según sus pasiones, donde el hecho de que personalmente no nos guste el plato del de junto no implique que cuestionemos que esté puesto en la mesa para quienes lo prefieran al nuestro. Donde no se pierda tiempo en juzgar lo que comen los demás (aunque eso más bien nace del disfrutar el propio plato y no envidiar la felicidad ajena).
Para que quede claro, esta simple y deliciosa metáfora quiere decir que este blog y el que lo escribe está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.
Porque en un restaurante ideal, me imagino a mi paisano Genaro Lozano con su pareja y su hija Ana cenando en la mesa de junto, disfrutando como tod@s del gran bufé. Un país en el que los grandes hombres y mujeres puedan casarse, donde esta historia pueda ocurrir. Ese es el restaurante-Estado que añoro que exista.
Porque de no ser así, lamentablemente, mi recomendación como crítico será largarse de esa mesa para nunca volver.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Ya aparecí

Regreso por todos aquellos que llamaron a Locatel y me reportaron como extraviado. Por los que fueron desconsolados a buscarme a la morgue y a la cruz verde. Por quienes dejaron pedacitos de pastor (o tal vez de chicharrón) como carnada en lugares estratégicos a ver si salía yo de mi escondite a tragármelos. Por los que fueron alarmados a buscarme al Solid Gold, y al no encontrarme ps ya aprovecharon el viaje, you pigs. Por quienes llamaron a la lista entera de la Sociedad Mexicana de Gastroenterólogos pidiendo razón de un apuesto mozalbete finado tras una sobredosis de tacos. Por todos aquellos que enviaron e-mails con .jpg's en los que luzco radiante al programa de Jorge Garralda, así como a XHTV al servicio de la comunidad.
Estoy vivo, mis queridos.
Gracias, muy amables. He regresado por ustedes. Y regresé con actitud: detesto esa estúpida postura de ya no hacer nada porque son los últimos días del año y ya se termina todo y ya pa qué y Feliz Navidad. No. Seguimos vivitos y posteando hasta el último segundo del 2009.

Grandes e importantes cosas han ocurrido. Para presumir la más grata de todas ellas:

Kyri y yo hemos aparecido en "Gourmet Garage", el blog de IZ, una poetisa mexicana de las buenas. Nuestra foto es la primera de un especial llamado "The more I see of man, the more I like cats". Por favor no se lo pierdan. Kyri sale guapísima y yo muy enigmático. Estoy muy orgulloso.


lunes, 30 de noviembre de 2009

Lo que importa (Reflexiones tras coincidir con don Jordi Pujol)



Confieso que soy (era) un arrogante y un narcisista. Siempre pensé que era preferible ser así a ser un agachón. Fue así como la vida lo notó y decició poner a prueba mi humildad estos tres días pasados, en los que trabajé en Acapulco como parte de la producción que inauguró el Hotel Encanto. Visítenlo. Estuve pues en contacto con una ola de egos, intereses y modales que me pusieron mentalmente al límite en un momento en el que el calor y el esfuerzo pueden también con el físico. Y - ahí humildemente - superé la prueba.
El sábado por la mañana, coincidí con don Jordi Pujol i Soley.
Sí.
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir. Fortuna de coincidir con un hombre más grande que su propia existencia, un hacedor de historia, un defensor de la democracia. Alguien que en verdad luchó por su cultura e ideales y venció. De repente me lo topé...Ahí estaba, caminando junto a mí. Quería decirle eso: un honor conocerlo y huír de su campo de visión para no importunarlo.
Pero no me atrevía. Asumí que de manera natural sería arrogante: Un hombre mayor, millonario, poderoso, durante un día de descanso, en sus dominios.
Fue él quien sorprendentemente dijo el primer "Buenos días". Supuse que sería un buenos días, un placer conocerlo, hasta luego. Pero no. Él tuvo curiosidad por saber sobre mí, ingenuidad por asumir que yo desconocía quién era él; gracia para intercambiar impresiones sobre México, España, familias, climas y gustos. En suma, demostró una humildad apabullante. Fue literalmente un gran placer conocerlo. Aprendí de un gran maestro y desde ahora desprecio la arrogancia.

