martes, 30 de octubre de 2012

INQUEBRANTABLE

Este día ha sido difícil e importante.
El combustible que me hace vivir todos los días es México, sin duda alguna. Llevo toda una vida de mirar cada día -esté donde esté en el mundo- los hermosos ojos de este país sintiendo un amor que me consume, que llena mi existencia de pasión. México me ha llevado a romper - fácil y felizmente - mis más profundos juramentos personales. Llevo ya mucho tiempo de consagrarme a esta maravillosa tierra, sintiéndome afortunado por la bendición de poder servirle con todas mis fuerzas.
He encontrado que mis sueños personales más profundos están en el progreso de México y he tomado entonces la decisión de destinar mi tiempo y energías casi en su totalidad a trabajar sin pausa por ello, en cada pequeña acción y decisión. Río con mis amigos cuando dicen que soy el novio de México. No tengo novia ni propósito ni causa más que esto. Sin México, pierdo mucha más que mi otra mitad.
Con todo respeto, cuando miro a mis amigos casados o dedicándose a otros proyectos - incluso a sus hijos-, noto que a comparación soy mucho mejor correspondido por México, fuente inagotable de satisfacciones constantes. Que el amor hacia México es correspondido y noble, y que me siento pleno...seguramente mucho más feliz que si hubiese decidido volcarme sobre una persona o cualquier otra actividad. México es mi tierra, mi pareja, mi motivo, mi razón, mi hijo. Cada día estoy más enamorado, cada nuevo (y viejo) rincón que recorro me encuentra siempre sorprendiéndome: no doy crédito de cómo un sentimiento puede aún crecer y crecer y crecer (de momento parece no tener límite), y así las cosas. Así lo creo, incluso hoy al final del día en que por primera vez se cimbró mi mundo, angustiosamente.
Hasta anoche, fui un testimonio de la seguridad y la paz que siento en mi país/ciudad. He repetido -quizás cientos y miles de veces- que la inseguridad nunca me había tocado, ni a mí ni a los míos. Pero ya no. Me duele mucho contarlo. Mucho.
Ayer me dieron en el costado frágil, me golpearon con fuerza donde más me pega: mi hermana. Muy tristemente, ella sufrió anoche un asalto. La bajaron los malditos de su coche en la calle, me le dieron un par de golpes. Difícil pensarlo. Injusto. Imperdonable. Mi hermana, si lo sabré yo bien, es una mujer muy trabajadora y de bien. Todo lo que tiene se lo ha ganado con esfuerzo. Somos ella y yo típicamente mexicanos porque nunca nadie nos ha regalado nada. Nos construimos a nosotros mismos con lo que nos rindió el esfuerzo honesto de nuestros padres. Tenemos hambre de crecer en todos sentidos con base en los sudores propios y nada más, que es como aprendimos que vale la pena hacerlo.
Entiendo muy bien que seguimos siendo afortunados. Que no la perdí y la tengo conmigo. Que no pasa de unos golpes, malditos sean. Que está viva, que las pérdidas materiales son lo de menos. Así nos educaron también: a no acostumbrarse a los bienes que en cualquier momento se pueden agotar. Seguro que lo supera. Que lo superamos.
Pero confieso que mi primer reacción fue reclamar a México. Que con todo lo que he dejado atrás por cuidarlo, me salga con estas. Creo, hasta cierto punto, normal. Mi hermana es lo mejor que tengo. Ojalá me hubiera pasado a mí, seguramente me hubiera conflictuado mucho menos. En la segunda reflexión del mismo evento, encontré consuelo más allá del típico "esto puede pasar en cualquier otro lugar, pasa en los sitios más seguros" que de entrada es cierto. Porque me di cuenta que esa gentuza con la que desafortunadamente nos tocó cruzarnos no es México. Este país es puro, limpio y pacífico. Fuerte, seguro y estable. Merecemos ser sus ciudadanos en tanto vivamos en estos valores, y si no, no. México no es lo negativo, si es desagradable se trata de cualquier otra cosa, no de este país.
Encontré que este tipo de situaciones ponen a prueba el amor que uno se precia de tener. Porque qué fácil amar una tierra perfecta, generosa y mágica donde no pasa nunca nada y no hay imperfecciones. El verdadero reto está en continuar amando cuando llega un tropezón que nos devasta.
Y así me arrepentí de la primer reacción y volví a buscar en mis entrañas la pasión por México, y honestamente la encontré latiendo con poder, sin rasguño alguno. Las cosas que duelen ocurren por esta razón, para vencerlas y al final de ellas quedarse con el aprendizaje. Sé que México me perdona el titubeo inicial, lo sé bien.
Duermo tranquilo sabiendo que tras el pequeño huracán de sentimientos encontrados que experimenté, mi amor es inquebrantable. Sigo adorando a México con sus retos indignantes porque nos regala interminablemente una serie de felicidades que no se agotan ni así. Porque sus problemas e incidentes son las áreas que nos llevan a pelearnos por él cada día con más fuerza: nos dan razón de ser para seguir adelante. Para luchar hasta el fin. Para no perder tiempo en eventos desafortunados que hay que dejar pasar para reconcentrarse en el objetivo de siempre, en el objetivo principal.

lunes, 21 de mayo de 2012

De la forma en que crujen las verduras (y los dedos) cuando uno las corta

Pa tener una agencia que genera contenidos para redes sociales, confieso que este nuevo look de blogger me inquieta. Será que uno se hace viejo. Pero en fin, aquí vamos.

No vi, sí sentí y sobre todo escuché perfectamente como una buena parte de mi dedo pulgar izquierdo crujió - como sólo los dedos hacen - cuando yo mismo sin querer le propiné un cuchillazo mientras me sentía ese tal Rick Bayless cortando queso Oaxaca en cubitos finos con un cuchillón alemán afiladísimo y reluciente para hacerme una pinche sincronizada.

No encuentro forma de describirlo. No tronó suavemente como un jitomate. No hizo el mismo ruido rasposo que las cebollas (aunque parecido), ni tampoco el crujido impertinente de los chiles serranos. 
Les digo que los dedos tienen su propia personalidad y por tanto, su particular sonido al perecer. No están hechos para ser cortados, la naturaleza es sabia. Prueba de ello es que - a diferencia de las cebollas, que vienen al mundo equipadas con glándulas lacrimógenas que nublan la vista del cuchillero depredador - , mi dedo se quedó así, recién cortadito,  disminuido de tajo, sin saber qué hacer. Este es uno de esos casos en los que la maldita suerte actúa contra todas las leyes. 

No sé si me dolió, en mi mente sólo estuvo la reverberación del chasquido que hizo contra el filo metálico. Me acordé de una vez que estaba esperando la fila de la comida de la escuela en Berlín, cómo una australiana adelante de mí me contaba que sin querer e inesperadamente se había cortado un dedo al tomar sus cuchillos. Así la vida, ¿no? Vamos frágilmente navegando a ciegas, encontramos de repente un filo que nos hiere y bueno, somos carne suave (pregunten a mi dedo). En una de esas fuimos nosotros mismos los que nos provocamos la cortadura y ahí andamos chillando. Aclaro que yo hoy no chillé porque soy muy macho y todas esas cosas.

Somos carne suave y débil...pregúntenme dónde quedó el trocito de dedo que corté. Separé los cubitos de queso, revisé el suelo, la tabla de cortar, los alrededores...nada. Pensé en tirar todo y comenzar de nuevo, pero no por nada me he autoproclamado el rey de la garnacha. Tenía harta hambre. Además, no es como que nunca se haya uno comido sus propias costras (y Ustedes también lo han hecho, no se hagan). Si uno ha de ser caníbal, qué mejor que entrarle a la propia carne y a todas las metáforas que de este acto salgan. Finalmente mencionar que uno es maestrazo en el arte de hacer sincronizadas, quedaron buenérrimas.
Pues bien, pa terminar les cuento que cubrí de más salsa de lo normal a todo lo que pude y que mordí con desconfianza, esperando encontrar mi propio dedo entre mis dientes para poder hacer un terrible aspaviento de horror y escupirlo a propulsión contra el librero que tengo frente a mi lugar en la mesa. Pero no. Todo transcurrió perfectamente. No les sabría decir si ya me comí mi propio dedo. Somos carne suave y débil. Mmmmmh...

