miércoles, 9 de mayo de 2007

Comedia Famosa de ¿Quién eres tú?

Hablan en ella las personas siguientes:
(Por Orden de Aparición)

DON MURADÁS
DON EDUARDO
DON JESÚS
DOÑA MARÍA JOSÉ



Acto primero
[SALA DEL PALACIO DEL MAESTRE DON JESÚS]
El escenario está obscuro. A la derecha hablan (en off) Don Muradás y Don Eduardo.


MURADÁS: ...Pero está ruca ¿no?

EDUARDO: No, no está ruca.


A la izquierda habla (en off) Don Jesús.



JESÚS. No mames, no está nada ruca...






Acto segundo

[UN ASCENSOR METÁLICO]
La única escena se desarrolla dentro de un ascensor, que sube a la residencia obligada del Maestre Don Jesús y más arriba hacia la residencia de la cadena de vídeos MTV.



salen DON JESÚS, DON MURADÁS Y DON EDUARDO, vestidos con camisa y corbata,
cual pinches oficinistas, caminando hacia el ascensor




JESÚS: No mames, es María José la de Kabah.
MURADÁS: Claro que no.


El ascensor se abre


JESÚS [volteando hacia atrás]: Neta te juro que es María José.
MURADÁS (en tono impertinente): Te apuesto a que no.


Entra DOÑA MARÍA JOSÉ [despampanante, toda de negro y con el pelo lacio y largo, junto a un criado] y sube al ascensor. Se pone en la parte derecha del elevador y mordisquea sexymente una Rockaleta. A su lado, al centro está DON JESÚS. Al lado izquierdo del elevador, de su otro costado, están DON MURADÁS Y DON EDUARDO, mirando lascivamente a DOÑA MARÍA JOSÉ.

JESÚS: Oye me encanta tu canción.
MARÍA JOSÉ (intimidada): Gracias...a la orden...


En este momento, un silencio incómodo y casi sepulcral se apodera de la escena. DOÑA MARÍA JOSÉ chupetea su Rockaleta nerviosamente. El criado parece disfrutarlo (el muy pinche ladino). DON JESÚS mira desconcertado hacia ambos lados del elevador. DON EDUARDO enrojece. Transcurren 2 a 3 minutos así. Finalmente, DOÑA MARÍA JOSÉ se decide a hablar.


MARÍA JOSÉ (entrecortada y nerviosa): Oye pues compra el disco.
JESÚS: Sí, me dijeron que está muy bueno.


Las puertas del ascensor se abren en el segundo piso.


MARÍA JOSÉ: Sí, la neta sí está muy bueno. Pero pues yo qué te puedo decir...


DON EDUARDO Y DON MURADÁS huyen despavoridos


JESÚS [saliendo del ascensor] (indiferente y sin mirarla): Oye qué gusto encontrarte, mucha suerte, nos vemos.


Las puertas del ascensor se cierran.


EDUARDO [a DON JESÚS]: Verga, me das pena ajena.
JESÚS (sin entender por qué se habría de tener pena): ¿Poor?


Se escucha en crescendo la canción ¿Quién eres tú?




FINIS

lunes, 7 de mayo de 2007

Soy extraordinario porque soy México

"Algo está pasando en la Ciudad de México, es cultural, va a explotar y será grandioso"
Spencer Tunick


Como México no hay dos, cantaba mi abuela. Pues como España tampoco, y como China menos. Y aparte...Guatemala es...ps como México no...? - pensaba yo...

Pero era cierto: México de verdad presenta características típicamente únicas, no encontradas en ninguna otra parte del mundo. Por una o por otra, siempre resalta. Fascina. Y fue un norteamericano el que a través de una foto nos lo recordó.

Spencer Tunick reunió ayer a casi veinte mil personas en el corazón de este país, que es el Zócalo de la Ciudad de México. Como nunca antes en la historia (el récord anterior fue Barcelona con creo que 7,000 personas), esta pequeña muestra de mexicanos reiteró lo hermosos que somos. Mexicanos desnudos que confirmaron lo que la estatua de la Diana me había dicho hace unos meses: que se nos acabó el conservadurismo. O que por lo menos, estamos más dispuestos a levantarnos un domingo en masa a romper con los tabúes del pasado que a continuarlos. Que vamos nutriendo una responsabilidad lo suficientemente espesa como para ejercer nuestra libertad. Que nuestra manera de celebrar va siendo más bien gusto por la libertad que respuesta a la represión. Que somos uno y nuestra voz es sedosamente sonora. Que estamos cansados de pudores arcaicos y que además traemos ganas de aire nuevo, por todas partes. Literalmente.
Personalmente, estaba inscrito para ir, pero de repente - aparte de lo temprano en un domingo que fue la cita -, caí en el error de sentirme individual. De no sentirme agusto como para que mi cuerpo fuera fotografiado. Y la belleza de esta idea artística es precisamente esa: expresar que somos uno, que estamos unidos.

La desnudez, como color-incoloro del que nadie escapa, nos hermana irremediablemente, nos unifica, nos fusiona, hace evidente nuestra hermandad.
Y entonces, individualmente, se tiene panza, o se le va a los Pumas, o se es hombre, o se cree en Buda, o se es joven, o se tienen los senos caídos, o se está desempleado, o se trae un tatuaje escondido, o se creía en el Peje, o se tiene buena nalga, o se está casado, o se trabaja de nueve a seis, etc.

Pero encuerados todos, descubriendo nuestra esencia común, esa cósmica que contiene 35 razas (y para muestra los resultados del genoma mexicano), juntos todos, como país, las particularidades desaparecen. Se esfuman y no se alcanzan a percibir. Y es así cómo a través de estar desnudos el lente capta un ente sólo, precioso, en armonía con su también maravilloso entorno.

Y es así cómo me late el corazón fuerte, cómo me doy cuenta que trascendiendo lo individual, soy extraordinario cuando me uno a la gente que vive alrededor de mí: porque junto con ellos, soy México.

lunes, 30 de abril de 2007

SMS

En el "buzón de entrada" de mi celular, ya se me acumularon los mensajes sms que nunca quise borrar porque son especiales.
Definitivamente, el SMS a veces va cargado de emoción.
Como no quiero que se pierdan, los reproduzco aquí.
"Muchas gracias, te prometo que no voy a dejar de escribir!"
Escrito hoy a las 17:24 por mi amigo Joe - que como yo quiere ser escritor y estudió R.I. - después de haberlo felicitado por un logro de trabajo importante en política exterior.
"Ya me pueden marcar al (...) es mi tel libre, a ustedes les cuestallamada local y no les cobran larga distancia, se tarda un poquito en entrar".
Escrito por mi amiga Valeria, el 20 de enero de 2007 desde Puerto Rico, país donde desde este año vive con su esposo.
"Hola je yo tmb te quiero mucho y quiero estar siempre cerca de ti y ser muy felices siempre, echemosle ganas a la vida. tu hermana ke te adora".
Escrito por mi hermana, un 25 de mayo a las 21:44, cuando estaba lejos lejos.
"Me aceptaron en harvard. Hoycelebracion con helga en celtics de polanco".
Escrito por mi amiga Viridiana el 28 de febrero de este año a las 10:51.
"Tu tambien eres mi mejor amigo"
Escrito por mi amigo Eduardo el 19 de noviembre de 2005 a las 03:17, después de mi fiesta de cumpleaños.
"bueno si hay tipo macpatatas quiero unas con queso sino algo de queso o tocino ke no sea hamburguesa mi pay los amo cerdos y mis sorgos please"
Escrito por mi hermana un 15 de enero de 2007 a la 20:22, días antes de irse de viaje lejos, mientras estaba con mi mejor amigo en Mc Donald's. (Sorgo = cigarro)
"como crees pobrecita voy a rezar por ella en la noche...ke feo...toy esperando el camion de las 7.15"
También mi hermana, el 8 de febrero, cuando le conté que Anna Nicole Smith había muerto.
***
Otros que nunca borré escritos por mi hermana, no importa de qué fecha:
"ok jaja con razon no llegas ps si ya andas tragando! alimentando las carnotas"
"ashi esh ando en la playita obvio ya toda ardida naranja horrible ademas solo me queme de un lado jaja pero ya me pedi unos aros de cajamar y unos camarones al mojo de ajo y hoy saldre a bailotear como cerdo toda la noche jajajaj yahoo"
"never! ke lindo! te kiero mucho je! hoy...tu fuiste mi valentine"
Este fue escrito obviamente un 14 de febrero y ella estaba lejos, lejos.
***

