sábado, 3 de marzo de 2007

Semáforo

Ella espera
a su mamá a las siete. Donde siempre. Lo sabe de memoria. Pero no sabe qué hora es. Es niña y princesa: lleva un vestido de altos vuelos blanco con flores rosas, del que entresalen sus delgados brazos, sus huesudas piernas, con esas rodillas que a ella no le gusta mirarse porque le parecen negras, arrugadas, como las de esas mugrosas re-feas. Las venas del cuello de la tarde parecen bombear con más fuerza conforme pasan los minutos y teñir el horizonte de un azul cada vez más oscuro. Pero es princesa y nadie se fija en sus rodillas: si sonríe todos van a ver el contraste de sus dientes blanquísimos resplandecer entre la oscuridad de su piel. Millones de coches, motos, autobuses, metrobuses y camiones encienden caudas multicolores y desordenadas en las principales calles y avenidas, haciendo ver a una niña de estas pequeña, frágil, estáticamente hermosa ante los cometas metálicos que sólo se detienen ante las luces de un semáforo. Tiene poquito pelo: está rapada del número 1. Cabello muy cortito, como de cadete militar. Y se siente princesa con su vestidote. Su amado vestido mágico con el que impresiona a su hermanito, contándole que cuando se lo pone vuela. ¿Qué hora será? Ya sabe bien que hay que estar alerta, tener paciencia y “no echar relajo”: mirar pa’ todos lados antes de caminar no vaya a venir un carro, esperar las luces del semáforo. ¿Será hora? ¿Será temprano? ¿Será noche?
Ella choca
estridentemente los grotescos dientes manchados de lipstick escarlata mientras a penas frena rechinando las llantas del Tsuru rojo – sucio, destartalado, con un signo de $ en la ventana que parece vivir y querer persuadir a los posibles interesados de no caer en el error de comprar semejante carcacha disfrazada - ante la luz roja del semáforo. La irregularidad en su abultado rostro se descompone aún más ante la visión de una niña pelona, que la mira fijamente y se acerca a ella. Piensa que esa escuincla seguro estaba infestada de piojos, caspa y pulgas y tuvieron que raparla en uno de esos hospicios – qué asco, qué horrrror - de gente buena que los baña y los cuida como la esposa del jefe, para que luego los pinches desagradecidos salgan a asaltar, y estas a putear en las esquinas y en el mejor de los casos a embarazarse para perpetuar la especie de los limpiaparabrisas muertosdehambre.
Las gotas de espeso sudor escurren entre las sienes entintadas. No! Nno! Grita, y las imitaciones de pulseras inundadas de cuentas abrazadas a su muñeca izquierda suenan como palos de lluvia piratas. No y ni te me acerques, sabrá Dios qué animaluchos traes [y yo me acabo de poner el tinte pelirrojo de Garnier que me salió bien carísimo. Además veo super bien aunque el vidrio esté sucio]. Eso, vetelárgate bye...
Se dice que la escuincla ahora no lo entiende, pero que si le da limosna seguro nomás patrocina el vicio del pinche drogo vago de su padre que obvio es el que la tiene pidiendo en las esquinas. Se felicita, se dice que de noche va a rezar por esta niñaja a las ánimas del purgatorio – tan milagrosas que son -, después de todo, ella es una buena católica y estamos en tiempo de recordar y vivir las enseñanzas del Señor y amar al prójimo como a uno mismo, al fin, ya nos lo dijo el padre el domingo.
Algo con aspecto asexuado muere
de nostalgia ante el vaivén que al caminar dibuja una niña sin pelo. El aturdimiento dificulta la represión del sollozo, distrae del coraje de ver cómo el coche de enfrente ha frenado con semejante irresponsabilidad. A la derecha encuentra el letrero formando un tache: MEDELLÍN / BAJA CALIFORNIA. Debo estar en la Roma o la Condesa. Y estoy viendo a mi hija viva dentro de otra, caminando con su vestido rosa. Esta tarde la ausencia era insoportable. Un par de lentes enormes, por si llega puntual y violento el llanto hoy también, como siempre. Una sudadera más grande que su talla – lo más lejano al placer del lujo en el vestir del que hoy voluntariamente quería privarse, para sentirse sin distorsión - percudida, casi monstruosa, ámbar o quizás dorada o mostaza; con la capucha puesta impidiendo a todos saber si tiene cabellos o género o cuerpo.
En absoluto anonimato salió, sin rumbo, sufriendo el despiadado flagelo de la pérdida, del vacío, del silencio. Total, ni perro que le ladre. Una auténtica alma en pena, fantasma. De su propia muerte se enterarían días o meses después: nadie notaría que no está. Y cuando no esté, nadie va a llorar. Nadie.
Hoy quiso ponerse en movimiento, como si ir hacia delante precipitara el momento del reencuentro con todas esas personas que amó y se le fueron. Con todas las que algún día besó y extraña. Como si moverse fuera a acelerar el toparse con aquellos a quienes abrazó o conoció y le fascinaron. Todos están en el extranjero, o perdidos, o en algún lado muertos porque eso del cielo ni quién se lo crea, y eso de que dios existe, menos. Godmoney [Buena movie...]. No quedaba ya ninguno ni nada, sólo una especie de certeza de que hay que continuar viviendo, andando – keep walking, pensaba – sin parar hasta recuperar lo perdido. Rebuscando entre los compartimentos, quiso encontrar monedas, deseó invitar a aquélla creatura a comer, quizás entregarle todo lo que tenía, acumulado por su familia durante perezosos siglos en este país de castas, abundante pero inservible para quien no tiene a nadie. Salió del trance, volteó, la buscó: con la vista al frente y el ceño fruncido, se había perdido, se había bloqueado. La niña, desesperada (o ignorada) se había ido de su lado. Entonces, ahí, justo a las 8 en punto, lloró.
Él acierta
al escoger y presiona el botón de Play en el estéreo de su Jetta verde, que como un acuario con ruedas, espera paciente el alto. Digo acuario porque todos los entes invisibles de los dos ocupantes van nadando a ventana cerrada, como si muchas especies marinas revolotearan en el relativamente pequeño espacio de esta nave. Son los complejos, las emociones, los secretos, los atributos del yo, los suspiros, las palabras por decir, las células muertas, los miedos, las ideas nunca dichas, y todos esos elementos que cada uno cargamos y que son partes abstractas de nosotros mismos. El célebre piano de Chris Martin suena en el track 1, reproduciendo el clásico Clocks.
Ella, pequeña viaja ignorando su hermosura en el asiento del copiloto, preguntándose si le gusta ocupar ese espacio y si quiere quedarse mucho tiempo con él. No distingue si tiene ganas de él en específico, o solamente tiene ganas de alguien. Sin duda, ella y sus entes flotantes se sienten atraidos hacia él, especialmente por sus defectos. Igual que una pequeña abolladura resalta más en un coche nuevo y moderno que un daño grande en un vehículo viejo y destartalado; a ella le encanta la cicatriz de pelea arriba de la ceja, y la panza cervecera de alguien que por definición es joven, estudiado, inteligente, impecable. Pero no está del todo segura. La versión del Rhythms del Mundo la sorprende, nunca se imaginó escuchar esta canción en ritmos cubanos, con tambores, percusiones y trompetas de fondo.
Por su parte, él y todos sus entes mueren por invitarla a quedarse siempre con él: quizás por primera vez se siente enamorado, le fascina la perfección de ella en todos los ámbitos. Tal vez es que todos sus elementos invisibles, entre tanto enfrenón y ajetreo del tráfico de la caótica Ciudad de México, se han revuelto y lo han hecho sentir así: alborotado, locamente seducido. Aún lleva el sabor de la pasta, el tinto y la buena conversación de ella en la lengua; y está esperando un postre de beso dulce, pero no sabe cómo obtenerlo. Nunca ha sido bueno para esas cosas.
Una niña morena y delgadita, tiernita, con un vestido de flores se para junto a su coche. Parece querer hablarle. Sin pensarlo, conmovido comete el trágico error de presionar el botón para abrir la ventana y escucharla.
Entonces, todos los entes invisibles de los dos se precipitan hacia fuera del coche-acuario: el enamoramiento, el encanto, la deliciosa inseguridad de la primera cita salen - entre otros - disparados hacia la calle y caen al suelo, entre llantas, polvo, asfalto y basura.
Y así, unos segundos después ella se aclara: él no es tan divertido, está sobrado de peso y la soltería es rica. El coche deja de ser acuario, y vuelve a convertirse en hierro muerto que transporta a una mujer de regreso hacia su casa. Él razona otra vez bien, siente un deseo sexual desbordante, mira con lujuria la magnífica pierna bronceada de su acompañante y sabe que esta noche todavía no va a tener ni siquiera el pasional beso húmedo y largo de lengua que tanto se le empieza antojar, así que es mejor acelerar y dejarla en su puerta cuanto antes.
Nunca volverán a verse.
La princesa morena,
medio impaciente, desconcertada y valiente, no entiende por qué nadie le hace caso. No comprende las muecas groseras ni las caras de chango; no concibe – menos mal - que las expresiones de desprecio y asco son dedicadas a ella, ni mucho menos sabe la razón de los índices diciéndole que no, agitando el aire con fuerza, como amenazándola, persuadiéndola hacia el retroceso. Se confunde ante la indiferencia. En cámara lenta, las patéticas puntas de las lenguas tocan la parte de atrás de los dos dientes frontales, orquestando una clara imagen de N descomunal: la primer letra del asqueroso Nnnno! en las mezquinas bocas. ¿Quién en su sano juicio asumiría que esta niña es limpiaparabrisas? - Nadie. En realidad, no hay indicios en esta historia que lo sugieran. Es mas sugieren todo lo contrario. La mujer pelirroja es tan sólo un excepción, un dato aberrante. ¿O no?
Luego, alguien como de película de espantos que no sabe si es señor o señora no se mueve, nomás hace ruidos raros, le da miedo. No la vaya a asaltar, ya ves que es bien peligroso andar en la calle cuando es de noche, si ya se lo dijo su mamá, y su mamá lo sabe todo. Siempre lo ha sabido.
Se mueve entre los coches y no piensa Mamá no ha llegado, ni mucho menos mamá no va nunca a llegar. Solamente busca en su mente respuestas: ¿ Qué nadie ve mi vestidote de princesa? ¿Por qué esa señora me dice que no tan feo?¿Por qué est'otro no me pela?
Del tercer coche, que es verde y se paró en el alto sale una música como de cumbia o salsa pero cantada en inglés. Ella se acerca, golpea despacito el vidrio, como que al principio el joven no escucha, pero al final, quién sabe cómo se baja la ventana solita, como si fuera mágica. Algo más que una brisa, sale disparada desde la ventana y le acaricia la cara como una lluvia de plumas, o una invisible tormenta suave de nieve que cae en horizontal (o algo así maravillosamente extraño, millones de partículas en cascada, dificil de describir porque ella nunca ha sentido una tormenta de nieve ni ha visto jamás una cascada).
Él voltea y la mira, así ella puede por fin preguntar lo que los conductores de los dos coches de atrás no le permitieron...