Terminando la comida noté que mi pulgar estaba recubierto de rojo, después de escarlata quemado y más tardecito de un negro medio feo. Me voy a evitar las referencias a la moronga o morcilla porque - como quizás sepan -, las sincronizadas se comen con la mano. 
Pensé en tomarle foto, pero la inquietud de dónde está mi dedo no me deja hacer nada más. La cebolla cruje igual ante el cuchillo que ante el diente. No sentí crujir dedo alguno en la boca. Debe haberse ido al cielo de los calcetines que inexplicablemente se pierden dentro de las lavadoras, o algo así. 

Estaba yo pensando en este post y en todo el tiempo que ha pasado sin escribir y etcétara, cuando en mi alacena descubrí una caja de chocolates de marca Noble. "A unique Belgian Chocolate specially for you". Sí claro, es lunes de dieta, pero también un lunes en el que perdí medio dedo (¿Sí se regenera, verdad???). Así que abrí la cajita y saqué un pequeño vasito de chocolate relleno, parecía tener crema de cacahuate. 
Feliz, listo para ser reconfortado por los esfuerzos de un maestro chocolatier que había hecho esta delicadeza con extremo cuidado sin imaginar que iba uno a terminar atascándosela en plena colonia Escandón, me abandoné y lo mordí.
Algo dentro crujió.
No sé a qué sabía, sólo sé que no era chocolate, ni cebolla, ni jitomate, ni chile.

lunes, 16 de abril de 2012

La Selección Mexicana

Puedo por fin escribir esto desde mi casa tras cuatro quejas levantadas contra Cablevisión, una empresa que falló cuatro días seguidos en acudir a la cita para instalarme internet.
Muy trágicamente las opiniones de estos días parecen estar reducidas a los candidatos y al triste planteamiento de a qué partido hay que perdonarle menos o cuál de las opciones es la menos insultante o incongruente.
Me moría por expresar que creo en la gente, en mi gente. Por opinar lo que además todos sabemos ya: que si algo va a traer el cambio somos nosotros mismos. Que lo que quiero twittear y actualizar en el estado de Facebook ahora que puedo es que una vez más somos nosotros (y no los desconocidos que vemos fotografiados en las pancartas, carteleras y vallas de las calles) los que llevamos la responsabilidad del futuro a cuestas y malditos seamos si fallamos y no logramos la prosperidad para el país. Que el trabajo árduo es daltónico al color de la preferencia partidista. Que votar es sólo un muy pequeño avance en el gran camino de obligaciones que enfrentamos, que cuando las sociedades se unen y persisten en sus objetivos los consiguen mejor que los gobernantes.
Al final del día la división política que pudiera separarnos o confrontarnos no sirve para nada. Dichas sean las cosas como son: ninguno de los candidatos ha escapado del ridículo y la vergüenza. Ninguno de los partidos tiene las manos completamente limpias si miramos hacia atrás.
Lo que creo que sirve y salva es darse cuenta que no somos rojos, ni azules, ni amarillos; ni de ningún color de partido político. Somos la Selección Mexicana porque traemos puesta la camiseta de México y tenemos que sudarla. Estamos a la mitad del partido y es hora de ser equipo. Porque somos los jugadores que recibimos educación en un país en el que de cada 100 sólo 68 completan educación básica y sólo 35 completan la secundaria: los destinados a pelear por ganar el juego y para eso hemos de actuar coordinados. Somos, por desgracia o por fortuna, lo que tiene México, aunque el día a día nos haga pensar que la solución se concentra en la persona del próximo presidente.
Por supuesto, hay que informarse, debatir, analizar qué propuestas de los presidenciables son las mejores. Pero hay que entrenar desde ya para salir al quite y conseguir la victoria del país independientemente de quién gane la elección. Todos somos uno y estaremos juntos en el barco, votemos por quien votemos.

martes, 6 de marzo de 2012

Siempre atento al lobo.

Cuando era chiquillo, escuchaba mucho una canción alegre que aún no olvido.
Quizá hayan sido las primeras palabras de italiano que aprendí en mi vida. Entendí de lo que hablaba gracias a que durante uno de esos largos veranos en España, el éxito hizo que Lucio Dalla lanzara una versión en nuestro idioma que llegó hasta el pueblito en el que vivíamos.

Attenti al lupo, o Atento al lobo, hablaba de una casita pequeña, con muchas ventanas de colores como la mía. Vivían allí un hombrecito de pelo corto que soñaba mucho y llegaba siempre tarde de trabajar, y una mujercita con dos ojos grandes para mirar. Imaginaba a mis papás, sobre todo porque ella siempre estaba tranquila hasta cuando atravesaba el bosque.

En esta historia y en mi vida, mares de cigarras cantaban y había en el aire un perfume dulce y pequeño. Quizá es que cuando una canción se repite tantas y tantas veces a lo largo de los años pierde realismo. Todos seguimos siempre - eso sí - atentos al lobo, como recomienda la letra (también muchas veces).

La semana pasada murió Lucio Dalla y, por alguna extraña razón, me sentí triste.
De esos pequeños eventos que no pasan desapercibidos porque impartan por dentro, en algún sitio profundo nunca antes detectado, que uno desconocía.
Tratando de explicármelo creo que lo que me duele es que ver cómo uno llega a ocupar y encarnar personajes de las canciones. Cómo las letras de un momento al otro empiezan a hablar de la vida propia, porque ahora ese hombre que tiene un gran sueño por realizar y llega siempre, siempre tarde de trabajar, soy yo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Desde Los Angeles

De esas veces que no sabes ni cómo acabaste aquí o cómo es que estás dentro. Justo aquí, de entre todos los lugares del universo. Aquí, como todos los astros y los aspirantes a serlo, sintiéndome un consagrado. California Dreams.
De cuando te encontraste irreversiblemente borracho tras beberte, sin darte cuenta, galones de toda esa agua que - según juraste - nunca beberías. De la seducción involuntaria propia de las víctimas de la mercadotecnia, que (lo digo con la seguridad de quien lo está viviendo en carne propia) muy lejos de la decepción, exhalan por todos los poros esa sensación de felicidad tan falsa y reconfortante al mismo tiempo.
Beverly Hills 90210. Ni quien te conozca aquí para juzgarte (auque las celebridades nos sabemos reconocer) o para recordar lo mucho que criticaste, quizá despreciaste, este sitio durante años.
It's showtime
: bajo la luz del escenario, a cantar sin importar los entretelones del pasado. Mucho menos preocuparse por la vida después del aplauso, si es que llega. Estamos atrapados en la foto, los paparazzi son cientos y somos adictos a ellos.
La noche en que los por qués valieron madres. La ciudad en la que nadie pierde tiempo explicando porque los demás están hechos de plástico. Tinsel Town.
El momento (físico o de la vida) en el que te das cuenta de que estas tierras sin el toque mexicano - ese presuntuoso que le das tú - no serían absolutamente nada excepto por las estrellas (de las películas o del cielo).
De esas veces en las que, de noche, cobraste consciencia de que estás en una cama King Size haciendo el amor con Los Angeles. Californication, que le dicen.

lunes, 1 de agosto de 2011

De cuando los astrólogos por fin aciertan

"Say oh, got this feeling that you can't fight
Like this city is on fire tonight
This could really be a good life.