domingo, 22 de abril de 2007

De la sucesión cíclica

"...and when I'm drunk I dance like my dad: I sarted to dress a bit like him..."
Robbie Williams, Strong, I've been expecting you, 1998.
Poco a poco se va entendiendo la vida. Por ejemplo se aprende que a veces, un orgasmo frustrado puede conllevar mucho aprendizaje. Me explico: desperdicié la única oportunidad que he tenido en mi existencia de experimentar con una mujer madura por comprender cómo sienten los padres. Hoy me acordé mucho de eso. Arruiné lo que según yo hubiera sido una buena noche de experimentación en mi departamento de Berlín porque durante el coqueteo descarado salió a la plática su hija de 17 años y la conversación sobre las vocaciones enfrió los deseos.
Ella, al parecer una excelente abogada - todavía de muy buen ver - en su país natal, aún en plena facultad profesional, sentía como gran golpe que su hija quisiera estudiar medicina. No sé por qué luché tanto a favor de que cada quien elija la carrera que quiera en nombre de la diecisieteañera: quizás porque me recordó mucho a mi amiga Vicha (hija de una de las mejores oftalmólogas de México que cambió tres veces de carrera), o a mi amigo Víctor Montaño (hijo de abogados, que acabó politólogo), o a mí mismo.
Pero a través de sus nada despreciables labios entendí perfecto la postura de aquéllos seres humanos que, justo como mi padre y mi madre, nunca aspiraron a escribir libros o canciones, ni pintar cuadros, ni inventar aparatos, ni matar gente: los que instintivamente escogieron a sus hijos como su opción para potencialemte trascender. Para continuar lo que ellos empezaron con esfuerzos. Para seguir vivos en los herederos y consumar a través de las manos de sus descendientes victorias que por tiempo y espacio no hubieran podido alcanzar pero son suyas.
Esta mujer era una de esas que iniciaron con pocas probabilidades, y a lo largo de su vida las fue superando y llegó muchísimo más lejos de lo que se hubiera podido predecir, pero no logrará en su tiempo de vida la escalada hasta la cima. Y quién mejor que un hijo sucesor para cubrirse de gloria, para aprovechar y terminar el camino andado, para llegar a la meta, para no echar a perder los sacrificios, para cosechar los frutos de lo que los padres no podrán recoger pero sembraron, para alcanzar el sueño. Me parece perfectamente natural, humano, instintivo. Justo entonces entendí a mi padre, y a la mamá de vicha, y a los papás de Víctor.
Siempre que acompaño a los amigos del trabajo a comprar lotería - en esta misma avenida de Reforma, escenario de mi vida - paso cerca del restaurante donde un día mi papá me dijo que no creía en mi arte, y que aunque no me pareciera iba a hacer de mí un "ejecutivo de alto nivel". Desde entonces el término se volvió clásico en mi vida para designar todo lo que no quería, y ahí mismo me juré a mi mismo nunca permitirle convertirme en algo así, me prometí darle por su lado al mundo y tarde o temprano lograr ser lo que me diera la gana.

Hoy soy un sueño que yo no soñé. Estoy bien, todo bien, todo perfecto a pesar de nunca haber pensado que acabaría así, profesionalmente hablando. Al parecer soy alguien que continúa andando el camino de quien después de llegar a su tope y colmo de posibilidades en la vida pasa la estafeta a alguien de su sangre. Soy mi padre.
Nunca como ahora, que ya soy algo parecido a un ejecutivo de alto nivel - corbata, oficina, sueldo y tarjetas de presentación -, lo he sentido más orgulloso de mí. Me parezco a su ideal del yo: muy trajeadito, muy serio, muy chambeador, muchos idiomas, muy businessguy. Y me alegro. Cada pequeño triunfo o duda laboral mi primer reacción inmediata es llamarlo, comunicárselo. Quizás porque intuyo que para él es como una victoria propia. Soy de alguna manera su continuación, cada día me lo noto: voy pareciéndome más y más a él.


Pensando en eso, de repente se me antoja mucho tener un hijo y hacer lo propio.
Sentarme un día con él en un restaurante y comunicarle que voy a hacer de él un artista de alto nivel. Meterlo a clases de guitarra, de canto, de piano, de solfeo, de natación. Exigirle lecturas de libros, llevarlo a museos, llevarlo a audiciones, castings, agencias. Pelear por colocarlo en el cine, en la tele, en las compañías discográficas.

Pero otra de las grandes cosas que se aprende al entender la vida, es que seguramente mi hijo será cuadrado, serio, conservador, clásico. La sucesión no funciona al 100% porque cíclicamente existen personalidades, y esas no pueden moldearse a placer.
Seguramente, si tengo un hijo, me saldrá exactamente igual a mi padre.

domingo, 15 de abril de 2007

¡Exactamente Paulina!

"If men were angels, no government would be necessary."
James Madison, The Federalist No. 51

Sin duda, una obra bien hecha expresa mucho más que un post.
Esto es justo lo que al parecer aquél día no supe explicar: mi postura a favor del derecho a decidir.

martes, 10 de abril de 2007

La Última Mirada

"La Nao de China zarpaba sin saber que esa noche
encontraría un destino que no podría ser nombrado con la palabra azar:
sino por ese vaivén de la vida que todo explica y nada explica.
El viento sopla. Y la Nao va. Y la Nao va."
Hua-lan Pei-ji


Continuando con la tradición familiar de regalar a México algunas de las mejores películas en su historia, Patricia Arriaga Jordán nos entrega un inspirador drama que nos pone a pensar qué haríamos si pudiéramos elegir lo último que veremos.

Hace no tantos años, don Carlos y doña Amelia fueron muy jóvenes y se amaron con una de esas pasiones que por tan grandes derriten y renuevan. Se casaron en esta, nuestra ciudad de México, y al multiplicarse engendraron a Patricia, Guillermo, Carlos y Jorge.
Desde entonces, la alimentación de esta familia y de los cuatro hijos criados en la colonia Unidad Modelo se ha convertido en uno de los mayores misterios del cine mexicano. Porque Guillermo escribió muchos libros que luego se hicieron película (Babel, 21 gramos, Amores Perros) y ganó premios en Francia como ningún otro mexicano antes (Los Tres Entierros de Melquíades Estrada), su obra fue publicada en más de diez lenguas distintas y se convirtió en una obsesionante inspiración para muchos como este que escribe.

Por su parte Patricia, la única hija mujer de la familia Arriaga Jordán, un día intentó vehementemente escribir un drama. Hizo todos los esfuerzos, lo intentó con todas sus ganas, pero no pudo. Fracasó.
Le fue imposible escapar de sí misma y de su sangre, y así concibió una película de combate al drama. De pasión y lucha.
Pintó de tierno dulce los personajes pero los rellenó de una fuerza resplandeciente. Se decidió a dejar de hacer el típico cine sobre cómo los mexicanos viven una decadencia de la que no pueden escapar. Escogió hablar y retratar nuestro verdadero espíritu: ese de quien está viviendo con honor a pesar de lo difícil que se le pone la vida. Que si acaso vive un declive, no lo percibe: pues piensa, siente y actúa con toda la dignidad. Que no tiene idea lo que le espera y sabe agradecer al destino.

Dos historias que se entrelazan hacen de “La Última Mirada” una de las películas más entrañables y potentes en la historia del cine mexicano. Homero es un reconocido pintor que debe enfrentarse a la tragedia de ir perdiendo progresivamente la vista y con ella la seguridad, la pareja y la estabilidad. Por su parte, Mei es una adolescente con aspiraciones que se ve obligada a trabajar como sirvienta en un burdel cuando su madre emigra hacia Estados Unidos dejándola con una deuda por saldar. Ambos personajes nos tomarán de la mano como nunca antes otros lo habían hecho, adentrándonos en un mundo de lucha y humanidad que si no conocemos ya en carne propia, desearemos emular en un futuro.

Patricia creó una obra misteriosa, roja, poética, achinada, radical, cadenciosa, erótica, solidarizante. La coloreó de México, de España, de luces titilantes, piernas bajo la piscina, mujeres desnudas y jaulas de palomillas que vuelan.

Tanta abundancia de colores y matices llevan a la mente y al corazón a valorar la a menudo desapercibida gran fortuna de poder ver, mirar y observar. Este deleite visual y sentimental estará pronto en DVD. Atrévete a escoger qué sería lo último que verías.