- Oiga joven: ¿A qué horas son...?

miércoles, 28 de febrero de 2007

Se me antojó...

"Lost in a February song...Tell him it won't be long¨[...] Morning is waking up and sometimes it's more than just enough, when all that you need to love is in front of your eyes. It's in front of your eyes..."
Josh Groban, February song, Awake, 2006.
(En el último día del primer febrero después del lanzamiento del disco que contiene esta canción)
He tenido - por fin - mucho trabajo, no sé si porque de verdad llegó o porque dejé que se me acumulara. De cualquier manera, hasta en el ámbito laboral ha salido a flote el masoquismo: ayer, me paré un minuto a ver cómo me estaba sintiendo, y resulta que fue el mejor día desde que entré, descubrí que estaba contento porque había presión, estrés, dificultad, un reloj de arena en mi contra...
El caso es que hoy desperté temprano para llegar temprano y tuve la suerte en un semáforo de ver a un niño como de siete años, con su uniforme bien limpio y planchado, esperando el camión con su mamá, una mujer joven, de muy buen ver que lo abrazaba y lo besaba con un cariño que casi me pareció puesto como para película de esas buenas como La vita è bella para que lo viera yo. Me dí cuenta que el niñito traía el cierre abajo, como toda la vida yo y asombrosamente me ví a mí mismo. Pensé que hace seis años estaba apenas empezando la carrera y que en seis años un chavito así pasa de primero de primaria al examen de la secundaria.

Y se me antojó ser chico, darle al espiro en el recreo, reírme y gritar en los patios como era mi manía y de repente sigue siendo, no saber que voy a morirme ni que mi abuela iba a morirse, quedarme dibujando en el salón mientras los otros jugaban el fut que tanto detestaba, tener una lonchera (!!!) y abrirla para encontrar no sé, un lonch de esos excelentes que en su momento te daban algo de vergüenza con los colegas, como una buena torta de frijoles con huevo y rajitas que te había puesto tu mamá, mmmmmmmhhhh, si la pillara esta mañana, qué manjar... Se me antojó tener voz de niño y cantar como cantaba las canciones esas que cantaba, tener otra vez el pelo lacio (y peinármelo de raya al lado jeje), pararme en un patio y saludar a la bandera, jugar las trais y decir pido, oler el coche de mi papá a nuevo y mirarlo enorme mientras me llevaba a la escuela y me prometía cosas si sacaba buenas calificaciones, dictarle el juramento a la bandera a tooooooda la bola de idiotas que iba conmigo en la escuela, beberme un Frutsi (o Paupau) mordido por la parte de abajo y luego patearlo con otros cuates, ir a la salida a comprar a escondidas con los cambios robados ahorrados colectivamente algo prohibido llamado Pléiboi que ni sabíamos qué era, formarme en la tiendita de las donas porque me había portado bien y mi papá me había dado mil pesos (de los de entonces, siempre he sido roto, me acuerdo que otros imbéciles llevaban por ejemplo tres mil, y aparte de la dona les alcanzaba para unas papas estupendas con limón y salsa en bolsa transparente. Pero yo era feliz con la dona de chocolate). Se me antojó no saber tantas cosas y vivir feliz, se me antojó abrazar a mi madre la de antes, la que nunca lloraba ni estaba triste ni se veía mal (o por lo menos yo eso pensaba). Ir de la mano en las calles con mi hermana, volteando exageradamente hacia todas direcciones para evitar que viniera cualquier coche y rigurosamente caminar por la línea de peatones, con miedo de que nos pasara algo pero apretándola quesque valerosamente para "defenderla" si la ocasión lo ameritaba...

Y luego pasé por un edificio en obras, y los albañiles desayunaban algo rico rico, olía a tortillitas calientes, a una salsa para morir, creo que eran chilaquiles. Ahhhh....
Hace un sol para renunciar hoy mismo, justo cuando ayer tuve el primer día excelente, y salir a caminar por Reforma y ver cuántas más escenas y olores te regresan el optimismo perdido.

Esta mañana creo que sentí algo de felicidad.

Todo si no fuera porque junto a mí el güey del escritorio de al lado no desayunó y casi le robó el momento optimista y chido a mi relato hacia ustedes, porque mientras que yo me aferraba a la felicidad de querer ser niño, el tipejo abría una lata de refresco como si fuera antro y la masticaba o yo no sé; mientras yo trataba de pisar la línea de inmediatamente antes de lo cursi para recrear lo que sentí intentando clausurar mis oídos, el cabrón sorbía como excusado, como alcantarilla, como cloaca. Porque cuando yo tenía ganas de crear un mood tranquilo, soleado, dorado, con las palabras; sacó unas galletas o yo qué sé qué haya sido y se las empezó a devorar como si fuera un animal, una bestia, un alien de esos hambriados que no puede cerrar la boca, un cerrrrdo. Agggggg
Y entonces, pues ya fui terminando el escrito, tratando de guardar la compostura y no derrumbarme de disgusto. No permitir a sus impresionantemente cochinos ruidos acabar con la poca felicidad que una mañana clara me trae.
Entonces, se me antojó.
Se me antojó ser rico y no tener que trabajar junto a Na-die...- en estos momentos sigue aspirando la lata como marrano - . Se me antojó empujarle un puño hasta el fondo de todos los dientes (que no usa por lo oído) o dos - el segundo en el ojo a ver si se le ennegrece -, o tres - el tercero en la nariz, a ver si aprende a comer como persona -.
Se me antojó empujarlo por la ventana o hacerle una especie de manita de puerco profesional quebradora y rompedora de huesos de brazos o espalda y uno que otro dedo mal plan que quedaría muy ad hoc, o reventarle la pantalla de su computadora en la jeta, o darle de batazos mientras le grito CÁLLATE =%&*$"! Y NO LO VUELVAS A HACER, o hablarle a mis amigos que laboran aquí conmigo pa' que me ayudaran a patearlo en el suelo como perro igual que en una escena de Good Fellas (gran película) o algo así, o todas las anteriores...

Total, que la felicidad nunca es completa, a uno nunca le queda claro si es masoquista o sádico o ambos, y yo me regreso a preparar informes, que hay que entregarlos pronto...

lunes, 19 de febrero de 2007

México Dé eFe - Mexico City - Мехико - Mexico - Cittá del Messico - Mexiko Stadt - 멕시코 - Meksyk - Cidade do México - Mexico-stad - Meksikon kaupunki

"Estoy escribiendo esto al final de un hermoso día en la Ciudad de México [...] El cielo aquí puede ser azul obscuro algunos días, grisáceo otros o sepia y contaminado. Esta es una ciudad de contrastes. Quizás eso es lo que más amo: que nunca es uniforme. Y nunca perfecta. Puede ser la más bonita o las más fea, y a veces ambas al mismo tiempo [...] Mis lugares favoritos no están listados en las típicas guías de turistas. Amo las panaderías, donde puedes encontrar pan recién horneado desde la mañana hasta la noche. Amo los extraños colores de las casas, que nunca combinan entre sí. [...] Amo el lenguaje de mi ciudad - maldecir en chilango (aquellos nacidos en la Ciudad de México son llamados chilangos), insultar a alguien con un Chinga tu madre. Amo a la gente de mi ciudad. Contradictorios como el infierno. Fuertes, generosos, optimistas, herméticos, amables, agresivos. Todos aquí pelean por ganarse la vida [...] La carne y hueso de mi ciudad. Amo el hermoso desorden, el sentimiento de que mi ciudad siempre está viviendo en el límite. Es una ciudad con espíritu, con carácter. Una ciudad con pulso, un feroz latido. Una ciudad donde puedes oler, tocar, sentir humanidad. Mi ciudad."
Guillermo Arriaga, cazador y escritor - de la prodigiosa Los Tres Entierros de Melquíades Estrada (con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2005), la profunda 21 gramos, el entretenido El Búfalo de la Noche (ya en librerías y próximamente en cines de todo el mundo), la sórdida y famosa Amores Perros y la que el próximo domingo ganará el Óscar a la mejor película Babel - nacido en mi ciudad.

