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martes, 9 de febrero de 2010

Carta a los Artistas Mexicanos (Una breve lección de marketing para todos)

De todo lo hermoso que algún día tuve y está extinguiéndose, me queda aún una abuela española, con quien he logrado una comunicación notable a partir de su asombrosa predisposición hacia México.
Utilizo este adjetivo porque nuestras generaciones -con las que me ha tocado convivir más por pura probabilidad cronológica - de repente no han logrado disociar condiciones negativas como el narco, la corrupción, la contaminación, la pobreza, a menudo la pereza y hasta la epidemia de influenza; de nuestro maravilloso, honesto, limpio, rico, vibrante y sano México.
La explicación es que, por décadas las noticas que llegan sobre nosotros no siempre reflejan nuestra mejor cara.
Mi abuela (y su generación) tiene aún el sabor dulce de México que probó desde niña a través del arte: canciones rancheras inolvidables que - sin Twitter ni Facebook - llegaron hasta su pequeño pueblo, películas entrañables, noticias de murales prodigiosos, artesanías milagrosas que hasta la fecha conserva...

Sin hablar de revolución (que dicho sea de paso, ojalá llegue pronto y sea lo menos violenta posible), sin despotricar contra sociedades y políticos, quiero hoy pensar en marketing puro, algo que he aprendido a hacer los últimos tres años.
Entre toda esta inundación de información en la que vivimos, y ante una falta de control derivada de la libertad de expresión, es imposible detener la mala información. Sin embargo - y a las pruebas me remito -, la estrategia mercadológica efectiva tiende cada vez más a generar contenidos positivos y a viralizarlos, de tal manera que lleguen primero, prevalezcan y eclipsen al contenido negativo.

Yo quiero ser más famoso que el narco. Quiero que escribas una novela que de una vuelta más al mundo que las noticias sobre corrupción. Estoy seguro que puedes componer una canción que sea coreada por todas partes y supere en fama a la contaminación. Que tu talento, tu inteligencia, tu belleza, tu energía y tu creatividad sean más fuertes que esa maldita influenza porcina. Que mientras atacamos y vencemos nuestros "contenidos negativos", sepamos aprovechar las redes sociales y la manera en que nuestra generación conoce sobre internet y marketing, para generar "contenidos positivos".

Sé que un par de ustedes artistas lee esto. Van, con todo. Sé además que el resto, pocos o muchos, pueden también proponerse ser un rostro de México, más grande y famoso que lo malo.
Es hora de 'viralizar' nuestro talento y contagiar al mundo entero. Que haya una epidemia mundial de mexicanos talentosos. Así, un día las generaciones futuras reaprenderán a asociar a nuestro México con lo hermoso y lo positivo. Como lo que es: un país maravilloso.

Mientras eso llega, recordemos: la energía es el 75% del camino al éxito. Gracias por leer y visitar.

Un abrazo,

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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Contra el Jalogüín (Del por qué Cuco es un genio)

(Post modificado a partir de una crítica de Plaqueta)
Casi siempre dos son mejor que uno. Siendo regidos por años de 365 días, ¿Por qué no tener tantas fiestas como sea posible? Así es como hace unos años abracé esa jodida y artificialmente creada fiesta del Jalogüín. ¿Qué mejor que celebrar el milenario Día de Muertos Y el nuevo Jalogüín? Pero eso se acabó.
La nueva preocupación es que en México, la tierra de la emoción y planeación de las ofrendas de muertos, este año todos parecieron estar más emocionados buscando cómo iban a disfrazarse mientras cargaban calabazas. Un poco triste, ya que - aunque a muchos se nos olvide -, no somos gringos y a pesar de que seguramente a muchos les sorprenderá enterarse, no nacimos en Nueva York. Por tanto, por favor recuerden que no están obligados a comprar excedentes de producción de material jalogüinesco extranjero y nadie les va a decir nada ni a mirar mal si compran los elementos mexicanos típicos del maravilloso Día de Muertos.
No estoy en contra de la celebración de fiestas de otras culturas (al contrario), estoy en contra de la sustitución de hermosas tradiciones propias por modismos extranjeros. Si quedamos que podíamos tener las dos, ¿Por qué aniquilar una?
Mi opinión personal: Sí a las calaveras de azúcar y chilacayotes, no a las calabazas. Sí al recordar a los muertos con honor, no a pensar en sierras eléctricas y garras de metal en llamas. Sí a las flores de Cempasúchitl y el copal, no a las telarañas y las uñas de bruja. Sí al pan de muerto recién horneado y al chocolate y al piloncillo; no a los
cupcakes o a las calabazas de plástico hechas en China rellenas de M&M's.
Mi amigo Cuco se casó el 31 de octubre. Genial idea. Así, cada que lo inviten en el futuro a disfrazarse para jalogüín, él podrá zafarse de tan esperada ocasión fácilmente: será su aniversario de bodas. En lugar de tener que vestirse como el tipo de
Twilight, él va a poder disfrutar un buen pan de muerto e irse tranquilo a cenar a media luz con la mujer que ama. Eso es saber vivir. Felicidades genio.
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