La arrogancia no distingue lo que importa.
Lleva la atención hacia lugares poco convenientes: críticas, altiveces, percepciones erróneas, detalles irrelevantes.
Lo que importa es la gente (el coincidir). La risa de mi hermana cuando mira reír a un perro. Los atardeceres en los que el sol se hunde en el mar de Acapulco. Las letras descuidadas de mi madre enviando bendiciones a través de un teléfono móvil. El agua de jamaica con un toque de gengibre y canela. Los ojos de amigos y familia que intentan mirarse a distancia a través del Twitter y el chat. La buena educación, la cortesía, los modales y los buenos días, que en definitiva: me encantan. El reconocimiento al esfuerzo y la atribución de los triunfos al equipo. Lo bello, lo viejo y lo trascendente. Y lo similar.

Todo lo demás, se puede ir mucho a la chingada.

...

jueves, 19 de noviembre de 2009

¿Te sobran $15,300 pesos más gastos de envío?

Siempre pensé que sería interesante que mi mascota tuviera otra mascota. Así, con base en su rendimiento para con su animalillo, yo me portaría con ella. Y parece que la oportunidad ya está aquí. La nueva moda en mascotas viene desde el Reino Unido, donde los micro-cerditos están causando furor. Jane Croft ha creado una línea de pequeños cerditos diseñados para caber en una taza de café. Si se te antojaba tener un cerdo como mascota, ahora ya es posible en términos de espacio y practicidad: tu habitación (por muy reducida que sea) es como un gran patio para ellos, son increíblemente limpios, no tienes que llevarlos a pasear porque es fácil entrenarlos para ir al baño, sus vocecillas son tan pequeñas que casi no hacen ruido y no sueltan pelo.
Recordemos además que los cerdos son una de las especies más inteligentes y parecidas al hombre.
Lo único malo, un micro-detalle: aunque viven en promedio 18 años, cuestan 700 libras cada uno.
Ni modo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El 28

Emulando a la Galle, he aquí mis 28 en mi cumpleaños No. 28:

1. QUIERO MÁS. No se si me lo merezca, pero mi vida ha sido verdaderamente maravillosa y deseo muchos más años, cuantos más mejor, para seguir viviendo. Es más, para terminar todo lo que ya inició, no me queda ya tiempo suficiente.

2. Sí estoy feliz, pero al mismo tiempo estoy muriendo de nostalgia y melancolía. Hay muchas cosas que debí haber hecho y no hice, muchas cosas en el tintero, mucha gente que ya no está. Esta puta panza cervecera tiene que irse antes de cumplir los 30.

3. No tengo miedo a morir. La vida me enseñó en 28 largos años que no siempre puedes tener lo que quieres, que a veces te toca y te te aguantas y te jodes. Así que si lo que me toca es morirme, venga.

4. Lo único constante en mi vida es México. Mi amor más fiel sin duda. Con todo y con todos (hasta con mi hermana a quien amo con locura) he tenido por lo menos un periodo de discordia o desencanto en la vida. Con México no. Lo adoro con la misma fuerza que desde niño, es algo instintivo, más grande que yo. Amo México, soy México, vivo por México y sin México no sería nada. A mí este país nunca me ha decepcionado, sólo me ha colmado de alegrías y bendiciones. Si es que un día me decepciona estoy dispuesto a perdonarlo. Le estoy agradecido. Se lo merece.

5. Por lo menos desde hace cuatro años, no habido ni un sólo día en que no recuerde a mi abuela. Quizás está más presente que cuando estaba viva. Me duele mucho pensar en esos intervalos de dos o tres días en los que de niño no le llamé por teléfono para saludarla. Todavía tengo noches en las que me entran ganas de morir a ver si me reencuentro con ella. El tiempo pasa y no la supero.

6. Ya quedamos que soy de México, y que mis raíces están en Europa, donde hasta la fecha he vivido meses mágicos. Ya inicié una relación extraña con Asia, que espero continúe y sea deliciosa. Me urge que llegue eso para proseguir con Medio Oriente y vivir un tórrido romance con África. Quizás al final, una canita al aire con Oceanía no estaría mal.