Sometimes there's airplanes I can' t jump out
Sometimes there's bullshit that don't work now
We are god of stories but please tell me
What there is to complain about?

When you're happy like a fool
Let it take you over
When everything is out
You gotta take it in

Oh this has gotta be the good life
This has gotta be the good life
This could really be a good life, good life"




Queridos dos (2) lectores, estoy aquí por tres (3) razones:

1. La primera es reivindicar esa noble y honesta profesión que es la astrología. Que sea la última vez que oigo que alguno de Ustedes dos llama "charlatanería barata" a los horóscopos que aparecen al final de las revistas, por favor. Se ven muy mal haciendo eso. Los astrólogos saben bien lo que hacen: sólo hay que ser lo suficientemente cultos e instruidos en las ciencias ocultas (que, por cierto, son exactas) para entender sus esotéricas prácticas.

2. Compartir y precisarles que, de lo que leen en su horóscopo, sólo lo bueno se cumple. Todo lo malo es relleno que exigen los editores de las revistas porque - ya saben -, la violencia vende, así es esto. No se vive de ser astrólogo, hay que comer en esta vida y cada medio tiene una agenda y una línea editorial. Pero un buen aprendiz de astrología sabe obviar la paja y nomás leer lo bonito, que es lo verdadero. Así que ya saben.

3. Dar fé de que - si bien tarda digamos, unos diez meses - todo lo bueno que han leído en estos recuadritos se va acumulando en el cosmos, hasta que llega un día en que se desborda y BUM la fortuna aterriza. Incluso, si se confundieron y leyeron por ahí otro signo que no era el de Ustedes y se dijeron "Oh, qué padre que te diga eso tu horóscopo", también, TAMBIÉN eso que desean, se cumplirá.

Palabra de Escorpión.

viernes, 8 de julio de 2011

De Hombres y de Dioses

“Quien mate a su hermano, se irá al infierno”
- El Corán

Esta cinta ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2010, narra cadenciosamente la historia real de ocho monjes cistercienses franceses que habitan un monasterio en una población musulmana en Argelia, durante la guerra civil de los años noventa, cuando grupos de fundamentalistas islámicos sembraron terror en la región.
Cercanos a los pobladores, los monjes - que comparten sus labores y festividades, y se hacen cargo de sus necesidades médicas – se verán enfrentados a la terrible duda de quedarse o abandonar el país ante la amenaza latente de ser asesinados por los terroristas.

¿Es cobarde partir cuando los extremistas acechan? Enmarcado en el atractivo exotismo del Medio Oriente que tanto ha fascinado siempre al pueblo francés, el director Xavier Beauvois no sólo brinda una historia de esperanza en tiempos de sangre, sino una sutil crítica a la colonización francesa en Argelia y un compendio de interesantes reflexiones que pueden trasladarse hasta el México de hoy.
Entre cánticos antiguos de iglesia, el trágico planteamiento de la película ofrece una alternativa de filosofía y comportamiento ante el terror que al amenazar parece estar cada vez más cerca: un escenario con el que los mexicanos podemos identificarnos perfectamente.
El problema de resolver ser mártires por quedarse en un lugar no aplica cuando la realidad se desborda y hace parecer la decisión como un suicidio, haciendo que el heroísmo se diluya a pesar de que ser libre bien puede definirse como el no tener miedo a morir.
La democracia como sistema aparece sugerida, confrontando a Christian - el sacerdote líder por quien sus compañeros votaron en un principio para que decidiera por ellos - con el descontento propio de la rendición de cuentas, que surge a partir de la insatisfacción de la mayoría ante las decisiones inesperadas, algo con lo que también, muchos mexicanos pueden indentificar en su vida actual.
La escena sin diálogos en la que los frailes disfrutan de una cena a la que incorporan vino y música es conmovedora e invita a revalorar el amor a la vida, aunque si un elemento en esta obra es capaz de arrancar el corazón y simpatía del espectador es el actor Jacques Herlin en el cándido papel de Amédée, el sacerdote más viejo del grupo.

Un buen pastor no abandona nunca a su rebaño cuando llega el lobo: Para que esta joya permanezca en salas, hay que ir a verla ya. De Dioses y de Hombres, llega por fin a las pantallas de México este viernes 8 de julio en Cinépolis, Cinemex, Cineteca Nacional, The Movie Company y Lumiere.

domingo, 22 de mayo de 2011

Guía para presentar un proyecto en junta

Día a día me toca recibir en junta a personas que vienen a presentar sus proyectos.
Alguna vez tuve que hacer equipo para ir a presentar mis servicios a clientes potenciales y pensé que era bastante malo, pero no. La triste realidad de las reuniones y presentaciones es tan desoladora, que me encuentro ya preparando un librazo de consejos.
Para desahogarm...cof cof perdón iniciar, basado sólo en las juntas de la semana pasada, he aquí algunos consjeos:
  • Nunca, nunca jamás inicies la reunión de seguimiento con un "Te extrañé". Sólo nos hemos visto una vez, con lo cual o eres la más patética de las lamebotas o neta estás solísima en el mundo (y qué miedo).
  • Tres personas son multitud, sobre todo si las tres intervienen - léase se atropellan - en una misma presentación.
  • En el mismo tenor, si tu compañero se equivoca, lo corriges en tu oficina, no en mi sala de juntas. Te recomiendo que ANTES de la reunión revisen juntos la propuesta. Ten precaución con frases como "Ah es que no tuve tiempo de leer lo que veníamos a exponer". Te ves mal.
  • Si te pregunto que si quieres agua o café, no me respondas que si tengo Freska o Sprite o algo así. No soy tu pinche miscelánea. Si te traen agua y no conoces la marca, por favor disimula tu recelo. Tip: Además de la Bonafont, existen otras marcas igual de confiables. Te lo juro.
  • Lávate los dientes, mastica un chicle o chupa una pastilla. Soy fumador, cafetero y - aún peor - taquero y garnachero. Ergo, si yo puedo tú puedes. Si traes mal aliento, no puedo concentrarme en tu propuesta y, mientras expones con tanto esfuerzo, yo sólo cuido que no notes cómo estoy aguantando la respiración o cubriendo mi nariz.
  • No te ocurra hablar mal de México: Eres mexican@ y yo también (Si no eres mexican@, peor tantito). Cualquier comentario en contra del país descalifica tu proyecto por muy bueno que sea. Lo siento, estás en junta conmigo, en mi oficina, mis reglas son las reglas.
  • Cuida tus estadísticas. Recuerda que lo que ocurre en tus muy distinguidos viajes por el mundo, o las experiencias aisladas de tus cuates o familia, podrían NO ser representativas de la generalidad.
  • Breve. Lo breve significa corto, sucinto, parsimonioso, chiquito, preciso, específico. Etcétera. Si no puedes enunciar el objetivo de tu proyecto en una frase, no lo tienes claro. Si tú no lo tienes claro, yo menos. No perdamos el tiempo. Bre-ve.
  • Está bien que uno sea muy fan de Lady Gaga, pero eso no lo sabes tú. Acudir a una reunión de negocios vestida como ella no te llevará a nada, especialmente si no tienes la figura.
  • Tu iPad no me impresiona, menos si no lo sabes usar y/o traes uñas enormes tipo Niurka y eso dificulta que teclees.
  • No me importa lo importante que eres. No me interesa tu esposa, ni tus hijos, ni tu apretada agenda, ni nada ajeno que nos distraiga del tema al que viniste.
  • Finalmente una pregunta retórica. Si - al igual que el 70% de la gente que recibimos en juntas en esta oficina - tienes tan buena relación con el Señor Presidente y hartas secretarías de estado... ¿Qué haces en junta con un tipejo como yo?
NOTA: Doy fé de que al término de esta entrada sentí claramente cómo bajaron los niveles de amargura de mi muy decepcionado espíritu. Gracias.