Hoy tenía intención y no sabía qué escribir. Estaba revuelto con algo de smog, pesimismo, desidia... Entre el tráfico, tuve un encuentro con la Diana Cazadora, me vale madres si me creen o no. Justo del tamaño perfecto (no es tan chiquita), desnuda, con su frente a la altura de mis ojos, sus labios a la altura de los míos me miró y me abrazó, haciéndome sentir estatua. Quedito, entre delirio y delirio me platicó cómo nos vé cabizbajos y apáticos cuando podemos tenerlo todo. Me recordó quién es mi gente y mis paisanos, me besó y me dejó en shock: No pude creer que los chilangos hubiéramos olvidado nuestra esencia. Me pidió la Diana, que por un ratito borrara lo malo de mi consciencia y me invitó a ver libre de prejuicios desde lo alto nuestra ciudad. Y entonces, escribí...

En el mejor de mis momentos, el día en que mis dedos alcancen la gloria, es porque soy mexicano. Es porque soy chilango. Es porque respiré ansioso de vida el cósmico aire de esta ciudad mientras mi madre me paría tranquila en el Hospital de México y desde esa primer bocanada sentí que era hora de celebrar sacrificándome junto con mi generación entera por que nuestros herederos sigan disfrutando esta maravilla. Y ganar. Y ser grande. Y explotar millones de veces en mi vida ante todas las tonalidades de sentimientos posibles entremezcladas, como sólo sabemos hacer los chilangos. Y así, escuinclito, chilanguito, lloré en los brazos de una enfermera. Lloré como me encanta y amo pero detesto y me choca: como mi Dé eFe que me destruye y me nutre. Ahora de hombre lo entiendo. Lloré de felicidad por haber caído donde caí. De gratitud por mi hermosa abuela que nació en San Antonio Tomatlán, antiguo barrio del Centro Histórico, ahí donde está el zócalo y la bandera que tanto nos mueve porque salvajemente nos grita patria y donde llegaron los aztecas y encontraron el águila y el nopal y la serpiente; ahí donde nuestras piernas se sienten como raíces. De alegría por contener esta sangre tan roja, tan verde, tan rosa, tan amarilla, tan naranja, tan azul clara, tan plateada, tan mexicana que no puedo negarla. Y ni quiero nunca. Sangre que a través de los ojos de mi otra nacionalidad, la española, sale a cuenta como lo más personal y mío que tengo. Sangre que me hermana con 21 millones de habitantes, que no paramos de movernos, ni dejamos de tensar los músculos o reventar los corazones o forzar las gargantas; que somos tan distintos y tan multisabores, pero que tenemos en común más que el amor como motor de nuestras vidas: porque todos sin excepción nacimos para ser los mejores. Estamos aquí para alcanzar los triunfos, para adueñarnos de lo mejor. Y lo hemos olvidado, a base de concentrarnos en lo que no nos conviene. Es tiempo de recordar que traemos éxito y prosperidad en las venas, que fuimos diseñados para vivir bien todos. Llegamos al lugar donde la tierra tiembla más fuerte porque somos los más resistentes, los más animosos, los más aptos como diría Darwin. Los chingones como diríamos en nuestra lengua. Los impetuosos cargados de fuerzas, los excesivos y tenaces. Eso somos los chilangos.


Y así miré los coches, sentí el aroma de un trompo doradito de tacos al pastor muy rojo y con un poquito de piña, ví los techos caprichosos de las casas y las parejas libres haciendo el amor en las azoteas (según la Diana desde hace mucho se nos acabó el conservadurismo), oí a las adolescentes cantar en chilango a punto de morir de amor y olí los rezos picantes y las lluvias aguardentosas de abrazos y escuché la mezcla de cláxons con pájaros, guitarras y aceite hirviendo. Percibí el perfume armonioso y dominante de las flores de Xochimilco muy por encima de la capa de smog y algo en la punta de la lengua me supo a beso de jamaica dulce y al tragar a sensual tequila con limón (sin semillas, claro). Y me sentí embriagado. Afortunado. Alto. Chilango. Hoy entendí muchas cosas.
Si don Guillermo Arriaga gana el Óscar este sábado y es de pronto el mejor escritor de todos los tiempos, entonces ya sabemos por qué...

jueves, 15 de febrero de 2007

Ya tengo chamba (Y tenía razón)

"Well, they said it was time for changing, rise and shine everybody's making it, but you... And they told you to trust your dreaming but it's hard to believe a feeling that you just don't know " September, Satellites, September, 2006.
Hace muuchos años, una desagradable parte de mi rutina era visitar la oficina del director de mi prepa.
En aquél tiempo, Jesús se dedicaba a cultivar su sed de revolución en contra del sistema impuesto por los profesores y alumnos "populares", junto a los otros seres obscuros y sediciosos del plantel. Torres, el director, sabía que los ex-molcajetes punk estaban conmigo y que nunca se puede subestimar la fuerza de los wannabe políticos/artistas/intelectuales y ñoños cuando se reúnen a temprana edad para conspirar. Entonces, en un patético intento por calmar las aguas, decidió mandarme llamar on a regular basis para "sugerirme" y "aconsejarme" cómo controlar mi "impulsividad y actitud retadora" que según él no me llevarían a nada bueno. Aha... Quesque era psicólogo, me acuerdo que me decía "no digo que la ironía sea mala, pero es que tú la usas en exceso, y todo exceso es malo". [Duh]. - Oiga quéeeee inteligente es Usted proooof...
Y así fue que ante mi rotunda negativa para estudiar una carrera una pregunta recurrente de Torres siempre fue: ¿Cómo te ves en 10 años?? "Pues viajando siempre por el mundo, trabajando de lo que sea para sostenerme, ir parando de ciudad en ciudad para conocer la cultura, tocar la guitarra en las noches para conocer gente y compartir con ellos ideas, aprender idiomas, comidas y costumbres, y cuando ya esté a punto de echar raíces, agarrar la maleta y escapar hacia otro feliz destino".
El punto es, yo NO quería ir a la universidad, NO veía la utilidad de estudiar una carrera respetable. Torres me decía "tienes que aspirar a tener un buen trabajo, mira, ahora ya hasta a los veladores les piden prepa, y tú tienes que vivir bien" y sacaba un recorte del Aviso Oportuno. Aggg.
Alguien me había dicho que lo que estudias en la uni no te sirve y que todo lo aprendes en la calle y de ahí me agarré. De ahí y del famoso "sigue tus sueños". Si acaso, decía, entraré al CEA. Pero luego venía el quiero ser médico, mmh no: embajador, bueno, filósofo, no, mejor pongo una taquería y así, ad infinitum (Nunca pude, ni puedo, renunciar fácilmente a las posibilidades que al final no escoges), para luego regresar al LA UNIVERSIDAD NO SIRVE DE NADA, lo que estudias no sirve de nadaaaa.

***

Y así, después de sacarle a mis padres unos meses de viaje "para pensar qué voy a hacer de mi vida", quesque a aprender francés (y eso sí aprendí), durante los cuales me evadí y me dediqué a leer y beber mucho vino en una tal la Guignette [ahhhh qué tiempos aquellos], acabé en el ITAM. Como nunca hice examen en las universidades, escogí esta institución porque tenía pase automático pa' entrar ahí. Los pases automáticos son geniales. Y de carrera, pues Relaciones Internacionales, porque tiene un poco de todo. Utilicé la vida universitaria como modus vivendi: como pago a cambio de vivir con mi familia y comer en mi casa sin pagar renta. Para que me mantuvieran pues. Y en clase no aprendí nada que no pude haber aprendido en la calle. Dejé de ser ñoño por cierto, dramáticamente.
Entre crisis y crisis, y durante las muchas faltas, conocí mucha gente. Lo único que me detiene antes de pensar que me arrepiento de haberme metido a la universidad son mis amigos. De ellos sí aprendí.
Acabé mi carrera y, después de largarme unos meses de viaje, ahora sí en serio para pensar qué voy a hacer de mi vida, quesque a aprender alemán (y eso sí aprendí), durante los cuales me evadí y me dediqué a escribir y beber mucha cerveza con limón en diversos puntos de un tal Prenzlauer Berg, acabe hoy aquí, comenzando un nuevo trabajo.
Todavía en 2006, y bebiendo una sedosa copa en las alturas de esta ciudad, contaba a una interesante mujer (saludos) que me daba de plazo del 15 de enero al 15 de febrero para encontrar chamba antes de declarar suspensión de garantías individuales. Hoy, a las 9:00 que empiece, faltarán 15 horas para el fin del 15. Lo logré. Y creo, no fue tanto gracias a haber estudiado una carrera.

***

Te vas adaptando a la vida como puedes, te vas adando cuenta que eventualmente hay que conseguir chamba (por que ya acabaste la carrera y por tanto no queda tan claro por qué habrían de mantenerte), y que muchas cosas que hiciste sin saber/querer fueron aciertos.

Tengo 25 años, me siento amante de la sedición más que nunca, y a poco menos de diez años después de la repetitiva pregunta de Torres, puedo decir que yo tenía razón.
Porque vengo de un mes de meterme a todas las bolsas de trabajo concebibles, y sin excepción todas las entrevistas que conseguí fue por mis amigos. Porque no hubo ni una vez en que los entrevistadores se fijaran minuiciosamente en mi curriculum, y más bien frecuentemente preguntaron, ¿Eres amigo de ... ? ¿Cuánto tiempo llevan de conocerse? y así. Los pases automáticos son geniales.
Porque más que haber estudiado aquí o allá, soy grande en tanto tengo amigos. Me encanta decir esto. Porque lo mejor que me llevé de la universidad (y de esta vida) es el crecimiento (más personal que académico) que tuve gracias a mi gente, que realzó y sigue realzando mi existencia con su presencia. Porque no sería el mismo ni hubiera llegado hasta este punto sin su apoyo, y en todo casi si acabé la carrera pronto, o si encontré trabajo pronto, es un logro compartido con cada uno de mis amigos.
Porque este trabajo lo conseguí gracias a Cuco y Eduardo, porque igual que en la carrera, lo mejor de trabajar ahí va a ser reírme, hablar, comer, contar los problemas, echar la mano, estar con ellos. Porque si tengo que agradecerle algo a esos dos, el que me hayan contactado con la gente de esta chamba queda hasta abajo de la lista: porque antes habría de decir gracias por haber estado sin falta en toooodos los eventos importantes de mi vida desde que nos hicimos amigos, y por cada experiencia compartida que nos hizo mejores y más fuertes.