7. Estoy feliz por vivir de mi cerebro. Tengo que cuidarlo porque sin él no tengo un trust fund, ni familia adinerada, una esposa que me mantenga, ni nada de eso. Las chambas en las que he estado las he mantenido por mi trabajo y esfuerzo. No sé en el futuro, pero de momento, no me ha caído nada de gratis. Cerebro es a El que Escribe lo que
nalga es a Jennifer Lopez.

8. Mi número es el 8. Nací un 18 en el 81. Siempre hay ochos e infinitos en mi vida. Soy fan. Un ocho es un guiño de Di*s. Y ya que tengo 28, pensemos que tengo dos veces ocho.

9. Ah sí, nací en la del Valle y estoy orgulloso de mi barrio. No tan extremo, pero mi historia personal sí es bastante tipo Jenny from the block, I used to have a little now I have a lot. True story, en cines próximamente.

10. Esperé tres años para tener el DVD de La Última Mirada. La busqué por todas partes. Escribí a la casa productora, fui a Mix-Up, a Gandhi, a Sanborns. A todas partes. Hoy, una gran amiga me lo regaló. Qué emoción. La cereza en este pastel: Haber podido contarle esto mismo a Patricia Arriaga Jordán, la escritora, directora y productora de esta obra. Qué foerteee.

11. Uff, ya me estoy sintiendo muy narcisista. (Lo soy, pero faltan 17 puntos más, ya de aquí en adelante me voy rápido).

12. Uhm...Mi tipografía favorita está entre Bleeding Cowboys y Gill Sans.

13. Hoy es el penúltimo capítulo de XY, me lo perderé sólo porque mi cumpleaños cayó en miércoles.

14. El mejor pastel de cumpleaños es un Kremuvka, y como eso sólo se consigue en ciertas partes de Cracovia, la segunda mejor opción es el Sacher Torte que hace la pastelería Kranzkuchen en la Col. Álamos de la Ciudad de México (Ni el Sacher del hotel Sacher en Viena está tan rico).

15. Nunca me han hecho una fiesta sorpresa. Cada que llego de viaje y dejo mis maletas en el suelo me espero a todos mis amigos saliendo de detrás del sofá y gritando SORPRESAAAA. Pero eso no ha ocurrido, gracias.

16. Si es comestible no sólo puedo comerlo, sino que me encanta.

17. La vida sin chicharrón prensado, pastor y/o tocino, sería más fácil porque no estaría gordo, pero sería francamente un asco.

18. No, no mamen, lo dejamos en 18. Les debo las diez que siguen, si es que alguien sigue leyendo. Ah: Be careful what you wish for, alguien me deseó feliz cumpleaños, y en efecto, estoy FELIZ. Un beso grande.


lunes, 16 de noviembre de 2009

Esos paisanos en Berlín

















East Side Gallery, restos del Muro de Berlín.

Pude haberlo escrito yo. Para mí también fue un sueño.

...

sábado, 14 de noviembre de 2009

Shakira siempre fiel (entre otras cosas)