lunes, 16 de mayo de 2011

De los pies (Ew)

Si resulta que voy a tener que estar tocándole los pies a desconocidos durante el yoga, voy a dejarlo.
Y es que aunque empecé con toda la ilusión, feliz, sintiéndome muy relajado muy zen-budista yo; tengo una historia de fobia (¿Se dirá podofobia?) que data de la época en que cobré razón y la verdad es que no puedo con ello. Los pies de la gente siempre me han parecido feos y repugnantes. Así en general. Y es que son horribles ¿No?
A la par de mi aversión, he desarrollado un pudor excesivo - léase complejo - por mostrar los míos. No me siento cómodo enseñándolos. Es muy muy rara la vez que uso sandalias (o chanclas o huaraches), si estoy en la arena los entierro y si estoy en un sillón o una cama los escondo. Es más, en pleno masaje de esos relajante.shiatsu.exfoliante.sueco y demás bondades tranquilizantes, basta con que el masajista me agarre los pies para sentirme reteincómodo y dejar de disfrutar.
Me da al mismo tiempo una especie de admiración esa gente que tiene unas pezuñas horribles (la mayoría, la verdad) y las muestra despreocupadamente, au naturel, así como si nada. Pregúntome cómo es que cubrimos lo maravilloso y enseñamos lo más gacho. Me es inexplicable eso de que hay quien los encuentra bonitos o - peor - excitantes. Los zapatos son otra cosa, y creo que gustan tanto justamente porque tranforman los pies en algo bello, en el mejor de los casos.
Una vez leí que en Tailandia está prohibido señalar, tocar con o incluso mostrar la planta de los pies y dije: Es hora de migrar, allí sí me entienden. Patitas pa qué las quiero, literal. Y es que la enseñada de patas es una triste costumbre que ocurre hasta en las mejores familias. Nomás vayan a la playa y juzguen por sí mismos.
Uno de los mamarrachos más mamarrachos con los que me ha tocado convivir decía que a él le dan asco los ombligos. Y yo pensaba qué estúpido mamarracho, los ombligos tan rebonitos que son. Seguramente alguien me lee así , piensa lo mismo y bueno ¿Qué? Cada quien sus disgustos.
El punto es que uno crece y entiende que las manías deben superarse y le entra al yoga por aquello del estrés extremo y se dice a uno mismo OK supéralo, vas a tener que pisar descalzo la duela (goooaaaac) y además enseñarlos, no vas a ser uno esos ridículos que entra al estudio con calcetines. Es más, se dice uno: Vas a tener que mirar los pies del profesor para hacer bien las posturas, ni modo. Y así empecé más o menos bien, pero la gente tan libre y budistosa que hace yoga no parece tener reparo en - por ejemplo - pisar MI tapete, que según yo te hacen comprar justo para que tú pongas TUS patas - y las de nadie más - en TU tapete. Corte a: Yo asqueado lavando mi tapate en el lavadero de mi casa con harto jabón, más o menos a estas horas. Desde que entré a yoga traigo una obsesión excesiva por cuidarme y traer siempre bien purificadas las patas, las uñas super cortas, todo super limpio y pues, se esperaría que los demás se cuidaran igual ¿no????
Pues resulta que llegamos al punto en que hay que aprender a sostenerse con las manos, y para aprenderlo hay que trabajar con alguien más y ayudarlo sosteniendo sus zarpas. No me daría tanto asco si me tocara trabajar con alguna de las niñas bonitas que van al yoga porque pues después de todo, son niñas y como que son más pulcras, más lindas, no sé. Pero no. Por razones de tamaño y fuerza y las arañas, el profesor (que tiene unos pies espantosos) siempre me pone a trabajar con el típico gorrrdo alto de la clase y pues es demasiado para mí, demasiado. Tanto, que hasta me hace venir a desahogarme aquí cuando llevo meses sin escribir. Demasiado, repito. No puedo. Ni modo...

martes, 5 de abril de 2011

De Acapulco

"Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches..."
- Agustín Lara


Hace pocos días volví a tener el privilegio de visitar Acapulco por trabajo.
Clásico: ni bien llegué inicié una entrañable y animada plática con el taxista que me llevó al hotel. Una más de todas las veces memorables en las que uno interactúa con un acapulqueño y se queda contento por esa hospitalidad y sonrisa que sólo ellos tienen.
¿Cómo está mi Acapulco? Pregunté. Hermoso, como siempre. Con sus problemas y todo pero igual de bonito.
Avanzando por la Costera, como vapor y de entre las paredes, salieron volando cientos de retazos de mí. Siempre viviré en Acapulco.

En el destino de sueño para mi abuela, que trabajaba todo el año para ahorrar y pasar una semana con mi madre y mi tío: en la Quebrada, en Pipo's, en Puerto Marqués.
En el lugar en que mis padres vivieron su luna de miel durante aquella época dorada en la que el mundo entero deseaba codearse con el jet-set que poblaba sus hermosas playas.
Allí estuve yo de niño, de adolescente y de adulto. Con presupuesto y sin él. He dormido en Elcano, en el Mayan, en el Pierre Marqués...en todos esos típicos y legendarios; y también en un coche dentro del estacionamiento del Wal-Mart de la Costera, en tiempos compartidos, casitas y modestísimos bungalows. Acapulco me ha visto sin playera, sin ropa, blanco, bronceado y rojo, borracho, pleno, sobrio, apasionado, relajado, vencedor, derrotado, en la cima de Paladium, en el fondo del Alebrije, como chalán y también como jefe. Y siempre me ha tratado igual de bien.

En Acapulco está la mano de mi madre, guardando la mía en la arena, enseñándome el sonido del mar dentro de los caracoles. Y aquellas excursiones mágicas en barco con fondo de cristal para ver a la Virgen del Mar, todo un impacto para cualquier niño. Mi primer antro: Andrómedas de Acapulco, a los 13 (y mi primer desarmador). Wow. En Acapulco está mi amigo Sours, tantas veces, en el bungee y en tantos sitios, junto conmigo. Con él me batearon de la entrada del Disco Beach aquella trágica noche en que nos fuimos a ligar gringas en spring break pero no nos dejaron entrar al Baby.
Desde la mera orilla del mar de Acapulco lloré emocionado en la boda más espectacular a la que he ido: la de Karen -que es como mi hermana- y Terry, oficiada por los cuatro elementos. Esa tarde, noche y madrugada en la que mi hermana Perla me parecía una diosa con ese vestido y amanecimos bailando ante el sol del siguiente día. En algún otro viaje ella y yo regresamos para ser parte de la inauguración de El Encanto, a partirnos el lomo y disfrutar juntos del puerto a pesar de aquella señora amargada que nos contrató medio engañándonos. También están Eduardo (en su convertible rojo, muy Luis Miguel él) y Gaby y Lorelee y Paola y Dordelly y Alan y Any en la boda de uno de los grandes: don Arturo Muradás que allí se casó entre la lluvia.

Y así podríamos seguir.

Con todo esto, estoy seguro que millones de mexicanos y extranjeros tienen los mismos - y más y mejores - recuerdos que yo. Material espiritual que está ahí, vivo, inmortal. Acapulco es asombrosamente versátil: pocos destinos del mundo se adaptan tan a la medida de la cartera y tienen tantas opciones según cada posibilidad. Ahí se gastan bien igual las monedas que los millones.


Más allá de la política alrededor de Acapulco, a la cual no me quiero y no me puedo referir esta vez (Caminar por la Costera es disfrutar, y ese goce embriaga, nubla e impide cualquier pensamiento remotamente cercano a asuntos políticos), confío en que todos estemos - como yo - con las ganas de volver a revivir y a cosechar nuevas historias.