Y así, think again Torres... Bueno, tenías razón en lo de que hay que trabajar. Pero tú tenías como 50 años y yo tenía como 16.... La universidad sirve para pura madre, y es buena sólo en tanto te sirva para hacer amigos. Lo importante en el mundo, laboral o no, son tus relaciones personales. Tu gente.

Ahora bien, ¿Cómo me veo en 10 años? - Pues [obvio] con buen dinero ahorrado [después de haber chambeado con mis amigos mucho tiempo], viajando por el mundo, quedándome un rato en cada ciudad para aprender la cultura, tocarles mi música con mi guitarra por las noches, intercambiando ideas, probando cosas exóticas y experimentando costumbres.
Eso sí, antes de acostumbrarme a estar en un sólo sitio, agarrar mi maleta, largarme de ahí y buscar un nuevo destino para seguir viviendo hasta el final de mis días justo como lo pensé cuando estaba en la prepa...

Me voy, que no quiero llegar tarde a mi primer día, deséenme suerte no?

lunes, 12 de febrero de 2007

Todos duermen...

No saben que son las 4:44 de la mañana y que no he podido dormir en toda la noche. Ni se acuerdan de mí. No saben que existo. No escuchan que tecleo. No están para que les cuente historias. Afortunadamente, no puedo pensar en nadie que esté sufriendo el frío que hace, todos están bien tapados. No se imaginan lo bien que sabe el café cargado recién hecho a estas horas. Descansan los ojos, sin sospechar cómo cruje todo en la madrugada. No tienen miedo a despertar a nadie. No sienten lo pesado de la noche, la infinita tristeza que invade a los desvelados: no escuchan el destructor silencio de la ciudad más grande del mundo que contra todo pronóstico suena extinta, seca, muerta antes de la prosperidad.
Ante la sensación de que todos sueñan, la propia realidad sobresale de entre el cuerpo derrumbando los ánimos, imaginando cadáveres con cada ruido inexplicable, o charcos de sangre fresca con los estruendos de las tuberías, cavilando si tal sangre es mía y estoy por fin muerto y estupideces de esas. Y todos roncan. Más o menos bajo, pero todos. No saben que van a morirse. No les importa por ejemplo imaginar Berlín, donde todos los habitantes ya llevan rato pisando todos los girones de piel que me dejé en las banquetas, porque ya han de ser como las doce y seguro Heike ya se fue a correr y mis amigos ya tomaron juntos café y Gaél García ya se echó una película de la Berlinale, sin saber tampoco que a muchos en México oficialmente ya nos pasó a caer bien con esta última gracia de ser jurado en mi querida Potsdamer Platz.
Todos reposan y se mueven poco y lento sobre sus camas. No sienten la culpa de llevar un mes desempleados. No perciben cómo de noche todo se magnifica y golpea bajo en las tristezas y las inseguridades, los miedos y las soledades. No sienten la frustración de estar solo y con la boca cerrada a fuerza a pesar de las ganas. Mudo a huevo porque ninguno puede/quiere leer. Descansan. No consideran que, quizás al rato que se haga día, para mí todos van a seguir dormidos, porque nadie va a estar para que le cuente historias, y estoy condenado al solitario insomnio silencioso.
Adormecidos, ni se imaginan cuánto me cuesta decir estas cosas, porque de entrada ni se enteraron que las estoy escribiendo: no tienen idea, de cuánto los necesito...

domingo, 4 de febrero de 2007

Sed

Despierto con sed. Pero no sed de agua. Siento la madera del suelo crujiendo de frío. Mientras mi computadora se inicializa, me siento igual que un heroinómano sin paciencia que acaba de romper la jeringa de la desesperación de procurarse lo antes posible el toque que lo esclaviza. Como una bestia, me concentro en adaptar mi pupila a la luz de la mañana y no perder ni una milésima de segundo en localizar justo lo que quiero en pantalla. Aparece el símbolo de play. Respiro aliviado. Click...
Frunzo el ceño en un arrebato violento al oír los primeros acordes, si alguien me viera inhalando tanto aire en una especie de suspiro extático, apretando los párpados y las hileras de dientes como si quisiera que la fuerza de los inferiores acabara con la de los superiores y al revés, sentiría vergüenza ajena ante mi total dependencia. Rendido ante la voz, la letra, el sentimiento, la batería tranquila; percibo la sangre subir impetuosa por mi cuello, pintar mis ojeras de rojo, oxigenarme. Siento la canción con el pelo, con las manos, con la columna, con las venas, con los pies, con el cuello, con la cara, con los muslos, con el sexo, con los pulmones, con la espalda y los codos y los nervios y los brazos y los hombros y los huesos... Me agito ante el masaje auditivo que me inunda, que es más grande que el espacio que ocupo, overflow pienso - en inglés - como esos vasos que se desbordan ante el exceso de agua que no para de ser vertida sobre ellos. Reacciono subiendo los volúmenes a tope, los ojos en blanco, la boca abierta por pocos segundos: o tararea o respira, a pesar de que a estas horas la voz aún no sale clara. Me desgañito un poco tratando de conseguir buena afinación.
El último átimo de cordura que me queda se levanta ante este enajenamiento, manda un mensaje a mi mareado cerebro: aún es temprano, los vecinos y los que viven en tu misma casa están dormidos...Estrofas resuenan con más fuerza de tal manera que la respuesta procesada es Que se jodan. Que aguanten. Que se mueran si pueden. Que se salven de este trance. Que ni oigan esto, que es sólo mío y no quiero compartirlo.
Termina la canción y se repite inmediatamente. No se gasta, sigue hipnotizándome como la primera vez. Entonces la envidia también despierta y empieza a morderme. Se me afilan los dientes, me pesa que haya alguien capaz de crear algo así, que el autor de timbre suave-potente no sea yo. Y aún así, no dejo de beberme la canción con todas mis fibras. De desear tener más oídos para oírla más. De desear tener más dedos y más uñas, para algún día agarrar mi guitarra y tocar algo así de bueno. La expresión logra su cometido y me atrapa. Sufro. Siento a través de la letra que no puedo explicarlo: ya te lo he dado todo, que es hora de rendirse, y si me dejas ahora - sólo déjame ahora... - es lo mejor que podemos hacer y no tiene caso tratar...Me dueles. Me hago mi historia mental personal y me entran ganas de llorarte.
Es tarde, hay que alistarse. Me niego a salir del furor místico y aislarme en la regadera. Juntito hay un baño abandonado, que no es el mío. Habría que subir y bañarse en el de arriba, donde están mis toallas, mis armarios. Se apodera de mí un terror extremo de enfrentarme al silencio, que sólo se calma ante un giro bien entondado de gran músico este. ¿Tocará él mismo sus instrumentos? Arriba hay grabadora, pero esta canción no la tengo ahí en ningún disco. No puedo subir. No pue do. Tiempo pasa.
Abro entonces la ventana de par en par, para que las ondas sonoras viajen y me traigan para arriba la canción. Subo corriendo sin dejar de escuchar la maravilla que se queda atrás, siento las manos de la música enroscarse a mis tobillos, como suplicando que no las deje. Playera, jersey, pantalones, calcetines, zapatos, cinturón, cajetilla, encendedor, calzones, todo en una bola y si me faltó algo después me las arreglo. Bajo aliviado: nunca perdí el sonido de la música. Abajo, en el cuarto junto a la computadora, abro el agua caliente. Aprovecho para desplazar las bocinas al punto más cerca, mientras se empañan todos los cristales, porque no pienso cerrar la puerta del baño. Al final decido tampoco cerrar la regadera. Necesito el sonido. Vuelvo a entrar en furor, cantando con energía bajo el agua caliente.
No hay toalla. Sin salir del trance me seco con la playera con la que dormí. Me acuerdo entonces de Budapest, pero esa es otra historia. Me voy vistiendo en el camino entre la ducha y la canción. Se me olvidó el reloj.