Sólo una vez en la vida me fui de pinta: en 1998. Digital 99 recibió una copia de todos los dibujos a lápiz que hacía en ese entonces y (qué oso goei) descubrió que era yo uno de los mayores fanes de Shakira en México en ese entonces, cuando acababa de salir ¿Dónde están los ladrones? así que me otrogó el merecido premio de irla a conocer en persona. Fue así como fingí que iba a la escuela (obvio mis padres nunca sospecharon nada, siempre fui ñoñérrimo), tomé el metro y me dirigí al Toks de Polanco a devorar molletes mientras esperaba pacientemente la hora de verla en carne y hueso. True Story: Me cantó (a mí, a mí, a mí) la canción de "" con su guitarra. Histórico. Era ya desde aquella época hermosa y bajita, con esas espirales estrechas de colores recubriendo mechones delgados de su pelo negro. Me abrazó muy lindo (su cara a la altura de mi esternón) cuando vio todos esos dibujos de ella que hice. Neta estaban excelsos, no sé por qué se los regalé todos. Qué burro. Espero que mínimo hayan llegado a un bote de basura de Barranquilla Colombia y no automáticamente se hayan quedado por ahí en un bote de basura del Hotel Marriott del D.F. Uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida fue el de Shakira en el foro Sol en mayo de 2007. Está hermosa, es encantadora y además, seas quien seas, te sabes el 80% de las canciones si es que has vivido en Hispanoamérica. Fue saliendo de allí donde compré una fina y piratísima taza donde ella se ve muy acá.
La usé para tomar café en la embajada asiática donde trabajaba entonces, cuando era un gordo desconocido y de bajos recursos. Han de saber que mis coworkers de antaño SORBEN el café cual osos hormigueros, por lo que, cuando descubrí que no respetaban la propiedad privada en la oficina y que de cuando en cuando se echaban su cafecito instantáneo en MI taza, dejé de usarla. Un buen día - así a lo salvaje - decidí dejar atrás la grasa, el anonimato y la pobreza y me largué de allí. Y así fue. No había reparado en la cantidad de procesos internos que he ido viviendo (la mayoría de los cuales están reseñados en este blog). No había reparado en la taza de Shakira.

El jueves, por razones sorprendentemente extrañas y buenas (Si es que, nunca sabemos lo que va a pasar en nuestro futuro porque la vida juega tan irónicamente que nunca creeríamos lo que está a punto de ocurrirnos) volví a ese asiático lugar y allí estaba, reluciente, la pobre. Al parecer - y contrario a lo que yo creía - en esa oficina no sólo se quedó una taza mía. También dejé atrás amigos y (¡!) una impresión sobre mi trabajo bastante decente.

Ha pasado tanto tiempo. La huella del envejecimiento, el cambio y la evolución no sólo está en nuestras nuevas patas de gallo ni en nuestra creciente incapacidad de soportar las mañanas de resaca: también está en nuestros ídolos.
Shakira es ahora rubia y más loba que nunca. Sólo han pasado dos años. Dos grandes años en los que, aunque de repente se me olvide, ni Shakira ni la buena fortuna me han abandonado. Aplausos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Añoranzas tras 20 años de la caída del Muro de Berlín

Extraño a Berlín como se extraña a una amante de noches furtivas. Echo de menos sus calles igual que un hombre casado recuerda las piernas de la última mujer con la que estuvo antes de consagrarse a su esposa.
Cuando elegí esa ciudad para viajar antes de incorporarme a la vida laboral (que, efectivamente, no permite los viajes largos) yo sabía que Berlín era algo pasajero, que eventualmente debía regresar a México. He pasado tres años extrañando su respiración sobre mí y encontrándome a mí mismo perdido mojándome los labios como quien recuerda esas noches de pasión perfectas en las que los cuerpos parecen haber provenido del mismo material y estar hechos en medida, textura y dimensión rigurosamente uno para el otro. Así fue con Berlín, que está hoy de celebraciones.
Cuando lo conocí era ya desde hacía tiempo libre: mucho más libre que yo mismo, aunque aún dividido por un muro invisible. Aún existen los ossies, los wessies y los orgullos arcaicos; pero también existe el miedo al nacionalismo, la carga incómoda de la herencia del exterminio, la mesura y el respeto en los comentarios en público, los judíos berlineses, los turcos berlineses, el alcalde abiertamente homosexual, los kebaps y los curry-wurst por doquier. Hace tres años estaba allí, aún fundido en un abrazo con la ciudad entera, acariciando el lomo del pobre y viejo muro que cumplía años de haber sido derrumbado.
Fue así como - al igual que miles de ciudadanos del mundo desde hace 20 años - me lo crucé de un lado a otro y patée todas sus calles de este a oeste, ida y vuelta cientos de veces y de punta a punta. Y amé cada extremo y cada porción del cielo sobre Berlín, porque justamente ahí fui libre como nunca antes y como hasta ahora.
Berlín estuvo dividido, conteniendo durante veintiocho años los deseos de todos los cientos de miles - un recuerdo para Peter Fetcher y las 192 muertes - que quisieron cruzarlo, reprimiendo tanto amor que cuando se derrumbó el muro la ciudad se desbordó como nunca antes algo se había desbordado en la historia. Todavía a mí, que llegué 17 años después me tocó abundancia, libertad, seguridad y tolerancia. Y por eso, desde aquí con gratitud, celebro también este glorioso día.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Contra el Jalogüín (Del por qué Cuco es un genio)