En ese mismo viaje de taxi, pasando la Diana, antes de llegar a mi hotel, sentí algo muy fuerte: Acapulco es idéntico a nosotros. Es inevitable ser mexicano y no identificarse con ese paisaje que - igual que nuestros propios cuerpos - habla al mismo tiempo de muchas épocas de prosperidad y muchas eras de tragedia. Paisaje que expresa cómo en carne propia sabemos lo que es caer y levantarse. Fachadas de piel curtida, derrumbada, reconstruida y lista para sobreponerse a la siguiente debacle. Con una historia propia, rica y natural: aquí no se construyó nada artificialmente como en otros lados. Lo que ves es lo que hay, lo que queda después de la sobre-explotación y de las pruebas de la vida (que por cierto aún es mucho y sigue igual de vivo, abundante y hermoso que al principio, a pesar de todo). Exactamente igual que nuestros propios cuerpos.

El mejor souvenir de Acapulco es una foto panorámica, tomada con los ojos y la mente, de la bahía: probablemente la más impactante y bella del mundo. Acapulco Bay, diría Sinatra. De noche, es un bordado prodigioso lleno de luz y vida. Mientras hacía click click click mental una noche antes de regresar a la capital en medio de un yate rodeado de gringos felices que bailoteaban Macarena, le agradecí mucho, y -sabiendo que nunca iba a poder despedirme - le prometí pronto volver.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cinco buenas opciones para cenar en la Ciudad de México

No hay tesoro mayor que darse cuenta a tiempo.
De repente sentí que hacía mucho que no hacía lo que más me gusta: comer, probar, comentar.

Aún había (hay) mucha oportunidad de quitarme el remordimiento por las veladas perdidas de estos últimos meses en las que me quedé trabajando sin cenar, así que - con ganas de literalmente comerme al mundo, o por lo menos a mi ciudad - esta semana salí cada noche en busca de sitios deliciosos con un éxito rotundo: recomiendo 5 de 5. Aquí las experiencias en orden cronológico, con su correspondiente sugerencia.

Lunes - Central Brasserie (Masaryk 123, entre Schiller y Lope de Vega, Polanco)
Muy pocos lugares en el mundo ofrecen la posibilidad de - al mismo tiempo - sentirse en casa y consentir a los sentidos. Envolvente como una entrañable frazada casera pero elegante y sofisticado, consolidado tras haber sido el lugar de moda sin haber perdido estilo y calidad, el ambiente es simplemente exquisito. Si bien ofrece las mejores patas de cangrejo de la ciudad (pregúntenle a Eva Longoria), esta vez me adueñé de la terraza (quizás su espacio más encantador, en el que además se puede fumar) para probar la lasaña de pato con foie gras. Gustosa, sedosa y excelente, sólo rivaliza en el apartado de pastas con mis favoritos del pasado: los ravioles de langosta. De postre, el dilema es difícil: la tarrina de chocolate es una delicadeza y las tartas de crema están tan buenas que te tiran de la silla. Pedí ambas opciones, para qué pelear. Lo más sorprendente es su cava: maravillosa y surtidita. No te dejes engañar, si bien la zona y la decoración de este bistro sugieren costos elevados, la verdad es que es posible cenar muy bien (con todo y vino) a precios más que razonables.
*Tengo que regresar a probar: La hamburguesa de Kobe beef.

Martes - Azul Condesa (Nuevo León 68, Condesa)
El templo mayor del buen comer mexicano, sin duda alguna. El legendario Azul y Oro viaja a donde era Ligaya en la Condesa, mejorado y aumentado: aquí sí venden alcohol y hay una terracita para fumar. Excitante. Nunca antes había sentido un deseo tan fuerte de tener más capacidad (lo cual ya es decir) para continuar comiendo. Fascinante y a manera museo de antropología, las ancestrales recetas que aquí sirven son - gracias a la pureza y calidad de los ingredientes - verdaderamente espectaculares. Si bien iba por los buñuelos de pato bañados con mole negro (MMMMMHHH), esta vez me dejé llevar por el festival de moles y pedí un muy placentero pavo con pipián rojo (a base de pepitas y achiote) originario de Yucatán. De postre, sucumbí al potente nicoatole con zapote y me rendí ante el tamalito de chocolate relleno de pasas y almendras (asombroso, muchísimo mejor que el tamal de chocolate de Pujol). Larga vida al rey (qué digo "larga vida", si este tipo ya es inmortal) chef de la cocina mexicana: Ricardo Muñoz Zurita.
*Tengo que regresar a probar: Las enchiladas con jamaica y todos los platos de la carta que aún no haya probado.


Miércoles - Primo Bacio (Matías Romero 96, casi esquina con Adolfo Prieto, del Valle)
Nacido en Polanco, esta es una excelente opción para cenar a gusto ahora también disponible en mi muy querida Colonia del Valle. Junto a la nueva cafetería y los clásicos Tacos Don Manolito, esta trattoria italiana de ambiente informal cuenta con una carta simple y buenas opciones de vino. Las pizzas pueden mejorar, pero las pastas y los postres son buenísimos. Ordené una pasta Napoli, con pechuga de pollo, brócoli, pancetta y salsa ligera de jitomate, rica rica rica. Tienen el grandísimo detalle de regalarte limoncello napolitano fresquito. Si bien el fondant es excelente, esta vez me quedé con el biscotto di ciocolatto recién horneado, que me cautivó con sus texturas inesperadas.
*Tengo que regresar a probar: El salmón a la plancha, lo pidió una señora de la mesa de junto y se veía espectacular.

Jueves - Cerro Viento (Homero 433 esquina con Emerson, Polanco)
Bonito y nuevo (apenas abrió este marzo), me late que se nos va a poner muy de moda. Aparte de su buena ubicación, el gran gusto en su decoración y el ambiente más bien exclusivo (es fácil imaginar ya a las celebridades y socialités allí reunidos), su carta es amplia y refrescante, una mezcla entre cocina española y mexicana de alto nivel, muy al gusto de la burguesía mexicana. Si bien la chistorra y los sopecitos de marlin estuvieron muy buenos, no fueron nada del otro mundo. Lo realmente inolvidable fueron las carnitas de pato, con todo y tortillas y una salsa roja perfecta. De postre, la mousse de chocolate con almendras fue el broche de oro, de consistencia contundente y una presentación clásica, encantadora. Imperdible.
*Tengo que regresar a probar: El pollo "Don Jesús", por obvias razones.

Viernes descansamos (Pero comimos en El Huequito)

Sábado - Pablo El Erizo (Montes de Oca 6, entre Tamaulipas y Nuevo León, Condesa)
Lo primero es mencionar que el chef Efraín es de la Colonia del Valle, a mucha honra. Después, creo que no sé cómo seguir: este sitio es una delicia. Con una decoración inspirada en el mar, sofisticada y agradable, la frescura de los productos del mar y el concepto de cocina Baja Californiana te atrapan sin vuelta atrás. Magnífico para una tarde soleada cerveza en mano, los sopecitos de pulpo estuvieron exquisitos, y qué decir del aguachile de camarón: perfecto. Tuve el gran acierto de pedirme un pulpo a la plancha, acompañado con papas y frijoles negros perfumados con orégano. Pedí tortillas de harina y me dí vuelo. La textura suave y perfecta del pulpo, su sabor a mar, el toque mexicano de los frijoles...Inigualable. Una amiga mía reseñará pronto (en una de esas revistas que los chilangos leemos) el atún sellado con pistache (pude probarlo, remojado en salsa de soya con miel...para qué les cuento, soberbio).
*Tengo que regresar a probar: El capellini con mariscos.