Ridículo, quejándome como si fuera una tragedia, aprieto el botón de stop. Una falsa y más aburrida realidad se apodera de mí. No puedo imaginar cómo sentirme bien hoy, a no ser que regrese a escuchar otra vez. Las tonadas están en mi mente, las repito para que no se me escapen entre mis muchas grietas.
Arranca el coche en silencio. El día, tristemente, ha empezado y tengo sed. Pero no sed de agua...

miércoles, 31 de enero de 2007

Llueve vida

Hace justo dos años, la mayor suerte que tuve fue que Sylvia, la directora de la escuela donde trabajaba no vino aquél día.
Me acuerdo de la cara de mis alumnos, especialmente de Carola, mi consentida – sí, por supuesto que existen los consentidos: siempre hay personas que, por mucha objetividad que se busque, tienen tanto encanto que acaban por colarse en las entrañas -, Ana Laura, una niña/adolescente en transición con una sonrisa hermosa que no se apagaba a pesar de que vivió una pérdida familiar devastadora para cualquiera, y Javier, el típico que es el más lento del salón pero que tiene energía para no dejarse derrumbar por las burlas de los compañeros, y ante sí mismo hace su mayor esfuerzo. El que secretamente me ganó para siempre cuando después de clase desveló su grandeza confesándome que teníamos que tener cuidado, porque hacía un año le habían practicado – a su cortísima edad – una operación peligrosa en el cerebro, y probablemente podría tener un ataque a media clase. Nunca pasó. Seré muy feliz si un día me los encuentro: tengo que darles las gracias por haber sido mi flotador durante la tempestad más difícil de mi vida.
Lo digo porque la nostalgia me trae este invaluable recuerdo manchado por la ausencia. La puta ausencia que no se larga hasta la fecha. Hacía apenas unos dos meses del día más negro de mi vida, en el que mi abuela se abandonó en mis brazos, y sin saberlo, faltaba un mes para que mi hermana se embarcara y dejara mi casa – siempre inundada de vida, ruido, alegría – en silencio. Los dos elementos pivotales de mi existencia se desvanecían. El destino te deja caer bombas cuando tienes la fuerza para recibirlas, pero el después, el contacto con la nueva página de vida, puede matarte si te descuidas. Como esos sobrevivientes de Auschwitz que murieron una vez libres al probar el primer bocado, porque su estómago desacostumbrado a comer no soportó el shock.
Y en esas estaba yo, cuando afortunadamente faltó Sylvia. Ese día, en el suelo, encontré algo que cabía en la palma de mi mano, en una cajita de Margarina Primavera después. Algo moribundo que sollozaba tierna/trágicamente. Algo que ninguna de las mamás de los alumnos quiso, algo que ningún veterinario quiso cuidar. Vida. Vida que llovió del cielo para acompañarme en soledad, y fue una gota inacabable de fuerza. Me acuerdo todavía de la expresión de mi madre, quien sorprendida porque ese día no llegué a darle un beso después de trabajar como siempre, nos encontró a mi y a mi hermana con la puerta entrecerrada de mi cuarto, conspirando sobre cómo íbamos a defender la vida de una creatura tan pequeña e indefensa a toda costa y a pesar de lo que dijeran los padres. Llorosa y desconcertada, mi ma' preguntó entrecortada a mi hermana: - ....Eeeeh.... ¿Estás embarazadaaaaa?
Después de la explosión risa (una de las últimas que se oyeron así en esta casa), el llanto del gato recién nacido aún sin nombre ni sexo reconocible se dejó oír. Como el ruido potente y taladrante de una gota ante el estruendo de las olas, mordiendo con toda la poca fuerza que tenía la oportunidad de vivir. Lo recuerdo clarito, porque supe que ese animal era mío, o yo de ella. Lo confirmé cuando la veterinaria nos enseñó cómo meter una sonda hasta su estómago para salvarla de la desnutrición, logrando que sobreviviera el peligro de morir justo el día en que mi hermana se fue. Y así, nunca me quedé solo. Hubo un ser siempre a mi lado, mientras aprendí a readaptarme a vivir normalmente.
En el momento más obscuro de mi vida, llovió luz. Y aquí está, ahora mismo, junto a mí. Tan chiquita, tan relevante... Me obsesiona pensar que la hice crecer, que ahora en edad felina tiene más o menos mi misma edad, y que un día voy a verla morir... ¿Cómo darle las gracias, cómo hacerle saber que bendigo el aniversario de este día en el que llegó?

Hace poco días sobrevino un nubarrón sobre mí. Pensé que dejaría de escribir, que estas teclas no volverían a usarse para pasar en limpio algún escrito. Resulta ser que, por cuarta vez, la Revista Opción decidió publicarme en su nuevo número, con algo que creo fue de lo primero que me acuerdo que hice: "Nada", que en su momento titulé One-night stand. Hoy a la 1:30 estuve en la presentación, como autor colaborador entre autores de verdad importantes. Vida. Vida que llovió del cielo para reubicarme.
Y pensar que hace una semana estaba a punto de tirar la toalla, de abandonar las letras, de quemar virtualmente (bueno, eliminar...) todo lo que en mi vida he escrito. De pensar que se acabó. La revista, con su portada blanca blanca, llovió como luz hasta mis temperamentales ojos.
Y me sorprende cómo la vida aprieta pero no ahorca. Abofetea siempre que reniegas.
El problema aquí es, que así como cada vez que se está a un paso de desistir, llega algo que abrillanta la vida, cuando se está a punto de la felicidad, llega algo que la ennegrece.
Y esto es así.
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Con motivo del cumpleaños de Kyri, le puse nueva imagen a su página. Recordamos que la página entera está estrenando nueva imagen desde la semana pasada, y confesamos que el contador registra cero visitas desde hace rato y el libro de visitas está más vacío que nunca.

lunes, 29 de enero de 2007

Fwd: El post del desasosiego

He sido embaucado por un chilango cualquiera a hacer esto...
Instrucciones:
1. Tome el libro que tenga más cerca.
2. Váyase hasta la página 123, quinta oración.
3. Copie las siguientes tres oraciones.
4. Publíquelas en su blog junto con el nombre del libro y el autor.
5. Pase esta misma tarea a otras tres personas

"No soñé mi ejército hasta el punto de que en él apareciesen ante mi mirada en cuyo sueño hace esquina. Cuántos Césares fui, aquí mismo, en la Rua dos Douradores. Y los Césares que fui viven todavía en mi imaginación; pero los Césares que fueron están muertos, y la Rua dos Douradores, esto es, la Realidad, no puede conocerlos."
"Libro del desasosiego" de Fernando Pessoa.
Madres, qué interesante... Paso esta tarea a Dalx, a Nessa Yávëtil, a todos los lectores de este blog (porfa dejen su respuesta en los comments), y a Sara García Peláez.

sábado, 27 de enero de 2007

Reinterpretación de la Bandera de México

(creada junto con el mexicanísimo intelecto de Dalya Salinas)El 24 de febrero de 1821 fue cuando Agustín de Iturbide ideó la actual y la llamó Bandera de las Tres Garantías. Fue izada por primera vez en el Palacio Nacional el 15 de septiembre de 1917. Sus colores distribuidos en forma vertical son: verde, blanco y rojo, en el blanco al centro el águila de perfil con las alas recogidas hacia la cabeza parada sobre el nopal con la serpiente en el pico, orlando la parte inferior con una rama de laurel de encina. Es la usada actualmente en todas las fiestas patrias y ropa interior para gringos que quieren sentirse mexicans o texicans.
El rojo representa la pasión y la espalda de los migrantes después de cruzar el desierto de Arizona.
El blanco representa la pureza de las esposas de los migrantes que se quedan esperándolos en México, misma que por tanto está a punto de verse manchada en cualquier momento.
El escudo representa tal mancha, así como la única prueba de que nuestra bandera no es un pirateo de la italiana, y simboliza los pollos rostizados que anhelan los migrantes mientras cruzan el desierto de Arizona.
El verde representa el pepino, y simboliza todo lo que no hay en el desierto de Arizona.
Nota: Esta interpretación es evidentemente, una ocurrencia cargada de humor negro, que no pretende disminuír o insultar nada de ninguna manera, ni herir patriotismos exacerbados.

miércoles, 24 de enero de 2007

Mi ídolo está muerto

Uno de los tantos grandes regalos que recibí del 2003, fue a Ryszard Kapuściński envuelto en Annja, una polaca altísima y hermosa con quien he perdido el contacto pero que me enseñó muchas cosas de agradecer y recordar. Lo último que supe fue que trabajaba en Amnistía Internacional en Varsovia, y que en las tardes leía a Virginia Wolf.
Fue ella quien - a través de un papel cuadriculado escrito suavecito a pluma azul con una letra tristemente bella, muy polaca - nos guió a mi amigo Christopher, su hermana Karen, su entonces novia Elisa, a mi amiga Ceci y a mí; en uno de los mejores recorridos de nuestras vidas: Cracovia.
Lúdica, obscuramente vanguardista, judeo-cristiana, vibrante y artística, esa ciudad se encargó de muy pronto rendir todos mis sentidos a sus encantos y convertirme en un adicto-amante ávido de Polonia y sus buenas bondades. Entre ellas, está el gran Kapuściński. Por ahí he de tener la lista todavía, escrita del puño y letra de Annja, en la que me recomendaba a quien acaba de morir.
Otro gran polaco, de la mano del cual conocí muchos lugares de África, a través de su enorme libro Ébano. Y apartir del ejemplo de este hombre, quise ser como artista y como hombre en sociedad. Hizo historia, contando la historia como nadie: a través de la gente, a través de sus experiencias, a través de sus conversaciones con gente normal, a través de sus ojos. Olvidando los detalles científicos y las fechas, abundando en detalles hermosos que adornaron su acertado ojo narrativo. Hoy la tele lo recordaba como periodista y sí, fue uno de los últimos, pero en mí siempre ha sido un modelo perfecto de artista. Sensible a la aniquilación mediática de la cultura, nunca leí nada suyo que no fuera un informe o relato poéticamente literario, algo a mi juicio más grande y rico que el periodismo.
Lo primero que hice en cuanto me enteré de tan triste noticia, fue correr a buscar uno de sus Lapidarium (el cuarto, dedicado en la primera página por mi padre en el día de mi cumpleaños en 2003), y entonces recé por él. Recé para ser como él. Sin haberlo conscientizado hasta hoy, fue Kapuściński una especie precursor del blog (no lo sabría afirmar, pero por lo menos en mi vida, sí), que es una forma de comunciación retrato de nuestra época.
Precisamente fue en este Lapidarium IV con el que conocí la literatura de fragmento, que como bien recoge su contraportada según palabras del autor es "esa escritura libre y espontánea que salta de un tema a otro como lo hace en cuestión de segundos el pensamiento." Y así es como escribimos muchos hoy en día.
Todos estos Lapidaria son en realidad compendios, lo mismo que si publicara todos las entradas que han aparecido en este blog, sólo que los suyos con mayor profundidad y claridad, evidentemente. La claridad, la información, la verdad, la humanidad de un monstruo de las letras. Me enorgullecí de ser una especie de hijo literario de Ryszard Kapuściński. De pensar que quizás él tendría un blog o contemplaría la idea o por lo menos veía esta forma con reservas pero ál fin y al cabo buenos ojos. Pensar que soy un poco como él, es un honor. No me alcanzan manos para recibir su estafeta, pero sí para escribir sobre él y vigilar que su espíritu no muera.
No era tan viejo, tenía 74 años, y algún día en mi imaginación pensé en que podría llegar a conocerlo, a preguntarle cosas, a conversar nerviosamente durante algún afortunado y breve momento de visita en Varsovia, que bueno, no va a pasar. No lo sé, pero no dudo que haya sido muy feliz, justo como tiene que serlo alguien que siente el mundo y escribe de la manera que él lo hizo. Una pérdida física enorme.
Réquiem por Ryszard Kapuściński (1932-2007)