sábado, 7 de abril de 2007

Sábado de Gloria

Literalmente.
Pietà - David La Chapelle

viernes, 6 de abril de 2007

Santos Días


La Última Cena - David LaChapelle

martes, 3 de abril de 2007

De cine y por Guillermo Arriaga

"El búfalo de la noche va a soñar contigo - dijo -. Trotará junto a ti, oirás sus pisadas y su aliento. Olerás su sudor y se te acercará tanto que casi podrás tocarlo. Y cuando el búfalo decida atacarte, te despertarás en la pradera de la muerte.
Entonces dejarás de burlarte, hijo de la chingada."
Guillermo Arriaga: El búfalo de la noche, Editorial Norma, 2006.
El mes de marzo, me encontré con mi gran ídolo Guillermo Arriaga en la portada de la Revista Chilango, que me encanta por cierto. El reportaje principal cubría la ruptura de la simbiosis más afortunada que ha tenido el cine mexicano actual: la que Arriaga sostuvo con Alejandro González Inárritu (director). De allí vienen Amores Perros, 21 gramos y Babel.
Me hirvió la sangre al leer una carta en la que González, junto con otros miembros del elenco de Babel, se dirigían a Arriaga para reclamar una "injustificada obsesión por reclamar la sola autoría de la película".
Quizás porque aspiro a ser escritor, creo que es hora de reconocer y defender a Arriaga. El escritor está encargado de parir al niño. Que se necesite mucho para hacerlo crecer y convertirlo en un hombre de bien, es otro asunto. Pero sin padre que engendre al escuincle - sin hijo -, no tiene sentido ni el tutor, ni el profesor, ni el desarrollador, ni el perfeccionador. El gran intérprete no puede demostrarse sin una canción. No se puede preparar un buen taco si alguien antes no ha hecho la tortilla. Y Arriaga es la materia prima, el que genera la potencia para que ésta se convierta en acto, el primero: el escritor. ¿Qué hubiera sido de Iñárritu sin la historia de Amores Perros? ¿Qué hubiera podido hacer Tom Tykwer sin Süskind? ¿Scorsesse sin Pileggi (Good Fellas)?
Recordemos la mejor película de Arriaga por mucho: Los Tres Entierros de Melquíades Estrada, ganadora de la Palma de Oro 2005, dirigida por...Tommy Lee Jones. Justo ahí la prueba de que una obra genial puede ser retomada por distintos directores, pero no todos los intérpretes tienen la versatilidad para ejecutar todo. Dirigir una historia de Arriaga, es pisar blandito dada su riqueza literaria, lo cual siempre va a hacerla más fácil de llevar a la pantalla, como si de un detallado - y de paso artísticamente humano - instructivo se tratara.
Que González Iñárritu pose feliz para las tapas de revista, sin saber que las portadas son tan efímeras como probablemente lo serán sus próximas películas (ojalá me equivoque, por el bien del cine mexicano), mientras que las historias y los mensajes que Arriaga a través de su dirección ha legado a nuestra generación - y por tanto debe ser acreditado - permanecerán por siempre, es lo de menos.
Lo que encabrona es el cinismo de González utilizando cobardemente una revista para atacar a Arriaga, quien busca el crédito (y la remuneración económica) que legítimamente le corresponde por haberle puesto en la boca a Iñárritu, y no a otro director, la sustancia que hoy lo hace caminar por las alfombras rojas del mundo y sonreír junto a Brad, Cate y Gael para los paparazzi.
El reconocimiento a Guillermo Arriaga está en nosotros, los que hemos sido conmovidos por las historias, a los que nos interesaba más ver en Babel a Mariana (personaje inicial de una española que quería verse haciendo el amor antes de quedarse ciega) que a una Harajuku girl japonesa sordomuda, producto de una clara intención de marketear mejor un producto para recaudar más a pesar de distorsionar una historia (lo que naturalmente fue idea de Glez. Iñárritu). Los que lloramos por Melquíades, los que leemos lo que escribe y nos esperamos a su crédito en algún lado de la película, porque sabemos que era él el que estaba detrás. Los que no olvidamos a los personajes, sin importar quién los interpretó. La prueba nos la dará el tiempo con El búfalo de la noche, que sin ser la mejor historia de Arriaga, está cargada de suspenso y onirismo, dirigida por un tal Jorge Hernández Aldana.
Directores - como González Iñárritu - muchísimos, guionistas buenos pocos, escritores - como Arriaga - menos. Lo veremos.
"...Detesto también a la gente pusilánime. Admiro a los intensos, a los que van con todo, a los que no se detienen ante nada: a los hombres y mujeres que dejan pedazos de piel por donde caminan."

domingo, 1 de abril de 2007

Ser o parecer...

"Crea fama y échate a dormir"
Sabiduría popular, muy probablemente mexicana
Vamos llegando ya a la Semana Santa, y ¿Ser o parecer? se convierte en una pregunta interesante en un país con una pronunciada mayoría de católicos. O quizás ni tan mayoría según yo. Hace poco me di cuenta que prácticamente estoy rodeado de "creyentes pero no-practicantes" que están seguros de ser católicos. Ser o parecer.
El mismo RBD (por cierto, al parecer el más vendido en la historia de la música en México) es algo que parece que canta. No es, y a veces, ni siquiera parece. Y a nadie le importa, a muchos nos gusta. Ya sé, no hay que exagerar, ni sacar las cosas de contexto, lo que me va inquietando es que si bien no todo lo que es parece, lo más difícil es que no todo lo que parece es.
¿Soy o me parezco? es la típica pregunta hecha al mirón o al curioso. Yo mismo lo he dicho aquí: tengo un título que me acredita como licenciado, porque tres sinodales hicieron parecer que me evaluaban y montamos todo el teatrito y ahora que parezco licenciado nadie duda que en verdad lo soy, sobre todo con la nueva vida de oficina en la que la impecabilidad del traje es una obsesión inescapable para todos. Una mancha en la corbata (tanto en mi oficina como en mi casa) es pecado mortal que todos condenan antes de que uno mismo se dé cuenta. Supongo que es igual en todas partes y a mi me salta a la vista porque a penas voy adaptándome al sistema. De entrada me choca. El ser o parecer impecable, por ejemplo. Después de todo ¿Qué importaría que algo no parezca impecable si de hecho lo es? Nada.
Pero estamos parados en un lugar donde parecer quizás se toma en cuenta más que ser. Un lugar donde las mayorías son creyentes pero no-practicantes. Oro o pirita, lo importante es que nos brille. Que parezca. Que hasta nosotros mismos nos lo creamos.
Tenemos frases, saludos, títulos profesionales, gestos, cartas, abrazos, e-mails, relaciones, respuestas, besos... que muy desgraciadamente no son lo que parecen. Creemos ciegamente en la democracia y la equidad de los géneros y el credo que dicen en la misa (digo, quienes van a misa) pero no los practicamos. Tenemos oficinas de todo ámbito atascadas de gente tan sólo parece, que si es algo es primo-del-amigo-del-jefe o corrupto y por eso llegó ahí. Festejamos - digo, ejem, conmemoramos - la muerte de Jesucristo con una sacrificada vigilia consistente en la paella más espectacular del año, o alguna otra suculencia di mare. Creemos en el trabajo, pero nos hacemos pendejos las últimas horitas del viernes. Y cosas así. Cosas que tenemos que empezar a cambiar. Ser y parecer.
Porque al final la respuesta llega casi sola. Parecer no es importante, o no debería serlo. Ser es practicar. Y entonces, quizás las cifras no sean ciertas cuando dicen que los mexicanos somos mayoría católica. Los creyentes y no-practicantes no son nada, aunque digan ellos que sí.
Y para acabar en un mood muy de cuaresma, termino diciendo que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, porque no soy ajeno al dilema del ser o parecer. Frecuentemente me asaltan las dudas sobre si soy escritor o sólo parezco. Pero eso es material a practicarse otro día a través de este mismo canal.
Y ya sé: la foto de Mayte no tiene nada que ver con lo escrito arriba pero Hey, ¿alguien se está quejando??

jueves, 22 de marzo de 2007

Yo estoy a FAVOR de la despenalización y regulación del aborto en México

Porque creo que no es el papel del Estado juzgar lo que la voluntad popular quiere.
Porque la penalización de una práctica generalizada no va a hacerla desaparecer, simplemente la va a clandestinizar (como hasta ahora). Porque el tema del aborto es mucho más profundo que un dilema entre derechistas e izquierdistas: es una realidad vivida por muchísimos jóvenes y adultos en nuestro país. Jóvenes que quieren tener la oportunidad de decidir ordenadamente sobre sus propios cuerpos, sobre sus propias vidas.
Porque una legislación "adecuada", es la que se ajusta a las necesidades y las realidades de la gente que sale a la calle y vive y hace el amor. Porque creo que estar en favor de la vida es estar en favor de una vida ordenada, planeada, llena de posibilidades. Cuando no es así, no es vida en mi opinión. No es vida ser niño de la calle, drogadicto antes de los seis años, abusado sexualmente antes de aprender a escribir, y esos son unos cuántos escenarios potenciales para ese hijo que pudo haber sido abortado a tiempo, por muy frío que suene (repito, según lo que yo pienso).
Porque creo que no solamente un aborto, sino potencialmente todo lo que no se puede evitar - un enamoramiento, una pérdida, un beso, un asalto, un buen libro -, deja secuelas psicológicas en mayor o menor medida sobre quien lo sufre. Cada alternativa de vida es un riesgo y lo único que queremos como ciudadanos es el derecho a elegir esa alternativa ordenadamente si hemos de decidirla.
Porque me ofende que alguien que piense distinto a mí organice una caminata "de la razón", como queriendo desacreditar o ignorar a todos los que tenemos esta misma idea en favor de la despenalización del aborto.
Porque este comentario no necesariamente refleja la opinión de las personas que leen este blog, y porque respeto ampliamente que alguien no crea y esté en desacuerdo con todo lo que escribí arriba, y espero lo mismo para mí. Y esa es la libertad y tolerancia que sueño cada día, junto con muchísimos otros, para México: que independientemente de la divergencia de ideas, exista respeto y diálogo.
Y saludos a la gente de Boston Consulting Group que me enteré hoy que lee este espacio.

lunes, 19 de marzo de 2007

De mi sueño... [¿Será que me explayé...?]