Es domingo. Hoy me toca cocinar para los compadres de mis papás. Un día de estos me echo la receta de pasta con carne que ya empecé a preparar, a ver qué les parece.



Bonus:

No podía dejar de escribir, por si alguien no lo conoce aún, del que a mi parecer ofrece los mejores tacos al pastor del universo. Nació en la calle de Ayuntamiento (Para mayores referencias, eche un ojo a www.tacosygarnachas.com para encontrar fotos de Marco Beteta y un servidor chupándonos los dedos en ese lugar), pero tiene sucursales en la Nápoles y - claaaaro - en la del Valle, donde por cierto sirven buenos tragos hasta las 4 de la madrugada. Los amantes del pastor morirán con el taco de pastor especial. Mi favorito, el queso relleno de pastor. La sopa de tortilla, quizás la mejor de la ciudad. Los burritos, imposibles. El queso fundido con chistorra, fabuloso. Ustedes dicen.

A menos que Usted haya nacido o vivido una larga temporada en Boston (o así), los cupcakes siguen siendo un postre original para México, y este lugar va cobrando fama por la alta demanda que genera: antes de que las reposteras terminen de batir bien el frosting, mientras los cupcakes aún están del horno, ya están siendo vendidos. La estrella del lugar es el cupcake de mango con jamaica (de verdad explota en la boca), pero también los sabores de té verde o chai son muy novedosos. De entre los clásicos (chocolate -con chocolate y trozos de chocolate-, vainilla, red velvet...), sobresale el de zanahoria, especialmente porque el frosting de queso crema es probablemente el más rico del lugar.
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martes, 14 de diciembre de 2010

Tengo un problema con la autoridad (o no)

Con el eco del último suspiro de aire que transportaba el sonido de la palabra concluyente de la orden que hace un rato me daba la Doctora González: "...y evita hablar o usar tu voz.", me nacieron tantas ganas de cantar, que voy a tener que liberarlas antes de que me exploten todas las vísceras y haga un sangriento desastre en mi cama de enfermo, con esas sábanas blaaancas blancas.

Total, nada como un concierto imaginario frente al espejo para dar la bienvenida a los días de reposo absoluto que me acaban de mand...COF COF COF perdón, re co men dar.

Aquí una simulación de lo que ocurrirá en unos momentos en mi cuarto:


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Abrazar a México

"I know I can (I know I can)
be what I wanna be (be what I wanna be)
if I work hard at it (If I work hard at it)
I'll be where I wanna be (I'll be where I wanna be)"
- Nas, I Can, 2008

Tengo 28 años y, más con frecuencia que sin ella, siento que no puedo más con el cansancio. Pero soy mexicano: eso implica que puedo, y además que tengo que poder.

Hace unos días tuve - por razones de trabajo - el gran privilegio de estar en presencia de don Alejandro Martí y doña Isabel Miranda de Wallace. Fue una explosión de sentimientos. Cuando rezo en esas pocas noches que me da por acordarme de dios, después de pedir por mi familia, mis amigos y mi entorno, llegan a mi mente sus nombres, junto con la memoria de sus hijos, fallecidos a manos de secuestradores.
Me sentí feliz por verlos y escucharlos en persona. Me entró rabia, de la que salió lo de siempre: el deseo absoluto de cambiar México. Sentí también tristeza y una terrible noción de que el dolor que ellos experimentaron es mucho más grande que todos mis sentimientos negativos. Me moría por abrazarlos fuertemente. Ahogué las lágrimas porque soy un hombre ya crecidito y estaba en un ambiente de trabajo. Me quedé con las ganas del abrazo.

Días después, tuve el gran honor de estar - por trabajo también -, reunido con Mariana García y Edna Jaime, en México Evalúa, un centro de investigación y análisis al que sigo fielmente por Twitter y Facebook porque a mi juicio genera información valiosa encaminada a medir el desempeño del gobierno en materia de seguridad y gasto público con el fin de mejorar y transformar México en lo que debe ser, todo de una manera fina, ordenada, científica, propositiva, pacífica.
Edna tuvo a bien compartir conmigo su visión de México: su amor por esta tierra, su preocupación por ella, su motivación para seguir luchando día con día. Me moría por abrazarla. Pero igual: ella es una señora, yo estaba ahí por trabajo, me dio miedo estar fuera de lugar. Me quedé con las ganas, otra vez, de abrazar.

Me consta que Edna y Mariana se parten en dos, minuto a minuto, por México. Estoy orgulloso de ellas. Qué decir de Martí y de Wallace. Mexicanos ejemplares. Pensé en la manera de poder abrazarlos sin abrazarlos y encontré la respuesta. Abrazar a México es abrazarlos a ellos. Amar México, es abrazarlos a ellos. Pelear por los mexicanos, es pelear por ellos, así como ellos pelean por nosotros y por un país más seguro.

Abrazar a México es tomar consciencia de la pequeña parte de un gran agregado que cada uno de nosotros representa. Sentirse importante por haber nacido aquí y trabajar en este país. Importante por trabajar CON los mexicanos, POR y PARA México. No nos equivoquemos, aunque sea una frase muy repetida, es cierto: Cada vez que pensamos en México con optimismo (desde la realidad, conscientes de los retos, pero con optimismo), estamos abrazándolo. Cada que hablamos sobre México y lo sentimos grande, fuerte, poderoso y excelente, damos un pequeño abrazo. Cada que sentimos que SÍ, que nuestro trabajo, desde donde estemos, sea lo que sea que hagamos, es importante y útil para el desarrollo de México, estamos abrazando a Mariana y a Edna, y a Isabel, y a Alejandro y abrazándonos a todos, de una manera apropiada. Somos muchos más los mexicanos decentes que abrazan, que los que matan.

A partir de ese enfoque, tras el cansancio físico de días como este, me siento bien por estar agotado y haber forzado las últimas 4 horas de trabajo, cuando el cerebro y el cuerpo piden tregua. Casi creo que cuando no tenga esta sensación, voy a sentir que no estoy dando el 100% por México. Sentir que sigo con ganas de abrazarlo, cuando lo tengo ahí en frente. Mientras resolvemos cómo sentir que trabajamos bien por México, necesitamos sentir que trabajamos mucho por México. Sentir que nos fundimos en un abrazo con lo que más amamos. Porque no soy el único, tú que lees, seguramente, sientes lo mismo. Porque los mexicanos podemos - y tenemos que poder - abrazar a nuestro país.

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domingo, 1 de agosto de 2010

De cuando cené tacos con mi ídolo

Nunca descarté el sueño de conocer en persona a don Guillermo Arriaga Jordán, el director de Fuego y de tantas otras películas y libros que han cambiado mi vida. Imaginé el encuentro breve, durante alguna firma de libros, o un rápido estrechón de manos en alguna alfombra roja.

¿Qué diría Arriaga? es una pregunta frecuente que me hago cada que quiero evaluar algo importante que escribí. Leí que La Plaza de los Arcángeles es su lugar favorito y durante años, cada vez que estuve allí me mantuve atento por si lo veía. Siempre al llegar a la Unidad Modelo, anuncio que entramos en su colonia, orgulloso de tener un paisano tan grande como él. Basta con buscar su nombre en este blog para darse cuenta que su obra y su persona han sido por años obsesiones e inspiraciones para mí.

Si México pudiera hablar, seguramente agradecería mucho a Arriaga el gran trabajo que no
s ha puesto en boca del mundo, que nos llevó a ganar Cannes junto con él, que nos humaniza y redefine, que nos enorgullece de ser mexicanos. Fue pensando así que lo invité por Twitter a cenar tacos conmigo, y aceptó.