domingo, 21 de enero de 2007

Entschuldigung

"Daría lo que fuera por tener, tan sólo unos segundos, para desaparecer. Pero sigo tan visible como ayer..." [La Quinta Estación, Daría, 2004]
"Far away, this ship is taking me far away. Far away from the memories of the people who care if I live or die. Starlight, I will be chasing the starlight, until the end of my life: I don't know if it's worth it anymore..." [Muse, Starlight, 2006]
"Abandono este lugar, tú me obligas a apostar. Hoy quiero echar a volar y despertar en otro lugar, en otro cielo y olvidar el dolor, quiero creer, voy a pensar en mi..." [Chenoa, En otro cielo, 2005]
"Oggi io non ho proprio voglia di vedere gente intorno, chiudi tutte le porte. [...] Fammi assaporare questo attimo di pace per sentirlo fino in fondo dentro me. Oggi che anche i sogni atterrano e chiudono le ali perchè il tempo di volare non è, non è. " [Eros Ramazzotti, Un attimo di pace, 200?]

No podía seguir dejando este espacio tan en blanco, aunque lo único que tengo para llenarlo es decir que estoy en blanco. O más bien, en una especie de estado depresivo-compulsivo, durante el cual conviene no hacer públicos los escritos. Sólo vine a dejar un saludo con gratitud a los lectores habituales, esperando que tengan paciencia y no dejen de regresar. Prometo volver en cuanto la mente me lo permita, con un post de aquéllos.

martes, 9 de enero de 2007

De la inmortalidad del cangrejo

Somos inmortales por lo que hacemos. Quien se vuelve inmortal es recordado por aquello que la gente percibe que hacía, hizo, le gustaba o le gustó. Últimamente, en un lapso brevísimo he recibido muchos libros. Cuando algo está bien dado, trae consigo un pensamiento tipo ¿qué le doy, qué le gustará a ... ? o algo así. Ser regalado con muchos libros (buenos y profundos todos) es una clara señal de que el entorno percibe que prefiero los nobles libros a las nobles botellas. En otras palabras, soy más ñoño que bohemio a los ojos de mi gente.
Tengo un amigo inmortal al que veo poco, famoso porque según el sentir popular, nadie cuenta chistes, bebe de su zapato, ríe, hace reír, grita, bromea y disfruta la borrachera en todas las cantinas y reuniones sociales como "el Pony". En 2003, tuve oportunidad de compartir un viaje a los alpes austriacos con Joaquín, un tipo serio, cultísimo, devorador de altos libros, absorbido en la cultura, pensador sensible y dedicado (y fueron demasiados pocos días); con quien además de tener la mejor borrachera de aquél verano, tuve conversaciones increíbles, de verdad significativas, distingibles al recuerdo entre el típico mar de temas superficiales que inundan las pláticas en el extranjero. Ése mismo es el Pony.
Nuestra inmortalidad depende de la percepción de quien nos rodea, no de verdad de nuestras cualidades primeras. Nadie nunca me regaló un micrófono, ni un cuaderno pautado, o un pincel o pluma de escritor. Seguro lo mismo le pasa a Joaquín el Pony: estoy seguro, este año recibió pocos libros y muchas botellas. Y a lo mejor se sintió como yo. Justo de eso habla Milán Kundera en uno de los enormes libros que recibí estos días: sobre ejemplos ridículos de inmortalidad como Tycho Brahe, astrónomo recordado por el día en que se hizo pipí en la mesa. Por cierto, seguro que a oídos del autor no llegó la historia del orgullosamente mexicano Tigre de Santa Julia, porque entonces la habría inmortalizado en La Inmortalidad.
Y aquí la reflexión más especial, porque Kundera - una especie de paparazzi checo del futuro - habla en este libro del gran Wolfgang von Goethe y sus inmortales rasgos. Me remonto a un café sin nombre (no tenía letrero, y los meseros no sabían) que está en la Kastanienallee de Berlín, donde hace menos de un mes tomaba café con Christine, mi maestra en casi todos los aspectos. Hablando del eterno trauma de los 25 años, me decía que a mi edad Goethe ya era Goethe (Goethe war schon Goethe), dando a entender que ya había alcanzado el status de gran escritor que nos hace hasta hoy recordarlo. Lo decía así, como si desarrollarse a tope significara la consumación de ser uno mismo, solamente porque el ampliamiento personal pleno es la imagen que más se queda en la mente en términos de inmortalidad. Como si cuando niño, mientras aprendía a escribir, el gran escritor aún no fuera Goethe, sino Goethe-potencial.
Y entonces, me pregunto si ya soy Jesús Catalán. Si ya llegué a mi cumbre, a mi tope. Si Viridiana Ríos está a punto de serlo porque se ganó la super beca, o aún le falta mucho más; si Muradás a sus veintitantos (Felicidades) ya es Muradás o le falta crecer todavía mucho más.
A decir verdad, muchos momentos en Alemania olían a cielo, a cima de vida. Creo, por eso necesité tanto una cámara de fotos. Moriría por saber si esto se pondrá mejor y aún vamos siendo potencia de algo que falta por florecer, o el pico de la existencia para mí fue alguna de esas noches en las que caminaba por la fría Friedrichstrasse berlinesa y cantaba bajito y sentía que iba incendiando la ciudad. Saber si somos ya un acto, si somos ya gallos que se sacudieron la última partícula de cascarón caminando entre la nieve de Múnich, o contestando el último inciso del examen para la gran beca.
Y ojalá no.
De todos modos, y muy personalmente, quizás mi momento más digno de inmortalizarse fue aquél día que recibí una orquídea de parte de una especial viajera, pero más bien si alguien a mi muerte se acuerda, quizás va a nombrar que un día escribí durante largo tiempo y me daba preocupación perder el interés de quien se hubiera aventurado a leer esto desde el principio.
Ojalá falten muchas tardes que me conviertan en algo mucho más inmortal que lo que soy. Muchas. O todo depende. En momentos de envío de currículums y entrevistas como este que vivo, preferiría ser el que escribió sobre la inmortalidad del cangrejo en un blog, al gran empresario. Hay inmortalidades a las que renunciaría antes de aceptar un puesto de trabajo.
Pero lo que me hace levantarme en estos días de incertidumbre, es la posibilidad de descubrir quién de mi entorno ya es su imagen más inmortal y quién no. Ver que a mi juicio, casi todos seguimos siendo potencia a pesar de ya haber vivido grandes cosas. Lo que me mueve es la lucha por convertirme en el que escribió sobre la inmortalidad del cangrejo en una novela que después fue traducida a muchos idiomas, o el que cantó sobre ella.
Y sólo el tiempo y la muerte nos traerán certeza. Aunque algo es seguro señores: si aún no ha llegado, nuestra condición de acto pleno ocurrirá a una edad mucho mayor que la de Goethe cuando le llegó a él. Y qué bueno.
Mientras tanto, me encantará seguir recibiendo buenos libros, sin que nadie ponga más atención de la cuenta a mi afición por las botellas.

lunes, 1 de enero de 2007

Feliz 2007

¡ESTOY BUSCANDO TRABAJO!

Estudié Relaciones Internacionales, hablo muuuchos idiomas, lavo y plancho ajeno, cocino para banquetes, escribo de todo, canto casi de todo, toco la guitarra, marco el teléfono, hago los coros, contesto el teléfono, sé usar la computadora, doy clases de lo que sea, mesereo, vendo a plazos, archivo documentos, sirvo cócteles buenísimos, hago fotocopias, óptimo para reality-shows, sirvo un excelente café, cuido bien de tus hijos, arreglo computadoras y las conecto a internet, paseo a tus perros, bailo exótico y doy privados, manejo taxi o pesero o limo, diseño logos para empresas, organizo tu boda o graduación o XV años, atiendo el puesto mientras no estás, fotografío eventos, reparto volantes, aconsejo adolescentes atormentadas, hago malabares y/o soy muy chistoso, resuelvo casos de administración, hago encuestas, peleo por los derechos humanos, etc.
Por favor, si sabes de alguna oferta como para mí, AVÍSAME, déjame un comment.
Ah, con 2007 abrazos y mis mejores deseos para este nuevo año...

domingo, 24 de diciembre de 2006

Frohe Weihnachten!!!