Para mejores efectos, se recomienda leer esto escuchando la gran "Glósóli" de Sigur Rós.
Me duelen mucho los dedos y los ligamentos del antebrazo izquierdo por culpa la guitarra. Estoy sudando como si hubiera corrido un maratón. Me acuerdo que hace ya unos cuántos días, Karen Fregoso nos pidió que le contáramos nuestros sueños para un proyecto de publicidad o algo así. No estoy seguro pero aquella vez creo que me explayé. Más o menos, ocurrió asi:
Karen: Oye, ¿cuál es tu sueño? No importa si es ridículo o imposible.
Yo: OK, mira no sé si te sirva pa' tu proyecto porque creo que es un sueño compartido por mucha gente, pero uno de los más fuertes que yo tengo es hacer música.
Como muchos adolescentes en la cumbre de la fiebre más inmadura de la vida, yo también quiero cantarle a toda la gente, de todos los pueblos. También yo, que ya estoy crecidito, deseo con todas las fuerzas no sólo intentar desafiar con la música todas las estructuras sociales (de las que yo mismo ya formo parte desde que encontré mi trabajo "enfocado"), sino romperlas para demostrar que es posible vivir y comer del arte, y ser más útil a la sociedad a través de una canción que de una política pública. Me encantaría abrir camino a los artistas que vienen detrás, para que sus padres y el estado se enteren que reprimir el arte es un crimen, que promoverlo es un gran acierto. Quisiera orientar al entorno de algún talento joven a fomentárselo, a cuidar que el arte crezca en los más chicos sin impedimentos de ignorancia como los que yo tuve.
Quiero que las parejas se enamoren con alguna canción que escribí en mi cama o en mi coche o en mi baño, y así formar parte inamovible y eterna en sus vidas y en las vidas de sus hijos. Quiero escribir una canción para algunos juegos olímpicos o un mundial de fútbol, que se sepa que un mexicano quiere la paz y canta por y para ella a todos los pueblos del mundo, que también la quieren.
Sigo muriendo muchas noches como si tuviera 13, imaginando con qué artista tendría un dueto en un disco (últimamente me encantaría Nelly Furtado o Corinne Bailey Rae, aunque tradicionalmente sería Céline Dion o Chenoa); quién escribiría una canción conmigo [creo que me encantaría escribir con Juanes, quien por cierto tiene una canción increíble que se llama Sueños y a veces hace llorar y que creo que te serviría]; a qué músicos invitaría a tocar conmigo a mis conciertos; qué voy a decir cuando gane un Grammy,[Creo que diría algo así como yeeeeahhhh. Well, I remember I used to read sub-titled speeches. I guess tonight it's finally time for you guys to sub-title me 'cause I'm definitely going to speak in Spanish...Y entonces diría algo chido en nuestra lengua dedicado a mi México y mi España y mi Colombia y en general a los 400 millones de personas que hablan español en el mundo] o cuando Oprah Winfrey me entreviste porque soy el primer latino o mexicano en lograr esto o esto otro en el mundo de la música. Y cosas así.
Me imagino a la gente que admiro mirándome, a Denisse Dresser tarareando mi canción, a mi hermana con la boca abierta, a Guille pensando yo siempre lo supe, al país entero concentrado en cómo mis dedos rasgan la guitarra, a mis profesores del ITAM sintiendo vergüenza, a mi futura novia (Scarlett Johansson muy probablemente) cautivada, a mi abuela en España sintonizando la tele para ver si me ve, a mis pseudo-amigos abandonándome de una vez y a mis amigos verdaderos orgullosos de mí.
Y es que detrás de este sueño está otro: un deseo desaforado de ser querido y conocido por muchos. Tú me conoces bien, soy puro show business - lo mío es entretener. Así de kitschoso como pueda sonar, con todas mis fuerzas quiero ser una super estrella. Quiero que las adolescentes recorten mis fotos en las revistas. Quiero tener amigos artistas, modelos, cineastas, diseñadores, intelectuales, jet-seteros. Quiero un aplauso cuando termino de tocar mi guitarra. Quiero que la fama me permita escribir, decir, gritar, denunciar, expresar cosas e ideas que por ser famoso lleguen a quien tengan que llegar e impacten donde tengan que impactar.
Y eso es mi sueño, cantarle a todos, a los que escuchan y a los que no, cantar, hasta quedarme afónico. Cantar y tocar bien, canciones escritas por mí, cantar y hacer felices a los que oigan y les guste. Ser yo, cantando. Cantar, en todos los idiomas y en todos los escenarios.
Sueño pues con perder pronto la posibilidad de morir viejo y sin achaques porque siempre viví protegido y tranquilo: sueño más bien con morir joven, en una de esas de un infarto repentino o algo así, porque la intensidad y osadía de mi vida fueron tales que el corazón no me dio para más y se me reventó estrepitosamente chorreando de sangre todas mis otras felices y artísticas vísceras.
Y no voy a calificar este sueño de absurdo ni de ridículo, porque es el que me ha cargado todos mis días difíciles y me ha empujado hacia adelante; porque en el fondo creo que en su momento pudo haber sucedido, y porque para poder seguir, para poder ponerme un traje, anudarme una corbata, trabajar 8 horas en una oficina, hablar con pendejos al teléfono y vivir una vida "convencional", NECESITO creer, que ese sueño aún no se ha perdido, que igual y puede hacerse realidad.
Karen: Hehe. Esteee...mmmh...ok, gracias :) Bye.
¿Acaso fue demasiado? ¿Acaso me emocioné? Ups. En fin. Qué ricos son los sueños, no? ¿Tú sueñas algo???

viernes, 16 de marzo de 2007

El e-mail de una nodriza de sueños

nodriza.
(Del lat. nutrix, -īcis).
1. f. (‖ mujer que cría una criatura ajena).

Hoy al conducir mi chocadísimo coche por la Avenida Gabriel Mancera que tanto me duele, ví por el retrovisor una camioneta que parecía blindada, tripulada por cuatro hippies, lo juro. Eran dos hombres con rastas doradas y barbas rubias largas; y dos mujeres, una con rastas y otra con turbante multicolor, con esa exquisita belleza propia sólo de las que resultan hermosas cuando no sólo no usan nada de maquillaje sino todo lo contrario. En el techo había maletas largas y extrañas. Las placas eran de Costa Rica. Y entonces, quise ser uno de ellos y estar viajando por el mundo así, como siempre he dicho.
Mis sueños más grandes fueron puestos a dormir tan pronto que ahora que despertaron siguen siendo muy niños, y están tan cansados como quien duerme más de la cuenta.

Hace ya 15 días recibí un e-mail de una gran amiga. Que se volvió gran cuando publicó una cosa que se llama Pintándote en la Revista Opción. Me acuerdo que iniciaba un examen al que tenía que ir con collarín puesto para fingir un accidente del cuello y que no me reprobaran por faltas, y me levanté hasta donde estaba para felicitarla por su publicación. Desde entonces, la emoción de la complicidad empapó la amistad.
Ella es la típica historia de la mujer menuda, delgada, hippie, alivianada. De esas que como yo, por estar estudiando una carrera universitaria están llegando ya un paso adelante académicamente más que sus padres. Alguien con genuino viento en contra, y con genuina actitud para revertirlo. Y así, llegó su titulación y ahí estuve. Testigo y participante de cómo ya para entonces tenía un trabajo envidiable, me alegré de compartir con ella el deseo de ayudar a México y el dilema de quedarse o irse fuera.
Hace 15 días ya, Viridiana Ríos tomó en sus brazos mis cansados sueños y los amamantó como a sus hijos sin darse cuenta. Y gracias a su ejemplo e inspiración, están creciendo. ¿Qué tan probable es que algún día una discográfica me ofrezca un disco? Más aún ¿Qué una editorial me publique una novela? ¿O dejarme crecer las rastas y tomar el Transiberiano? Muy probable.
Lo sé porque mi amiga, con quien compartí la afición de las letras, quien en mis inicios me corregía los poemas, con quien hace poco empecé un proyecto por los niños de la calle, fue aceptada en la universidad de Harvard – con todo ese prestigio y sueño y fama mundial y leyenda que la rodea - , siendo la primer mujer latina en la historia aceptada en un programa de cinco años. Porque estuve con ella compartiendo el día que recibió la noticia, sintiendo que un meteorito grande y afortunado de verdad habia caido contra toda probabilidad tan cerca de mí que era ella la escogida, y ella era mi gran amiga.

Porque cuando la abracé largamente, también abracé con cariño a México y a su futuro, abracé a sus padres que se esforzaron como pudieron por darle una educación, a sus grandes y orgullosos abuelos de origen humilde, abracé a mi madre de joven cuando trabajaba extra para llegar hasta donde nadie de su barrio ni su familia llegó, a mi padre que salió de un pueblito para cruzar el Atlántico y casarse sin que nadie de su familia estuviera, y trabajar para darnos la vida que nos ha dado; abracé los deseos de millones de jóvenes latinoamericanos materializados en ella, me abracé a mi mismo en el futuro, convertido en sueño hecho realidad. Harvard. En ese abrazo, pude pedirle, a nombre de México, que regresara y ella sin pensarlo me dijo llorando que sí, que ha decidido pelear por este país. Y fue un auténtico momento de felicidad.
Ríos: estoy orgulloso de ti, Felicidades. Enhorabuena por ti, por mí, y por nuestro México. Te encargo a mis sueños, tus hijos adoptivos, para que de aquí los lleves aun más arriba.