(Post modificado a partir de una crítica de Plaqueta)
Casi siempre dos son mejor que uno. Siendo regidos por años de 365 días, ¿Por qué no tener tantas fiestas como sea posible? Así es como hace unos años abracé esa jodida y artificialmente creada fiesta del Jalogüín. ¿Qué mejor que celebrar el milenario Día de Muertos Y el nuevo Jalogüín? Pero eso se acabó.
La nueva preocupación es que en México, la tierra de la emoción y planeación de las ofrendas de muertos, este año todos parecieron estar más emocionados buscando cómo iban a disfrazarse mientras cargaban calabazas. Un poco triste, ya que - aunque a muchos se nos olvide -, no somos gringos y a pesar de que seguramente a muchos les sorprenderá enterarse, no nacimos en Nueva York. Por tanto, por favor recuerden que no están obligados a comprar excedentes de producción de material jalogüinesco extranjero y nadie les va a decir nada ni a mirar mal si compran los elementos mexicanos típicos del maravilloso Día de Muertos.
No estoy en contra de la celebración de fiestas de otras culturas (al contrario), estoy en contra de la sustitución de hermosas tradiciones propias por modismos extranjeros. Si quedamos que podíamos tener las dos, ¿Por qué aniquilar una?
Mi opinión personal: Sí a las calaveras de azúcar y chilacayotes, no a las calabazas. Sí al recordar a los muertos con honor, no a pensar en sierras eléctricas y garras de metal en llamas. Sí a las flores de Cempasúchitl y el copal, no a las telarañas y las uñas de bruja. Sí al pan de muerto recién horneado y al chocolate y al piloncillo; no a los
cupcakes o a las calabazas de plástico hechas en China rellenas de M&M's.
Mi amigo Cuco se casó el 31 de octubre. Genial idea. Así, cada que lo inviten en el futuro a disfrazarse para jalogüín, él podrá zafarse de tan esperada ocasión fácilmente: será su aniversario de bodas. En lugar de tener que vestirse como el tipo de
Twilight, él va a poder disfrutar un buen pan de muerto e irse tranquilo a cenar a media luz con la mujer que ama. Eso es saber vivir. Felicidades genio.
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sábado, 10 de octubre de 2009

Meet Selena Gómez

Porque si no la conoces, es que estás envejeciendo. Porque su nombre resuena en todos los rincones del planeta y ya va siendo hora de que los mexicanos reconozcamos a los personajes que dan una imagen positiva de nosotros en el mundo (léase Alfredo Quiñones, Elsa Ávila, José Hernández, Alondra de la Parra o Patricia Guerra; por mencionar unos pocos). Porque al ser una superestrella de Disney, el ámbito en que nos representa (la farándula, las series infantiles, el pop) es frecuentemente menospreciado y rezagado en nuestras conversaciones cotidianas pero al fin y al cabo es el más mediatizado a nivel global.
Compañera de la nueva reina de los tabloides norteamericanos Miley Cyrus (con quien dicho sea de paso contrasta por llevar hasta el momento una imagen pública sana y libre de escándalos), Selena es de facciones típicamente mexicanas y forma parte de la nueva generación de latinos ultrafamosos que interpretan papeles protagónicos. De hecho, con tan sólo diecisiete años ya es considerada el tercer ícono femenino de origen mexicano más popular en la industria norteamericana del entretenimiento, precedida solamente por Salma Hayek (de quien se confiesa ferviente admiradora) y Eva Longoria.
De padre mexicano, nacida en Nueva York y criada en Texas, Selena Gómez ha declarado sentir un profundo orgullo por su herencia mexicana, hablar un español básico y adorar los tamales. Es protagonista de la nueva película de Disney Wizards of Waverly y su disco Kiss & Tell ha debutado en la posición #9 de Billboard y en el #2 de iTunes. Es además la embajadora de UNICEF más joven en haber viajado recientemente a Ghana África para captar la atención de los medios internacionales y crear conciencia sobre los programas de esta organización.
Así, esta extraordinaria chicana que seguramente dará mucho de qué hablar es una suma de elementos completamente adorables: talento, encanto y frescura, que la convierten el modelo a seguir ideal no sólo para las adolescentes mexico-americanas, sino para las de todo el mundo.