"I'm dreaming tonight of a place I love/Even more than I usually do/And although I know it's a long road back/I promise you/I'll be home for Christmas/You can count on me/Christmas eve will find me/Where the love light gleams[...] I'll be home for Christmas/If only in my dreams/If only in my dreams..." [Michael Bublé, I'll be home for Christmas, Let it Snow, 2005]
En este año tan bueno, no tengo más que agradecer a todos los que visitaron este espacio, y aprovechando este estado de ánimo ex-berlinés, desear que todo lo que quieran se les haga, que no conozcan nunca la soledad, que tengan siempre salud y facultad para decidir sobre sus vidas, y que sus sueños se materialicen lo más pronto posible. Un abrazo enorme...

viernes, 22 de diciembre de 2006

Der letzte Tag (Del Patriotismo)

"Ist das etwa schon der Tag danach /Wo alle Uhren still steh'n /Wo's am Horizont zu Ende ist /Und alle Träume schlafen geh'n /Sind wir zum letzten mal zusammen /Es hat doch grad' erst angefangen /Wenn dieser Tag der letzte ist /Bitte sag es mir noch nicht /Wenn das das Ende für uns ist / Sag's nich'- Noch nich' " (Tokio Hotel, Der letzte Tag, 2006)
Hoy estoy envuelto en esa sensación triste de la partida. El próximo domingo es mi último día en Berlín. Con 25 años y unos cuantos viajes como este encima, sigo viajando dentro de mi mismo para contenerme cada vez que he de despedirme de alguien importante. No he aprendido a resignarme al costo de oportunidad. Aún no sé cómo descartar la posibilidad de tener amigos, maestros y gente: algo dentro de mí se rehusa a no-involucrarse, a pesar de que de antemano sé que van a llegar días como hoy en el que - siendo realistas -, me despido de quien nunca más volveré a ver. Así (y menos mal), sigo siendo ese adolescente de 17 que contiene el llanto y abraza fuerte, porque sabe que si viviera en la misma ciudad y con la misma gente que ha conocido estaría contento de tener tantos amigos. Pero eso no es así, y los amigos se sentirán siempre pero físicamente se esfuman.
Pero hoy ante la retrospectiva y aprendizaje del viaje, quiero hablar del patriotismo, en esta tierra donde a todos les pesa sentirse abiertamente orgullosos de ser alemanes. Así como los judíos nacen (o nacían) heredando un sentimiento de "a lo largo de la historia nos exterminaron, y hay que unirnos para que no nos lo vuelvan a hacer", los alemanes tienen el chip de "a lo largo de la historia exterminamos, y hay que evitar a toda costa volvernos a convertir en monstruos". Por todas partes se ven símbolos y gestos de homenaje, o de disposición de pagar moralmente los platos rotos, o precaución de ser demasiado nacionalista. Con la misma fuerza que desata la pasión y el orgullo nacional en un francés, los alemanes temen el sentirse el mejor país del mundo. Y no olvidemos, que seis millones de ruandeses (el mismo número que de judíos en la guerra) murieron hace todavía muy poco, y de eso no se habla en Francia (Ni en ningún otro lado). La culpa y la responsabilidad histórica alemana, en contraste, es omnipresente.
Fue hasta este año, durante la copa del mundo de fútbol 2006, que los alemanes decidieron ondear banderas, y me alegro. Para mí este país es grande, y como mexicano no tengo reparo en sentirlo. Los alemanes están en un punto donde han reflexionado como pueblo y están redescubriendo su orgullo nacional. Y esto me lleva a pensar de que es justo así como un patriotismo sano nace en óptimas condiciones. El patriotismo es pensado, razonado, durante largo tiempo.
Lo digo, orgullosísimo de ser mexicano en Berlín, y sin el mas mínimo átimo de modestia. Porque este viaje, fui el mexicano que nunca llegó tarde, siempre entregó las tareas, y no rebuznó ante la gramática. Decidí ser el mexicano que echó el mayor desmadre pero con el más alto respeto y moderación. Il messicano que no enseñó a los extranjeros a decir palabrotas en español, ni vomitó en la calle, ni se llevó nada del buffet de la escuela, ni se fue sin pagar o anduvo zozobrando a ver qué gorreaba (como muchas otras personas - emabajadoras involuntarias de sus países y víctimas de la generalización - hicieron).
Pensé en ser der Mexikaner, que no se fue siempre con los latinos ni habló español todo el tiempo, y se comunicó con todos la mayor de las veces en su propio idioma. El mexicano que sin intentar encubrir las deficiencias de nuestro país, siempre habló maravillas y se concentró en los tantos puntos positivos, y convenció. Le mexicain que evitó hacer comparaciones absurdas entre los países, para así enriquecerse de todas las nacionalidades (la propia incluída), y aprendió mucho de los estilos de vida o costumbres opuestos o ajenos a los propios, con muy muy buenos resultados.
Porque lo logré (!!!). Sin esfuerzos innecesarios, y sin tratar de complacer a nadie, sino por el puro gusto de ser mexicano. Logré que - por lo menos en mi entorno inmediato que hoy se disipa - la próxima vez que alguien oiga México, sienta cariño. Y por tanto, me encariñé de más con casi todos, y estoy abrumado de dar y recibir tantos abrazos sinceros. Y confieso aquí, que después de las despedidas y muy muy en el fondo, hay una voz que al sentir todo esto grita bajito algo así como Viva Mexico Ca*&ones...

sábado, 16 de diciembre de 2006

Es ist fünf vor zwölf...

"You´re just too good to be true..." [Esta no se quién la canta, pero todos la conocemos...]
"Cuando la pena cae sobre mí el mundo deja ya de existir, miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos. [...] Cada momento era especial, días sin prisas, tardes de paz, miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos. " [Luz Casal, Entre mis Recuerdos.]
Faltan cinco para las doce, y este sueño señores, aún queda. Hubo una vez alguien que al menos un tiempo logro escaparse de sí mismo por última vez antes de caer y se fue a Berlín. Y ése, aún soy yo. Todavía tengo tiempo para cerrar los ojos en en el Opernpalais, donde huele a espuma de cerveza, hielo acampanado, vino caliente, algodones de escarcha, castañas doradas, herraduras de caballo, bufandas profundas, salchichas y pretzels...y todo es Alemania o Navidad y yo. Sigo viviendo - hasta el último momento -un sueño entre tranvias, S-Bahns y U-Bahns.
Pero algo me dice que esto no es cierto, cuando abro los ojos y me encuentro - por ejemplo -, con el invierno más soleado en que en 300 años ha vivido Alemania. Cuando me encuentro con que siempre, ahí donde estoy está la música que me gusta, y las canciones que más amo me siguen por toda la ciudad, como forzándome a cantar. Y aunque sabes que de vuelta a lo que por comodidad sigues llamando "casa" te espera el chevy chocado, poco dinero en el bolsillo, meses de desempleo y una crisis existencial de la que lograste evadirte durante ya casi tres meses, no puedes parar.
Despiertas dentro del sueño y en la ventana de la que sientes tu casa hay una orquídea de verdad que alguien especial te envió desde lejos. Afuera no hace frío, y siempre hay que sacrificar una exposición por tomar cerveza, o al revés. A lo mejor la noche anterior tocaste la guitarra de un desconocido y cantaste muchas canciones en tu idioma en la Hofbräuhaus, y los turistas (especialmente los japoneses) te hicieron fotos y aplaudieron, y supiste que siempre te acordarías de aquel momento, porque estás a punto de renunciar a él. O igual y cocinas hoy algo mexicano para 20 amigos.
Ya tengo nostalgia de patear el centro de Berlín porque estoy sintiendo que que me abandona, y no logro asirme a él. Supongo que es porque en realidad no existe, no puede tocarse. Nada es así de perfecto en mi vida. Todo lo indica, esto no pudo ser cierto. Según las señales, el 5 de diciembre fue más caluroso que el 5 de junio. Algo raro esta pasando en el aire berlinés, que tanto me quiere, pero. . . Por qué tanto este año? Por qué todo sale tan bien?
Así que estoy tratando con todas mis fuerzas de clavar todas mis estacas para que en algún lado de aquí quede el testimonio que unos días de mi vida fui feliz y no me preocupé de nada y me reí del clima y y los idiomas y el tiempo y el dinero y los escritorios y los portafolios y la diplomacia y mi propio destino inmediato. De coleccionar recuerdos y grabar por las paredes de Munich que el fin de semana pasado después de esperar muchos años conocí la nieve y la tuve entre las manos y aunque me es muy difícil describir como es, mi primer pensamiento literal fue Pues ni hace tanto frío, seguido de quiero echarme en la nieveee. Y asi la dejé atrás, apilándose en el castillo de Neuschwanstein, que tampoco parecía real, para continuar viviendo el tiempo camino hacia el despertar. Hasta que el reloj marque las doce, no quiero pensar lo que me espera en México. Sé que todo esto no es cierto, que no es mi vida, que no estoy aquí ni nunca estuve, pero aun así, necesito vivirlo como si así lo fuera.
Porque es ist fünf vor zwölf, y este sueño señores, se acaba.

lunes, 4 de diciembre de 2006

De la belleza en Berlín

belleza.