sábado, 3 de marzo de 2007

Semáforo

Ella espera
a su mamá a las siete. Donde siempre. Lo sabe de memoria. Pero no sabe qué hora es. Es niña y princesa: lleva un vestido de altos vuelos blanco con flores rosas, del que entresalen sus delgados brazos, sus huesudas piernas, con esas rodillas que a ella no le gusta mirarse porque le parecen negras, arrugadas, como las de esas mugrosas re-feas. Las venas del cuello de la tarde parecen bombear con más fuerza conforme pasan los minutos y teñir el horizonte de un azul cada vez más oscuro. Pero es princesa y nadie se fija en sus rodillas: si sonríe todos van a ver el contraste de sus dientes blanquísimos resplandecer entre la oscuridad de su piel. Millones de coches, motos, autobuses, metrobuses y camiones encienden caudas multicolores y desordenadas en las principales calles y avenidas, haciendo ver a una niña de estas pequeña, frágil, estáticamente hermosa ante los cometas metálicos que sólo se detienen ante las luces de un semáforo. Tiene poquito pelo: está rapada del número 1. Cabello muy cortito, como de cadete militar. Y se siente princesa con su vestidote. Su amado vestido mágico con el que impresiona a su hermanito, contándole que cuando se lo pone vuela. ¿Qué hora será? Ya sabe bien que hay que estar alerta, tener paciencia y “no echar relajo”: mirar pa’ todos lados antes de caminar no vaya a venir un carro, esperar las luces del semáforo. ¿Será hora? ¿Será temprano? ¿Será noche?
Ella choca
estridentemente los grotescos dientes manchados de lipstick escarlata mientras a penas frena rechinando las llantas del Tsuru rojo – sucio, destartalado, con un signo de $ en la ventana que parece vivir y querer persuadir a los posibles interesados de no caer en el error de comprar semejante carcacha disfrazada - ante la luz roja del semáforo. La irregularidad en su abultado rostro se descompone aún más ante la visión de una niña pelona, que la mira fijamente y se acerca a ella. Piensa que esa escuincla seguro estaba infestada de piojos, caspa y pulgas y tuvieron que raparla en uno de esos hospicios – qué asco, qué horrrror - de gente buena que los baña y los cuida como la esposa del jefe, para que luego los pinches desagradecidos salgan a asaltar, y estas a putear en las esquinas y en el mejor de los casos a embarazarse para perpetuar la especie de los limpiaparabrisas muertosdehambre.
Las gotas de espeso sudor escurren entre las sienes entintadas. No! Nno! Grita, y las imitaciones de pulseras inundadas de cuentas abrazadas a su muñeca izquierda suenan como palos de lluvia piratas. No y ni te me acerques, sabrá Dios qué animaluchos traes [y yo me acabo de poner el tinte pelirrojo de Garnier que me salió bien carísimo. Además veo super bien aunque el vidrio esté sucio]. Eso, vetelárgate bye...
Se dice que la escuincla ahora no lo entiende, pero que si le da limosna seguro nomás patrocina el vicio del pinche drogo vago de su padre que obvio es el que la tiene pidiendo en las esquinas. Se felicita, se dice que de noche va a rezar por esta niñaja a las ánimas del purgatorio – tan milagrosas que son -, después de todo, ella es una buena católica y estamos en tiempo de recordar y vivir las enseñanzas del Señor y amar al prójimo como a uno mismo, al fin, ya nos lo dijo el padre el domingo.
Algo con aspecto asexuado muere
de nostalgia ante el vaivén que al caminar dibuja una niña sin pelo. El aturdimiento dificulta la represión del sollozo, distrae del coraje de ver cómo el coche de enfrente ha frenado con semejante irresponsabilidad. A la derecha encuentra el letrero formando un tache: MEDELLÍN / BAJA CALIFORNIA. Debo estar en la Roma o la Condesa. Y estoy viendo a mi hija viva dentro de otra, caminando con su vestido rosa. Esta tarde la ausencia era insoportable. Un par de lentes enormes, por si llega puntual y violento el llanto hoy también, como siempre. Una sudadera más grande que su talla – lo más lejano al placer del lujo en el vestir del que hoy voluntariamente quería privarse, para sentirse sin distorsión - percudida, casi monstruosa, ámbar o quizás dorada o mostaza; con la capucha puesta impidiendo a todos saber si tiene cabellos o género o cuerpo.
En absoluto anonimato salió, sin rumbo, sufriendo el despiadado flagelo de la pérdida, del vacío, del silencio. Total, ni perro que le ladre. Una auténtica alma en pena, fantasma. De su propia muerte se enterarían días o meses después: nadie notaría que no está. Y cuando no esté, nadie va a llorar. Nadie.
Hoy quiso ponerse en movimiento, como si ir hacia delante precipitara el momento del reencuentro con todas esas personas que amó y se le fueron. Con todas las que algún día besó y extraña. Como si moverse fuera a acelerar el toparse con aquellos a quienes abrazó o conoció y le fascinaron. Todos están en el extranjero, o perdidos, o en algún lado muertos porque eso del cielo ni quién se lo crea, y eso de que dios existe, menos. Godmoney [Buena movie...]. No quedaba ya ninguno ni nada, sólo una especie de certeza de que hay que continuar viviendo, andando – keep walking, pensaba – sin parar hasta recuperar lo perdido. Rebuscando entre los compartimentos, quiso encontrar monedas, deseó invitar a aquélla creatura a comer, quizás entregarle todo lo que tenía, acumulado por su familia durante perezosos siglos en este país de castas, abundante pero inservible para quien no tiene a nadie. Salió del trance, volteó, la buscó: con la vista al frente y el ceño fruncido, se había perdido, se había bloqueado. La niña, desesperada (o ignorada) se había ido de su lado. Entonces, ahí, justo a las 8 en punto, lloró.
Él acierta
al escoger y presiona el botón de Play en el estéreo de su Jetta verde, que como un acuario con ruedas, espera paciente el alto. Digo acuario porque todos los entes invisibles de los dos ocupantes van nadando a ventana cerrada, como si muchas especies marinas revolotearan en el relativamente pequeño espacio de esta nave. Son los complejos, las emociones, los secretos, los atributos del yo, los suspiros, las palabras por decir, las células muertas, los miedos, las ideas nunca dichas, y todos esos elementos que cada uno cargamos y que son partes abstractas de nosotros mismos. El célebre piano de Chris Martin suena en el track 1, reproduciendo el clásico Clocks.
Ella, pequeña viaja ignorando su hermosura en el asiento del copiloto, preguntándose si le gusta ocupar ese espacio y si quiere quedarse mucho tiempo con él. No distingue si tiene ganas de él en específico, o solamente tiene ganas de alguien. Sin duda, ella y sus entes flotantes se sienten atraidos hacia él, especialmente por sus defectos. Igual que una pequeña abolladura resalta más en un coche nuevo y moderno que un daño grande en un vehículo viejo y destartalado; a ella le encanta la cicatriz de pelea arriba de la ceja, y la panza cervecera de alguien que por definición es joven, estudiado, inteligente, impecable. Pero no está del todo segura. La versión del Rhythms del Mundo la sorprende, nunca se imaginó escuchar esta canción en ritmos cubanos, con tambores, percusiones y trompetas de fondo.
Por su parte, él y todos sus entes mueren por invitarla a quedarse siempre con él: quizás por primera vez se siente enamorado, le fascina la perfección de ella en todos los ámbitos. Tal vez es que todos sus elementos invisibles, entre tanto enfrenón y ajetreo del tráfico de la caótica Ciudad de México, se han revuelto y lo han hecho sentir así: alborotado, locamente seducido. Aún lleva el sabor de la pasta, el tinto y la buena conversación de ella en la lengua; y está esperando un postre de beso dulce, pero no sabe cómo obtenerlo. Nunca ha sido bueno para esas cosas.
Una niña morena y delgadita, tiernita, con un vestido de flores se para junto a su coche. Parece querer hablarle. Sin pensarlo, conmovido comete el trágico error de presionar el botón para abrir la ventana y escucharla.
Entonces, todos los entes invisibles de los dos se precipitan hacia fuera del coche-acuario: el enamoramiento, el encanto, la deliciosa inseguridad de la primera cita salen - entre otros - disparados hacia la calle y caen al suelo, entre llantas, polvo, asfalto y basura.
Y así, unos segundos después ella se aclara: él no es tan divertido, está sobrado de peso y la soltería es rica. El coche deja de ser acuario, y vuelve a convertirse en hierro muerto que transporta a una mujer de regreso hacia su casa. Él razona otra vez bien, siente un deseo sexual desbordante, mira con lujuria la magnífica pierna bronceada de su acompañante y sabe que esta noche todavía no va a tener ni siquiera el pasional beso húmedo y largo de lengua que tanto se le empieza antojar, así que es mejor acelerar y dejarla en su puerta cuanto antes.
Nunca volverán a verse.
La princesa morena,
medio impaciente, desconcertada y valiente, no entiende por qué nadie le hace caso. No comprende las muecas groseras ni las caras de chango; no concibe – menos mal - que las expresiones de desprecio y asco son dedicadas a ella, ni mucho menos sabe la razón de los índices diciéndole que no, agitando el aire con fuerza, como amenazándola, persuadiéndola hacia el retroceso. Se confunde ante la indiferencia. En cámara lenta, las patéticas puntas de las lenguas tocan la parte de atrás de los dos dientes frontales, orquestando una clara imagen de N descomunal: la primer letra del asqueroso Nnnno! en las mezquinas bocas. ¿Quién en su sano juicio asumiría que esta niña es limpiaparabrisas? - Nadie. En realidad, no hay indicios en esta historia que lo sugieran. Es mas sugieren todo lo contrario. La mujer pelirroja es tan sólo un excepción, un dato aberrante. ¿O no?
Luego, alguien como de película de espantos que no sabe si es señor o señora no se mueve, nomás hace ruidos raros, le da miedo. No la vaya a asaltar, ya ves que es bien peligroso andar en la calle cuando es de noche, si ya se lo dijo su mamá, y su mamá lo sabe todo. Siempre lo ha sabido.
Se mueve entre los coches y no piensa Mamá no ha llegado, ni mucho menos mamá no va nunca a llegar. Solamente busca en su mente respuestas: ¿ Qué nadie ve mi vestidote de princesa? ¿Por qué esa señora me dice que no tan feo?¿Por qué est'otro no me pela?
Del tercer coche, que es verde y se paró en el alto sale una música como de cumbia o salsa pero cantada en inglés. Ella se acerca, golpea despacito el vidrio, como que al principio el joven no escucha, pero al final, quién sabe cómo se baja la ventana solita, como si fuera mágica. Algo más que una brisa, sale disparada desde la ventana y le acaricia la cara como una lluvia de plumas, o una invisible tormenta suave de nieve que cae en horizontal (o algo así maravillosamente extraño, millones de partículas en cascada, dificil de describir porque ella nunca ha sentido una tormenta de nieve ni ha visto jamás una cascada).
Él voltea y la mira, así ella puede por fin preguntar lo que los conductores de los dos coches de atrás no le permitieron...