Dormí muy poco la noche anterior. Una semana antes del estreno de Fuego en nuestra Ciudad de México, ahí estabamos mi ídolo y yo, en la misma mesa de una taquería. Puedo contar con los dedos de la mano las veces en las que me he sentido intimidado: Estar en su presencia fue impactante.
El tipo tiene dos ojos centelleantes, claros y profundos que deslumbran. Difíciles de sostener porque son los ojos que concibieron mis historias favoritas. No logré destensarme, la emoción prevaleció. Guillermo (así me pidió llamarlo, y no Arriaga, que es como siempre me había referido a él) es asombrosamente humilde, amigable y tranquilo. Es un tipo fino. Es México: crudo y fuerte, revestido de generodisad, de cortesía.
Como en todas sus películas, la conversación siguió un desorden y dio vueltas alrededor de intercambios de impresiones sobre su obra, sus colegas y ex colegas, su también brillante hermana y muchas otras cosas irrelevantes. Fascinante. Como en cualquier cena entre amigos, nos contamos un par de anécdotas, nos reímos y brindamos, comimos muchos tacos. Fue mejor de lo que imaginé. Tuve el privilegio de contarle directamente lo orgullosos que nos sentimos de él, lo mucho que lo admiramos. No lo entrevisté, ya habrá otro momento (uno no entrevista a sus cuates en ocasiones así). Sin embargo - y permítaseme decirlo con orgullo y emoción -, podría apostar que ningún periodista pudo -en esa semana tan mediática para él- arrancarle las historias, confesiones y vivencias personales que me quedo para mí. Fue, sin duda alguna, una de las noches más especiales de mi vida y - afortunadamente-, parece que va a volverse a repetir.



jueves, 29 de julio de 2010

De cuando uno reencuentra una parte de sí (que en realidad nunca había perdido, y nunca perderá)

A mi amiga, Bárbara Barona Gutiérrez

Eres parte de mí.
Lo siento con el entusiasmo que la adrenalina de reencontrarte sige revolviendo alrededor de mí en este momento. Porque una vez más - y gracias a la vida por ello -, los astros confabularon para encontrarte sin planearlo de manera perfecta en una taquería que hace doce años, cuando andábamos por estas mismas calles juntos, aún no existía. Porque entonces tampoco existía este nuevo yo que amé poder compartir contigo, ni esa nueva tú que amé redescubrir hoy.
Porque sigo latiendo y
volé de regreso a mi casa sonriente. El cuerpo y el espíritu volvieron a encontrar esa alegría a la que estábamos acostumbrados cuando fuimos jóvenes. Fuiste mi primer amiga -junto con Victoria- en aquel horrible trance de cambio de escuela y míranos hoy. La misma casualidad que afortunadamente nos reunió entonces nos reunió hoy. Igual que siempre: cargados de sueños, cargados de respeto, cargados de amor. Míranos.

Eres parte de mí. Tus zapatos Dr. Martin morados. Nuestras idas a la Parrilla Suiza de Insurgentes para desahogarnos y hablar y reírnos mientras me atascaba de tacos y quesos y lomitos y chuletas con tocino y cebolla. Tu foto tamaño infantil dedicada al reverso el último día de clases. Tus cartas. Tus cartas dobladas primero en dos, después en triángulo y después de una forma extraña para formar un sobre. Tu letra de niñaadolescentemujer. Nuestros saludos en el ITAM. El pastel de La Balance que me trajiste un día de mi cumpleaños hasta mi casa. El imán que me trajiste de Europa (que aún conservo con cariño), que habla de las bendiciones de tener una amistad sincera y vasta como la nuestra. Todo eso soy yo.

Me llena de emoción y orgullo pensar que hay personas que pasan su vida esperando experimentar tener un momento como el que acabamos de vivir. Míranos. ¡Volvimos a vernos!
No sentí ni distancias, ni tiempos ni años ni nada: sólo gusto.

Eres parte de mí y por eso me siento FELIZ de verte plena, realizada y triunfante. Porque entonces, dondequiera que estés tú, allí me llevas, y una pequeña parte de mí está siempre contigo. Y me alegra saber de primera mano, que esa parte de mí que está contigo, va muy pero muy, pero muy bien. Te quiero.

domingo, 25 de julio de 2010

¿Rezar?

Han muerto 25,000 mexicanos asesinados durante este sexenio. Veinticinco mil. Descabezados, mutilados, acribillados, torturados. El motivo: La lucha contra el narco. ¿Qué hacemos cuado nuestro gobierno se enfoca en darnos los nombres, datos y señas de los criminales que captura, como si eso fuera lo importante? La tierra de México está cubierta de sangre. Y los padres que perdieron a sus hijos, y los hijos que perdieron a sus madres, y las fosas comunes en Ciudad Juárez colmadas de cientos de pilas de cadáveres que nadie reclamó. Ciento venticinco mil litros de sangre.
A los que quedamos, se nos acabó la sorpresa. Aprendimos involuntariamente a leer sin sentir las páginas de los periódicos y desarrollar defensas para no rompernos ante los asesinatos de paisanos desconocidos. La frustración se nos hizo costumbre, la impotencia se nos hizo normal.
A muchos se nos acabó también la arrogancia. Esa arrogancia de no rezar y maldecir a dios al llegar a la edad adulta. Con la cabeza agachada, los guadalupanos volvemos a pensar en dios tras la fuerte necesidad de un milagro.
Personalmente no creo creer en dios. Ya no sé rezar como sabía. Volví a hacerlo hace poco, al enterarme que la lucha contra el crimen de la que se ufana nuestro gobierno no parará. Porque como otros paisanos, no sé qué más hacer. ¿Negociar con el narco ante tanta sangre? No sabemos.
¿Negociar con dios por si acaso existe y de una vez por todas voltea a vernos? Ante esta lluvia de mexicanos muertos, yo sí.
¿Y tú?

jueves, 8 de julio de 2010

Mi encuentro con Marina

He muerto por escribir muchas veces aquí durante todo el mes pasado.
Pero el asunto es tan especial, que tras la entrada anterior, quería esperar a mostrar esto:
La Revista Lee + del mes de julio, incluye mi entrevista con Marina en la página 23 y puede encontrarse en todas las librerías Gandhi y en línea en: http://ghandi.com.mx/leemas/julio2010

*De paso, les recomiendo el artículo sobre Keith Haring que escribió mi alumno Ruy Feben en la págna 20.

lunes, 31 de mayo de 2010

Todo sobre Marina

Lunes - ¿Por qué "Marina"?
Tiempo atrás conocí y conviví de cerca con una señora de nombre Marina. La respeté siempre como la madre de familia que es, la admiré y aprendí de ella hasta que un par de incidentes – uno de ellos penosamente racista – desembocaron en la decepción de haber malgastado el tiempo en algo que en su momento pareció una amistad sincera.
Me arrepiento de haber sido su confidente porque frente a mí despedazó con palabras a su propia familia, su pareja, sus socias laborales, sus amistades, su psicóloga personal. Gracias a viejos amigos me he enterado que es mi turno y ya he sido despedazado yo también.
Lo reconozco: me duele. Es algo malo que he querido dejar atrás para convertirlo algo positivo. Siempre pensé en venir a este espacio a desahogarme, transformar el mal sabor en algo distinto a través de la escritura, sin encontrar cómo.
Esta semana las señales son claras: esta historia tiene a todas luces un nombre de seis letras, “Marina”, y está lista para ser contada.


Martes - Marina reaparece por duplicado

La semana pasada recibí un correo electrónico de Marina. Con la seguridad y la amarga satisfacción que queda de haber sido en su momento el más cercano amigo de alguien, reconozco que - tras tantos meses de intentar pasar la página y dejarla ir de mi vida -, volver a leer su nombre en mi buzón, como hacía tiempo no sucedía, me desconcertó.
Recordé todas esas conversaciones en las que uno deposita confianza y comparte sueños: publicar, crear, crecer como profesional y como persona.
El mismo nombre, las mismas iniciales que la otra. De inmediato respondí y unas horas después levanté el teléfono: era, precisamente, una Marina agendando la cita de mañana. Voy a hacerme bolas con tantas Marinas, pensé. Ahí estaré respondí.