viernes, 2 de octubre de 2009

En Tamaulipas está el Cielo

Ese México maltrecho y corrupto contra el que estamos peleando parece estar aún muy lejos de tocar las sagradas tierras de Tamaulipas. Desde la tranquila sombra de los rincones tamaulipecos y en la mirada noble de sus habitantes, sólo se vislumbra ese país encantador, sosegado, seguro y cortés de hace décadas.
Se dice que hay tres Méxicos - el norte, el centro y el sur - y quizá sea cierto.
Personalmente, creo que vale la pena emprender el largo viaje hasta arriba del mapa mexicano (después de todo, es un trayecto contra el tiempo hasta los años dorados) para rendirse ante la sorprendente belleza de Tamaulipas: no me importaría retirarme de viejo a vivir entre las hirvientes calles de Ciudad Victoria.
Y es que en Tamaulipas está el Cielo. Literalmente. Estereotípicamente, el norte de México está asociado con calor, desierto, sombreros y botas. Es por eso que la respiración se corta ante la exhuberante vegetación que acaricia la vista ni bien entra uno al estado. La reserva de la biósfera "El Cielo", ubicada en Gómez Farías, es uno de los secretos más celosamente guardados del mundo: un inolvidable banquete de flora, fauna, ríos y cascadas.
Pero lo mejor de Tamaulipas, también en mi opinión personal, es su gente y su gastronomía.
El tamaulipeco en general es vasto, alegre y hospitalario. Esa cultura del honor y el respeto, ahora tan ausente en nuestra metrópoli, allá sobra en el ambiente. Esa cautivadora cortesía que nos hace célebres a los mexicanos es todavía la regla en ese lugar tan limpio. A través de ese acento norteño cantado, la gente está acostumbrada a entregar el corazón al visitante. Fue en Tamaulipas donde me conmoví al reencontrar costumbres que conocí de niño y que extravié por vivir en una gran ciudad - deshumanizada y deshumanizante - como la mía: tomar la fresca con la puerta abierta (Así, sin miedo). Compartir y pistear a toda hora (Así, sin miedo). Pedir primero y pagar después, porque el vendedor no tiene miedo de que uno se largue sin pagar. Pequeños detalles que no pueden más que enamorar a cualquier hombre de mundo. Además - todo hay que decirlo -, es tierra de mujeres espectacularmente bellas.
Qué decir de la comida típica. Las gorditas (mis absolutas favoritas), famosas y célebres en Victoria gracias a una tal Doña Tota. Una exquisitez. Fue en esa ciudad, en la que habita el sorprendente museo Tamux (que por cierto, debería tener un programa en forma de exposiciones itinerantes), donde probé las mejores tortillas de harina, la mejor carne y los mejores langostinos de toda mi vida. Ah, y la tarta de mango... En resumen: para visitar Tamaulipas, hay que anticiparse a bajar unos 10 kilos, y prepararse para que los botones de la camisa se revienten de felicidad.
De su gobierno no me toca a mí hablar. Sólo comentar que siempre es una pena ver cómo la belleza es saqueada. En el caso de este estado - tan rico e inagotable que por lo mismo permite un saqueo más voraz -, es todavía más lamentable.
Si tú no has visitado Tamaulipas, te has perdido una hermosa parte del buen México. Cuando llegues, ten precaución: tu corazón podría quedarse allí clavado.
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