- Oiga joven: ¿A qué horas son...?

miércoles, 28 de febrero de 2007

Se me antojó...

"Lost in a February song...Tell him it won't be long¨[...] Morning is waking up and sometimes it's more than just enough, when all that you need to love is in front of your eyes. It's in front of your eyes..."
Josh Groban, February song, Awake, 2006.
(En el último día del primer febrero después del lanzamiento del disco que contiene esta canción)
He tenido - por fin - mucho trabajo, no sé si porque de verdad llegó o porque dejé que se me acumulara. De cualquier manera, hasta en el ámbito laboral ha salido a flote el masoquismo: ayer, me paré un minuto a ver cómo me estaba sintiendo, y resulta que fue el mejor día desde que entré, descubrí que estaba contento porque había presión, estrés, dificultad, un reloj de arena en mi contra...
El caso es que hoy desperté temprano para llegar temprano y tuve la suerte en un semáforo de ver a un niño como de siete años, con su uniforme bien limpio y planchado, esperando el camión con su mamá, una mujer joven, de muy buen ver que lo abrazaba y lo besaba con un cariño que casi me pareció puesto como para película de esas buenas como La vita è bella para que lo viera yo. Me dí cuenta que el niñito traía el cierre abajo, como toda la vida yo y asombrosamente me ví a mí mismo. Pensé que hace seis años estaba apenas empezando la carrera y que en seis años un chavito así pasa de primero de primaria al examen de la secundaria.

Y se me antojó ser chico, darle al espiro en el recreo, reírme y gritar en los patios como era mi manía y de repente sigue siendo, no saber que voy a morirme ni que mi abuela iba a morirse, quedarme dibujando en el salón mientras los otros jugaban el fut que tanto detestaba, tener una lonchera (!!!) y abrirla para encontrar no sé, un lonch de esos excelentes que en su momento te daban algo de vergüenza con los colegas, como una buena torta de frijoles con huevo y rajitas que te había puesto tu mamá, mmmmmmmhhhh, si la pillara esta mañana, qué manjar... Se me antojó tener voz de niño y cantar como cantaba las canciones esas que cantaba, tener otra vez el pelo lacio (y peinármelo de raya al lado jeje), pararme en un patio y saludar a la bandera, jugar las trais y decir pido, oler el coche de mi papá a nuevo y mirarlo enorme mientras me llevaba a la escuela y me prometía cosas si sacaba buenas calificaciones, dictarle el juramento a la bandera a tooooooda la bola de idiotas que iba conmigo en la escuela, beberme un Frutsi (o Paupau) mordido por la parte de abajo y luego patearlo con otros cuates, ir a la salida a comprar a escondidas con los cambios robados ahorrados colectivamente algo prohibido llamado Pléiboi que ni sabíamos qué era, formarme en la tiendita de las donas porque me había portado bien y mi papá me había dado mil pesos (de los de entonces, siempre he sido roto, me acuerdo que otros imbéciles llevaban por ejemplo tres mil, y aparte de la dona les alcanzaba para unas papas estupendas con limón y salsa en bolsa transparente. Pero yo era feliz con la dona de chocolate). Se me antojó no saber tantas cosas y vivir feliz, se me antojó abrazar a mi madre la de antes, la que nunca lloraba ni estaba triste ni se veía mal (o por lo menos yo eso pensaba). Ir de la mano en las calles con mi hermana, volteando exageradamente hacia todas direcciones para evitar que viniera cualquier coche y rigurosamente caminar por la línea de peatones, con miedo de que nos pasara algo pero apretándola quesque valerosamente para "defenderla" si la ocasión lo ameritaba...

Y luego pasé por un edificio en obras, y los albañiles desayunaban algo rico rico, olía a tortillitas calientes, a una salsa para morir, creo que eran chilaquiles. Ahhhh....
Hace un sol para renunciar hoy mismo, justo cuando ayer tuve el primer día excelente, y salir a caminar por Reforma y ver cuántas más escenas y olores te regresan el optimismo perdido.

Esta mañana creo que sentí algo de felicidad.

Todo si no fuera porque junto a mí el güey del escritorio de al lado no desayunó y casi le robó el momento optimista y chido a mi relato hacia ustedes, porque mientras que yo me aferraba a la felicidad de querer ser niño, el tipejo abría una lata de refresco como si fuera antro y la masticaba o yo no sé; mientras yo trataba de pisar la línea de inmediatamente antes de lo cursi para recrear lo que sentí intentando clausurar mis oídos, el cabrón sorbía como excusado, como alcantarilla, como cloaca. Porque cuando yo tenía ganas de crear un mood tranquilo, soleado, dorado, con las palabras; sacó unas galletas o yo qué sé qué haya sido y se las empezó a devorar como si fuera un animal, una bestia, un alien de esos hambriados que no puede cerrar la boca, un cerrrrdo. Agggggg
Y entonces, pues ya fui terminando el escrito, tratando de guardar la compostura y no derrumbarme de disgusto. No permitir a sus impresionantemente cochinos ruidos acabar con la poca felicidad que una mañana clara me trae.
Entonces, se me antojó.
Se me antojó ser rico y no tener que trabajar junto a Na-die...- en estos momentos sigue aspirando la lata como marrano - . Se me antojó empujarle un puño hasta el fondo de todos los dientes (que no usa por lo oído) o dos - el segundo en el ojo a ver si se le ennegrece -, o tres - el tercero en la nariz, a ver si aprende a comer como persona -.
Se me antojó empujarlo por la ventana o hacerle una especie de manita de puerco profesional quebradora y rompedora de huesos de brazos o espalda y uno que otro dedo mal plan que quedaría muy ad hoc, o reventarle la pantalla de su computadora en la jeta, o darle de batazos mientras le grito CÁLLATE =%&*$"! Y NO LO VUELVAS A HACER, o hablarle a mis amigos que laboran aquí conmigo pa' que me ayudaran a patearlo en el suelo como perro igual que en una escena de Good Fellas (gran película) o algo así, o todas las anteriores...

Total, que la felicidad nunca es completa, a uno nunca le queda claro si es masoquista o sádico o ambos, y yo me regreso a preparar informes, que hay que entregarlos pronto...

lunes, 19 de febrero de 2007

México Dé eFe - Mexico City - Мехико - Mexico - Cittá del Messico - Mexiko Stadt - 멕시코 - Meksyk - Cidade do México - Mexico-stad - Meksikon kaupunki

"Estoy escribiendo esto al final de un hermoso día en la Ciudad de México [...] El cielo aquí puede ser azul obscuro algunos días, grisáceo otros o sepia y contaminado. Esta es una ciudad de contrastes. Quizás eso es lo que más amo: que nunca es uniforme. Y nunca perfecta. Puede ser la más bonita o las más fea, y a veces ambas al mismo tiempo [...] Mis lugares favoritos no están listados en las típicas guías de turistas. Amo las panaderías, donde puedes encontrar pan recién horneado desde la mañana hasta la noche. Amo los extraños colores de las casas, que nunca combinan entre sí. [...] Amo el lenguaje de mi ciudad - maldecir en chilango (aquellos nacidos en la Ciudad de México son llamados chilangos), insultar a alguien con un Chinga tu madre. Amo a la gente de mi ciudad. Contradictorios como el infierno. Fuertes, generosos, optimistas, herméticos, amables, agresivos. Todos aquí pelean por ganarse la vida [...] La carne y hueso de mi ciudad. Amo el hermoso desorden, el sentimiento de que mi ciudad siempre está viviendo en el límite. Es una ciudad con espíritu, con carácter. Una ciudad con pulso, un feroz latido. Una ciudad donde puedes oler, tocar, sentir humanidad. Mi ciudad."
Guillermo Arriaga, cazador y escritor - de la prodigiosa Los Tres Entierros de Melquíades Estrada (con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2005), la profunda 21 gramos, el entretenido El Búfalo de la Noche (ya en librerías y próximamente en cines de todo el mundo), la sórdida y famosa Amores Perros y la que el próximo domingo ganará el Óscar a la mejor película Babel - nacido en mi ciudad.