Miércoles - Mi encuentro con la gran Marina
"Mi sono innamorato di Marina, una ragazza mora ma carina (...)
Marina, Marina, Marina...ti voglio al piu presto sposar."

Toco el timbre y reconozco su voz. Marina herself. Subo corriendo las escaleras, me abre y la saludo. Conocerla es un placer. Estudió letras, historia, psicología y música en Harvard, Stanford y l'École Normale Supérieure de Paris. Ahí nomás. Vengo a entrevistarla por su nuevo libro: Amores Virtuales. En suma: me sorprende la calidez de una mexicana excepcional como Marina Castañeda Gutman. Su espacio es exactamente como lo imaginaba: el de una psicoanalista con un gran gusto, muebles vanguardistas en un espacio simple y exquisito. Compartimos un café delicioso hecho por ella misma, enciendo la grabadora e inicio mis preguntas. Leí el libro en una sentada: en efecto, su ritmo es trepidante. Mis preguntas estaban cuidadosamente estudiadas, y ella respondía magistralmente, con más de la maestría que yo esperaba, a pedir de boca. Quedamos de pronto ir a comer tacos.
No había ya ninguna otra Marina más que ella, ni allí ni en mi vida. Esto podría titularse como el refrán: jarrito nuevo dónde te pondré, jarrito viejo dónde te aventaré. Cuando terminó la entrevista, lleno de admiración mientras me despedía de ella con un respetuoso y fuerte abrazo, la otra Marina salió - para siempre - despavorida de mis recuerdos.

Jueves - Mi nueva Marina
"Amores Virtuales", me es al mismo tiempo ajeno y cercano. En cualquier caso, es emocionante. Bajo el sello Plaza Janés de Random House Mondadori (amo el nombre de esa editorial) Marina nos cuenta la historia del psiquiatra viudo Ulises Blanco, quien recibe una serie de e-mails anónimos que le cambian la vida y lo sumergen en la realidad virtual. Ulises busca resolver quién de todos sus pacientes (o su entorno) es MOrfeo, el remitente de los e-mails.
Los personajes - aclara Marina - son ficción, pero bien es posible imaginarlos en la vida real. Siempre quise contar la historia (real) de esa millonaria amargada que vive aislada y resentida a falta de cariño, con ese toque psicótico que la convertiría en sospechosa de escribir e-mails anónimos. Pero no hizo falta: Así son Jaime, Pablo, Rosario, Mariana, Irma, Raquel o José. Disfuncionales, infelices y de alguna manera involucrados con el mundo de las redes sociales.
El doctor Ulises Blanco llega incluso a probar terapias psicológicas virtuales y a visitar zoológicos ficticios que sólo existen en el ciberespacio...Marina nos desvela un mundo fascinante que el protagonista sabe aprovechar para regresar a su vida y la de los suyos, ante un inesperado e inteligente final. Muy ad hoc con la temática, el primer capítulo puede leerse en Facebook.

Viernes, sábado, domingo y resto de los días
"Hay que saber agradecer cuando la vida se lleva con el viento
a quienes no necesitan estar con nosotros". - la mis
La relevancia de Amores Virtuales radica en que analiza la nueva psicología que vive el mundo a partir de internet. Según Marina, internet es el nuevo inconsciente del ser humano: ese espacio donde las fantasías se realizan y viven como si fueran realidad. Motivados por el deseo de gratificación instantánea, las personas vivimos relaciones, amistades, romances...a través del internet, otorgando credibilidad a desconocidos y engañadores potenciales, y de paso también presentando una imagen de nosotros construida según lo que queremos que perciban los demás.
Estamos tomando atajos falsos y evitando el proceso de construir las relaciones: los ratos juntos, el compartir la vida, los paseos, las confesiones. Quizá es toda esta serie de vivencias experimentadas en la realidad la que hace más fácil dejar de seguir a alguien que conocimos por Twitter (o bloquearlo en el Facebook) y más difícil superar la decepción de perder una amistad que uno en su momento considera verdadera.
Agradezco a Marina Castañeda Gutman, y a su agente en Random House Mondadori, Marina Castillo, la gran oportunidad que antes de conocerlas no tenía, pues sin saber me regalaron una imagen mental positiva, sana y admirable de ese nombre que tanto ha retumbado en la historia reciente de mi vida. Gracias a ellas, lo logré: escribí algo positivo al respecto y Marina es hoy, otra vez, sinónimo de amistad.


jueves, 20 de mayo de 2010

Aquí estoy yo

(A mi amiga Lore)

"Aquí estoy yo para darte, mi fuerza y mi aliento"

- Una canción que me encanta cantar

Ya lo sabíamos.

Sí: fue una sorpresa, como todas las pérdidas, por muy anticipadas que sean, pero lo sabíamos. Lo habíamos hablado alguna tarde de amarga conversación que sale a cuenta como lo menos en nuestros ratos siempre alegres: Este momento se iba a cumplir como se le cumple a todos los seres humanos. Tenías que estar preparada.
Lo estabas. Lo estuviste siempre por ser una hija ejemplar.

Aunque no lo sepas, cuando ocurrió, ahí estaba yo, abrazándote.
Estoy aquí en el más triste de tus días (que ya, ya pasó), así como he estado en los felices, en los difíciles y en los fáciles. Así como estaré siempre. Recorrí antes que tú un camino similar y quiero que aprendas lo que puedas de cuando me tocó a mí pasar esas noches tristes de dolor ante las pérdidas. Quiero que pases el menor número posible de esas noches, porque no hay necesidad. Porque donde esté yo, siempre estás invitada a cenar y a quedarte.

Escribo esta entrada con ceremonia, con cariño y en público, para que no quepa duda y sea más que manifiesto, que en cualquier momento, cuando haga falta y cuando no, aquí estoy yo.
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miércoles, 12 de mayo de 2010

De las cosas que mueren

Quien diga que puede superar la ausencia de todo lo que muere, que deje un comentario al final y nos explique al resto de la humanidad cómo se hace. Que le digan al religioso que no llore ante la tumba de sus seres queridos, a ver si puede. Mis desconfianzas totales para quien pueda.
Mis desconfianzas totales para quien no extrañe, para quien no note el hueco eternamente vacío e imposible de rellenar que ha dejado todo lo que se fue, para quien no deteste a la maldita ausencia mordiéndole con todo su poder.
Con la modestia de ya no ser lo que se alaba, hoy lamento la muerte de mí mismo hace unos años. Sigo creyendo inconscientemente que soy él: tan despreocupado, tan excepcional. Mi autoimagen sigue siendo la suya aunque él se haya extinguido junto con el mundo perfecto en el que vivía. Quizá lo que muere son los mundos. Qué lejanos los universos y los tiempos en los que no había que demostrar éxito, ni desquitar las colegiaturas invertidas en uno, ni lamentar pérdidas humanas o materiales, ni traer cartera con tarjetas, ni leer los periódicos o pagar impuestos.
Nuestra tragedia está en que los mundos y las personas que mueren (aunque seamos nosotros mismos los muertos), en realidad no regresan nunca. La ilusión del retorno es justamente eso. He intentado tantas maniobras de resucitación de mi yo antiguo como han sido posibles sin éxito.
Hoy que he perdido muchas más cosas que mi yo lo entiendo: este es el único mundo que tengo, y aunque siempre honraré y añoraré lo que murió, no queda otra más que encontrarle sentido al presente antes de que - a su vez - muera, y empecemos a llorar su pérdida.