Hoy tenía intención y no sabía qué escribir. Estaba revuelto con algo de smog, pesimismo, desidia... Entre el tráfico, tuve un encuentro con la Diana Cazadora, me vale madres si me creen o no. Justo del tamaño perfecto (no es tan chiquita), desnuda, con su frente a la altura de mis ojos, sus labios a la altura de los míos me miró y me abrazó, haciéndome sentir estatua. Quedito, entre delirio y delirio me platicó cómo nos vé cabizbajos y apáticos cuando podemos tenerlo todo. Me recordó quién es mi gente y mis paisanos, me besó y me dejó en shock: No pude creer que los chilangos hubiéramos olvidado nuestra esencia. Me pidió la Diana, que por un ratito borrara lo malo de mi consciencia y me invitó a ver libre de prejuicios desde lo alto nuestra ciudad. Y entonces, escribí...

En el mejor de mis momentos, el día en que mis dedos alcancen la gloria, es porque soy mexicano. Es porque soy chilango. Es porque respiré ansioso de vida el cósmico aire de esta ciudad mientras mi madre me paría tranquila en el Hospital de México y desde esa primer bocanada sentí que era hora de celebrar sacrificándome junto con mi generación entera por que nuestros herederos sigan disfrutando esta maravilla. Y ganar. Y ser grande. Y explotar millones de veces en mi vida ante todas las tonalidades de sentimientos posibles entremezcladas, como sólo sabemos hacer los chilangos. Y así, escuinclito, chilanguito, lloré en los brazos de una enfermera. Lloré como me encanta y amo pero detesto y me choca: como mi Dé eFe que me destruye y me nutre. Ahora de hombre lo entiendo. Lloré de felicidad por haber caído donde caí. De gratitud por mi hermosa abuela que nació en San Antonio Tomatlán, antiguo barrio del Centro Histórico, ahí donde está el zócalo y la bandera que tanto nos mueve porque salvajemente nos grita patria y donde llegaron los aztecas y encontraron el águila y el nopal y la serpiente; ahí donde nuestras piernas se sienten como raíces. De alegría por contener esta sangre tan roja, tan verde, tan rosa, tan amarilla, tan naranja, tan azul clara, tan plateada, tan mexicana que no puedo negarla. Y ni quiero nunca. Sangre que a través de los ojos de mi otra nacionalidad, la española, sale a cuenta como lo más personal y mío que tengo. Sangre que me hermana con 21 millones de habitantes, que no paramos de movernos, ni dejamos de tensar los músculos o reventar los corazones o forzar las gargantas; que somos tan distintos y tan multisabores, pero que tenemos en común más que el amor como motor de nuestras vidas: porque todos sin excepción nacimos para ser los mejores. Estamos aquí para alcanzar los triunfos, para adueñarnos de lo mejor. Y lo hemos olvidado, a base de concentrarnos en lo que no nos conviene. Es tiempo de recordar que traemos éxito y prosperidad en las venas, que fuimos diseñados para vivir bien todos. Llegamos al lugar donde la tierra tiembla más fuerte porque somos los más resistentes, los más animosos, los más aptos como diría Darwin. Los chingones como diríamos en nuestra lengua. Los impetuosos cargados de fuerzas, los excesivos y tenaces. Eso somos los chilangos.


Y así miré los coches, sentí el aroma de un trompo doradito de tacos al pastor muy rojo y con un poquito de piña, ví los techos caprichosos de las casas y las parejas libres haciendo el amor en las azoteas (según la Diana desde hace mucho se nos acabó el conservadurismo), oí a las adolescentes cantar en chilango a punto de morir de amor y olí los rezos picantes y las lluvias aguardentosas de abrazos y escuché la mezcla de cláxons con pájaros, guitarras y aceite hirviendo. Percibí el perfume armonioso y dominante de las flores de Xochimilco muy por encima de la capa de smog y algo en la punta de la lengua me supo a beso de jamaica dulce y al tragar a sensual tequila con limón (sin semillas, claro). Y me sentí embriagado. Afortunado. Alto. Chilango. Hoy entendí muchas cosas.
Si don Guillermo Arriaga gana el Óscar este sábado y es de pronto el mejor escritor de todos los tiempos, entonces ya sabemos por qué...

jueves, 15 de febrero de 2007

Ya tengo chamba (Y tenía razón)

"Well, they said it was time for changing, rise and shine everybody's making it, but you... And they told you to trust your dreaming but it's hard to believe a feeling that you just don't know " September, Satellites, September, 2006.
Hace muuchos años, una desagradable parte de mi rutina era visitar la oficina del director de mi prepa.
En aquél tiempo, Jesús se dedicaba a cultivar su sed de revolución en contra del sistema impuesto por los profesores y alumnos "populares", junto a los otros seres obscuros y sediciosos del plantel. Torres, el director, sabía que los ex-molcajetes punk estaban conmigo y que nunca se puede subestimar la fuerza de los wannabe políticos/artistas/intelectuales y ñoños cuando se reúnen a temprana edad para conspirar. Entonces, en un patético intento por calmar las aguas, decidió mandarme llamar on a regular basis para "sugerirme" y "aconsejarme" cómo controlar mi "impulsividad y actitud retadora" que según él no me llevarían a nada bueno. Aha... Quesque era psicólogo, me acuerdo que me decía "no digo que la ironía sea mala, pero es que tú la usas en exceso, y todo exceso es malo". [Duh]. - Oiga quéeeee inteligente es Usted proooof...
Y así fue que ante mi rotunda negativa para estudiar una carrera una pregunta recurrente de Torres siempre fue: ¿Cómo te ves en 10 años?? "Pues viajando siempre por el mundo, trabajando de lo que sea para sostenerme, ir parando de ciudad en ciudad para conocer la cultura, tocar la guitarra en las noches para conocer gente y compartir con ellos ideas, aprender idiomas, comidas y costumbres, y cuando ya esté a punto de echar raíces, agarrar la maleta y escapar hacia otro feliz destino".
El punto es, yo NO quería ir a la universidad, NO veía la utilidad de estudiar una carrera respetable. Torres me decía "tienes que aspirar a tener un buen trabajo, mira, ahora ya hasta a los veladores les piden prepa, y tú tienes que vivir bien" y sacaba un recorte del Aviso Oportuno. Aggg.
Alguien me había dicho que lo que estudias en la uni no te sirve y que todo lo aprendes en la calle y de ahí me agarré. De ahí y del famoso "sigue tus sueños". Si acaso, decía, entraré al CEA. Pero luego venía el quiero ser médico, mmh no: embajador, bueno, filósofo, no, mejor pongo una taquería y así, ad infinitum (Nunca pude, ni puedo, renunciar fácilmente a las posibilidades que al final no escoges), para luego regresar al LA UNIVERSIDAD NO SIRVE DE NADA, lo que estudias no sirve de nadaaaa.

***

Y así, después de sacarle a mis padres unos meses de viaje "para pensar qué voy a hacer de mi vida", quesque a aprender francés (y eso sí aprendí), durante los cuales me evadí y me dediqué a leer y beber mucho vino en una tal la Guignette [ahhhh qué tiempos aquellos], acabé en el ITAM. Como nunca hice examen en las universidades, escogí esta institución porque tenía pase automático pa' entrar ahí. Los pases automáticos son geniales. Y de carrera, pues Relaciones Internacionales, porque tiene un poco de todo. Utilicé la vida universitaria como modus vivendi: como pago a cambio de vivir con mi familia y comer en mi casa sin pagar renta. Para que me mantuvieran pues. Y en clase no aprendí nada que no pude haber aprendido en la calle. Dejé de ser ñoño por cierto, dramáticamente.
Entre crisis y crisis, y durante las muchas faltas, conocí mucha gente. Lo único que me detiene antes de pensar que me arrepiento de haberme metido a la universidad son mis amigos. De ellos sí aprendí.
Acabé mi carrera y, después de largarme unos meses de viaje, ahora sí en serio para pensar qué voy a hacer de mi vida, quesque a aprender alemán (y eso sí aprendí), durante los cuales me evadí y me dediqué a escribir y beber mucha cerveza con limón en diversos puntos de un tal Prenzlauer Berg, acabe hoy aquí, comenzando un nuevo trabajo.
Todavía en 2006, y bebiendo una sedosa copa en las alturas de esta ciudad, contaba a una interesante mujer (saludos) que me daba de plazo del 15 de enero al 15 de febrero para encontrar chamba antes de declarar suspensión de garantías individuales. Hoy, a las 9:00 que empiece, faltarán 15 horas para el fin del 15. Lo logré. Y creo, no fue tanto gracias a haber estudiado una carrera.

***

Te vas adaptando a la vida como puedes, te vas adando cuenta que eventualmente hay que conseguir chamba (por que ya acabaste la carrera y por tanto no queda tan claro por qué habrían de mantenerte), y que muchas cosas que hiciste sin saber/querer fueron aciertos.

Tengo 25 años, me siento amante de la sedición más que nunca, y a poco menos de diez años después de la repetitiva pregunta de Torres, puedo decir que yo tenía razón.
Porque vengo de un mes de meterme a todas las bolsas de trabajo concebibles, y sin excepción todas las entrevistas que conseguí fue por mis amigos. Porque no hubo ni una vez en que los entrevistadores se fijaran minuiciosamente en mi curriculum, y más bien frecuentemente preguntaron, ¿Eres amigo de ... ? ¿Cuánto tiempo llevan de conocerse? y así. Los pases automáticos son geniales.
Porque más que haber estudiado aquí o allá, soy grande en tanto tengo amigos. Me encanta decir esto. Porque lo mejor que me llevé de la universidad (y de esta vida) es el crecimiento (más personal que académico) que tuve gracias a mi gente, que realzó y sigue realzando mi existencia con su presencia. Porque no sería el mismo ni hubiera llegado hasta este punto sin su apoyo, y en todo casi si acabé la carrera pronto, o si encontré trabajo pronto, es un logro compartido con cada uno de mis amigos.
Porque este trabajo lo conseguí gracias a Cuco y Eduardo, porque igual que en la carrera, lo mejor de trabajar ahí va a ser reírme, hablar, comer, contar los problemas, echar la mano, estar con ellos. Porque si tengo que agradecerle algo a esos dos, el que me hayan contactado con la gente de esta chamba queda hasta abajo de la lista: porque antes habría de decir gracias por haber estado sin falta en toooodos los eventos importantes de mi vida desde que nos hicimos amigos, y por cada experiencia compartida que nos hizo mejores y más fuertes.

Y así, think again Torres... Bueno, tenías razón en lo de que hay que trabajar. Pero tú tenías como 50 años y yo tenía como 16.... La universidad sirve para pura madre, y es buena sólo en tanto te sirva para hacer amigos. Lo importante en el mundo, laboral o no, son tus relaciones personales. Tu gente.

Ahora bien, ¿Cómo me veo en 10 años? - Pues [obvio] con buen dinero ahorrado [después de haber chambeado con mis amigos mucho tiempo], viajando por el mundo, quedándome un rato en cada ciudad para aprender la cultura, tocarles mi música con mi guitarra por las noches, intercambiando ideas, probando cosas exóticas y experimentando costumbres.
Eso sí, antes de acostumbrarme a estar en un sólo sitio, agarrar mi maleta, largarme de ahí y buscar un nuevo destino para seguir viviendo hasta el final de mis días justo como lo pensé cuando estaba en la prepa...

Me voy, que no quiero llegar tarde a mi primer día, deséenme suerte no?

lunes, 12 de febrero de 2007

Todos duermen...

No saben que son las 4:44 de la mañana y que no he podido dormir en toda la noche. Ni se acuerdan de mí. No saben que existo. No escuchan que tecleo. No están para que les cuente historias. Afortunadamente, no puedo pensar en nadie que esté sufriendo el frío que hace, todos están bien tapados. No se imaginan lo bien que sabe el café cargado recién hecho a estas horas. Descansan los ojos, sin sospechar cómo cruje todo en la madrugada. No tienen miedo a despertar a nadie. No sienten lo pesado de la noche, la infinita tristeza que invade a los desvelados: no escuchan el destructor silencio de la ciudad más grande del mundo que contra todo pronóstico suena extinta, seca, muerta antes de la prosperidad.
Ante la sensación de que todos sueñan, la propia realidad sobresale de entre el cuerpo derrumbando los ánimos, imaginando cadáveres con cada ruido inexplicable, o charcos de sangre fresca con los estruendos de las tuberías, cavilando si tal sangre es mía y estoy por fin muerto y estupideces de esas. Y todos roncan. Más o menos bajo, pero todos. No saben que van a morirse. No les importa por ejemplo imaginar Berlín, donde todos los habitantes ya llevan rato pisando todos los girones de piel que me dejé en las banquetas, porque ya han de ser como las doce y seguro Heike ya se fue a correr y mis amigos ya tomaron juntos café y Gaél García ya se echó una película de la Berlinale, sin saber tampoco que a muchos en México oficialmente ya nos pasó a caer bien con esta última gracia de ser jurado en mi querida Potsdamer Platz.
Todos reposan y se mueven poco y lento sobre sus camas. No sienten la culpa de llevar un mes desempleados. No perciben cómo de noche todo se magnifica y golpea bajo en las tristezas y las inseguridades, los miedos y las soledades. No sienten la frustración de estar solo y con la boca cerrada a fuerza a pesar de las ganas. Mudo a huevo porque ninguno puede/quiere leer. Descansan. No consideran que, quizás al rato que se haga día, para mí todos van a seguir dormidos, porque nadie va a estar para que le cuente historias, y estoy condenado al solitario insomnio silencioso.
Adormecidos, ni se imaginan cuánto me cuesta decir estas cosas, porque de entrada ni se enteraron que las estoy escribiendo: no tienen idea, de cuánto los necesito...

domingo, 4 de febrero de 2007

Sed

Despierto con sed. Pero no sed de agua. Siento la madera del suelo crujiendo de frío. Mientras mi computadora se inicializa, me siento igual que un heroinómano sin paciencia que acaba de romper la jeringa de la desesperación de procurarse lo antes posible el toque que lo esclaviza. Como una bestia, me concentro en adaptar mi pupila a la luz de la mañana y no perder ni una milésima de segundo en localizar justo lo que quiero en pantalla. Aparece el símbolo de play. Respiro aliviado. Click...
Frunzo el ceño en un arrebato violento al oír los primeros acordes, si alguien me viera inhalando tanto aire en una especie de suspiro extático, apretando los párpados y las hileras de dientes como si quisiera que la fuerza de los inferiores acabara con la de los superiores y al revés, sentiría vergüenza ajena ante mi total dependencia. Rendido ante la voz, la letra, el sentimiento, la batería tranquila; percibo la sangre subir impetuosa por mi cuello, pintar mis ojeras de rojo, oxigenarme. Siento la canción con el pelo, con las manos, con la columna, con las venas, con los pies, con el cuello, con la cara, con los muslos, con el sexo, con los pulmones, con la espalda y los codos y los nervios y los brazos y los hombros y los huesos... Me agito ante el masaje auditivo que me inunda, que es más grande que el espacio que ocupo, overflow pienso - en inglés - como esos vasos que se desbordan ante el exceso de agua que no para de ser vertida sobre ellos. Reacciono subiendo los volúmenes a tope, los ojos en blanco, la boca abierta por pocos segundos: o tararea o respira, a pesar de que a estas horas la voz aún no sale clara. Me desgañito un poco tratando de conseguir buena afinación.
El último átimo de cordura que me queda se levanta ante este enajenamiento, manda un mensaje a mi mareado cerebro: aún es temprano, los vecinos y los que viven en tu misma casa están dormidos...Estrofas resuenan con más fuerza de tal manera que la respuesta procesada es Que se jodan. Que aguanten. Que se mueran si pueden. Que se salven de este trance. Que ni oigan esto, que es sólo mío y no quiero compartirlo.
Termina la canción y se repite inmediatamente. No se gasta, sigue hipnotizándome como la primera vez. Entonces la envidia también despierta y empieza a morderme. Se me afilan los dientes, me pesa que haya alguien capaz de crear algo así, que el autor de timbre suave-potente no sea yo. Y aún así, no dejo de beberme la canción con todas mis fibras. De desear tener más oídos para oírla más. De desear tener más dedos y más uñas, para algún día agarrar mi guitarra y tocar algo así de bueno. La expresión logra su cometido y me atrapa. Sufro. Siento a través de la letra que no puedo explicarlo: ya te lo he dado todo, que es hora de rendirse, y si me dejas ahora - sólo déjame ahora... - es lo mejor que podemos hacer y no tiene caso tratar...Me dueles. Me hago mi historia mental personal y me entran ganas de llorarte.
Es tarde, hay que alistarse. Me niego a salir del furor místico y aislarme en la regadera. Juntito hay un baño abandonado, que no es el mío. Habría que subir y bañarse en el de arriba, donde están mis toallas, mis armarios. Se apodera de mí un terror extremo de enfrentarme al silencio, que sólo se calma ante un giro bien entondado de gran músico este. ¿Tocará él mismo sus instrumentos? Arriba hay grabadora, pero esta canción no la tengo ahí en ningún disco. No puedo subir. No pue do. Tiempo pasa.
Abro entonces la ventana de par en par, para que las ondas sonoras viajen y me traigan para arriba la canción. Subo corriendo sin dejar de escuchar la maravilla que se queda atrás, siento las manos de la música enroscarse a mis tobillos, como suplicando que no las deje. Playera, jersey, pantalones, calcetines, zapatos, cinturón, cajetilla, encendedor, calzones, todo en una bola y si me faltó algo después me las arreglo. Bajo aliviado: nunca perdí el sonido de la música. Abajo, en el cuarto junto a la computadora, abro el agua caliente. Aprovecho para desplazar las bocinas al punto más cerca, mientras se empañan todos los cristales, porque no pienso cerrar la puerta del baño. Al final decido tampoco cerrar la regadera. Necesito el sonido. Vuelvo a entrar en furor, cantando con energía bajo el agua caliente.
No hay toalla. Sin salir del trance me seco con la playera con la que dormí. Me acuerdo entonces de Budapest, pero esa es otra historia. Me voy vistiendo en el camino entre la ducha y la canción. Se me olvidó el reloj.

Ridículo, quejándome como si fuera una tragedia, aprieto el botón de stop. Una falsa y más aburrida realidad se apodera de mí. No puedo imaginar cómo sentirme bien hoy, a no ser que regrese a escuchar otra vez. Las tonadas están en mi mente, las repito para que no se me escapen entre mis muchas grietas.
Arranca el coche en silencio. El día, tristemente, ha empezado y tengo sed. Pero no sed de agua...