(De bello).

f. Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual.
Esta semana casi no puedo abrir la boca, porque estoy masticando demasiado Berlín. Los ojos no me responden, no se mueven a mis órdenes, no distinguen nada que no sea esta ciudad. Poco tiempo tienen las manos ocupadas en rascar todas las letras de cada palabra alemana y atrapar todo lo que al volar este perfumado de arte.
La poca pretención berlinesa me tiene atrapado. A diferencia de muchas otras ciudades europeas, aquí hoy el afán de belleza es ausente, tanto en las personas como en el paisaje urbano. Aquí - especial y naturalmente en el Este de la capital - nadie se arregla, ninguno busca hacerse elegante, ni ganar en murmullos preciosos. Nadie o muy pocos. Obviamente - como en todas partes - existen personas y edificios contaminados por la moda.
Si alguien pinta, o se maquilla, o utiliza color o no-color, es para expresarse simplemente. Para comunicar y ser, no para gustar o amoldarse. No busca imitar ni agradar, ni ser más o menos bonito: busca explorar y compartir la intuición del espíritu, propio o colectivo. Sin importar la manera estética que resulte. Y, como el mismo carácter humano, está eternamente en fase de renovación.
Como mi vida en estos momentos, Berlín esta por todas partes en obras. No construyendo edificios nuevos, sino transformando los que ya están. Así, su belleza perpetua es siempre efímera y cambiante. No existen modelos ni prototipos. (Aunque he de confesar que por coincidencia es muy ochentero. Me encanta)
Y por eso creo que prácticamente la ciudad entera - en un momento o en otro o siempre - es hermosa, junto con todos sus habitantes. Mi mamá y yo y l@s amig@s que ya se me fueron incluid@s.
"La belleza es muy superior al genio: no necesita explicacion" - Oscar Wilde

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Rabia

Somos demasiados y no podrán pasar por encima de la vida que queremos heredar - (Amaral, Revolucion, Pajaros en la cabeza, 2005)
No voy nunca a resignarme. Nunca. Nunca voy a tragarme la idea de que los pueblos tienen el gobierno que se merecen. Por que es una mentira indecente. Porque no soy el unico que lo sabe. Ya no. Ya no podemos dormir tranquilos. Ya no podemos dejar mas de teclear como si fueramos a romper las mesas de los cyber cafes a pesar de que la gente nos mire, porque es hora de mostrarle a todos lo encabronados que estamos. Ya no podemos sentarnos ni descansar. No hasta que en nuestro pais vivamos todos decentemente. Aunque haya que sacrificar. Aunque haya que asesinar sin preguntar a cuanto diputado o senador o ladron se atreva a pisar el orden y las instituciones. Aunque haya que usar las manos, de buena o mala manera. Porque no vamos a ser una generacion de agachones. Ya no. Vamos a vivir soniando y a hacer que por nuestras pistolas nuestros hijos nazcan donde cae el mana. Y si no lo conseguimos, nada ya nos va a devolver la serenidad. Nada nos va a regresar el humor. Ninguno de nosotros va a renunciar a soniar que el nuestro podria ser un pais donde podriamos quizas vivir tranquilos. Estamos condenados por el remordimiento, ante tantos paisanos que no tienen lo que nosotros si. Condenados por la fortuna de tener salvavidas cuando el de junto se ahoga. Perseguidos y estigmatizados por la responsabilidad de por lo menos evitar las muertes o agitar las aguas para que los que tienen que hundirse se hundan.
Hoy desperte pensando que regresar a mi Mexico quizas no seria tan triste. Y me duele porque es mentira. Porque desde Prenzlauer Berg, de repente no se oye el asqueroso murmullo de la division social. Y dan ganas de escapar, de pasar por alto la propia cobardia y quedarse aqui, a buscar la leche de las vacas gordas en vez de ir a tratar de resucitar a las vacas moribundas.
No voy a ser nunca un adulto cabal y sereno. Nunca, porque no voy a poder dejar de emocionarme con la musica o pensar que si se puede. Jamas. De esa agua si no bebere. Como muchos. Muchos que hoy tambien estan trsites por sentir roto al pais. Y el dia que esto no se cumpla, el dia que sereno acepte lo que pasa entonces no sere yo, y este que escribe habra muerto.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Por qué estoy llorando

Soy un hombre de 25 años, traigo la barba demasiado crecida y el pelo larguísimo porque he estado fumando demasiado puros y demasiadas jarras de cerveza. Tengo las piernas enormes, por genética, por grasa y porque he caminado mucho cada día en Berlín.
Hoy ya puedo decir y escribir con tranquilidad que hace dos años y unos cuantos días se me murió mi abuela - el ser más hermoso con que me he encontrado - entre mis brazos, una tarde horrible en un cuarto compartido de la Clínica 1 (Gabriel Mancera y Xola) del Seguro Social en la Ciudad de México.
Soy Licenciado en Relaciones Internacionales por el ITAM, y mi tesis fue en pocas palabras, investigar y no perder el control de la propia rabia y tristeza al enterarse de tantos - tannntos - niños explotados sexualmente en México mientras nuestros "gobernantes" juegan a dar entrevistas.
En pocas palabras: soy un hombre muy fuerte. Y mientras tecleo, estoy llorando.
Mi padre es un hombre clásico, recto como un cuadrado. Poco expresivo. Difícil. Mi madre es una mujer hiperactiva, habladora, ruidosa. Difícil. Mi hermana Perla es un desastre, tiene un carácter cambiante y frecuentemente intoxicante. Difícil. Mi hermano Christopher es serio, hiperactivo, casi no nos gustan las mismas cosas. Difícil. Mis amigos nunca me escriben, son disfuncionales, extraños. Difíciles.
Y estoy en Berlín, recibiendo e-mails de cada uno de ellos, pensando en ellos, y me siento el hombre más orgulloso del mundo. Y así los quiero a todos.
Porque mi padre es bueno, honrado, trabajador, hermoso, siempre sorprendente. Me está ofreciendo una oportunidad que no se si merezco y no sé si aceptar.
Porque mi madre es generosa, optimista, valiente, maravillosa, y hace la mejor comida que has probado en tu vida. Estuvo conmigo aquí y se siente orgullosa de mí.
Más orgullo siento esta semana por mi hermana: se graduó el martes pasado. Exitosa,preciosa, alta en tantos sentidos, sensible, parrandera, con una voz para cantar que rompe y acaricia al mismo tiempo. La admiro por su corazón y tenacidad, tiene sueños y aspiraciones, y las va a conseguir más pronto de lo que cree.
Porque mi mejor amigo es noble, chambeador, sencillo. Porque extraño su compañía cada noche que voy para algún buen bar de Berlín. Porque va a irle bien en su trabajo.
Porque Gaby esta ahí siempre conmigo y Lore igual, y el estimadísimo Eduardo y María K se acuerdan de mí, y la otra María que tanto admiro va a casarse el sábado, igual que en enero Valeria a quien le debo tanto...Porque Muradás tiene otra vez novia y está contento y porque mi entrañable Pamela también tiene un nuevo amigo por ahí, y Ale Hernando se gradúa y mi compa Alan Picazo ya termina la carrera y Priscilla va bien y con novio y Sara es exitosísima y Sonia es doctora en derecho y Vero va a hacer una fiesta en su casa. usw.
Porque hay una orquídea esperandome en algún lado de esta ciudad.
Estoy llorando, porque me nace una emoción al darme cuenta que a pesar de todas las dificultades, del tiempo y la distancia y la imposibildad, la vida me escogió a mí.
Estoy llorando porque acabo de descubrir que soy yo (!!!) quien tiene el mejor padre, madre, hermana y amigos de todo Berlín, y de todo México, y de todo el mundo.

martes, 21 de noviembre de 2006

Ya tengo cámara

"Me gusta abrir los ojos y estar vivo" [Fito Páez]
"Cuando el tiempo pasa y nos hacemos viejos [...] por eso yo quiero que mis años pasen junto a tí mi amor eterno, junto a mi familia, junto a mis amigos y mi voz [...] y es que vale mas tener bien llenito el corazón [...] aunque estemos lejos o aunque estemos cerca..." [Juanes, Nada valgo sin tu amor, Mi Sangre, 2004]
Y también tengo 25 años recién cumplidos el sábado pasado. Y mi madre estuvo de visita conmigo. Ahora sí, ante lo increíble, ante tanta suerte y posibilidad aquí dejo la prueba, para todo el que la vea y para mí mismo, de que es posible pedirle a la vida tanto. Es posible construír un momento de felicidad y combinar, por ejemplo, vivir en Alemania, hacer años y abrazar a mi mamá, todo al mismo tiempo, el mismo día. Y claro, poder fotografiarlo.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Un mapa onírico de Berlín

"Seguro los matices, detalles, sugerencias, búsquedas y adivinaciones no serán los mismos [...] pero seguiremos recorriendo el mapa sentimental de la memoria." [Margarita Martinez]
"[...] Que está tan dentro de mi vida y a la vez esta tan fuera se que volveré a perderme y la encontraré de nuevo pero con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo. Pero sigue siendo ella, que otra vez me lleva, nunca me responde [...] Gente que va y que viene y, siempre es Ella, que me miente y me lo niega; Que me olvida y me recuerda..." [Alejandro Sanz]
Berlín sin tí es - como todas las ciudades -, un mal sueño inquietante. Pelirroja tenías que ser. Inesperada. Y vivo en Prenzlauer Berg, donde la panadera y la que vende las salchichas y la punk radical y la del perro y Lola y la del Milchkaffee son tu. Y salgo, camino a ver si el viento fuerte de Berlín me arranca de los ojos la imagen del sueño en el que por fin nos dejabamos de ideologías y guerras frías y nos atrevíamos a derrumbar como muros los destinos y martilleabamos nuestras fronteras dejando en libertad los deseos contenidos al este y al oeste del mundo. Y volvíamos a ser uno: amanecíamos borrachos besándonos en la Puerta de Brandemburgo, pero esta vez nunca regresábamos. De repente, mientras me voy preguntando cómo es que alguien puede pensar que el alemán es áspero - cuando tiene calles como Unter den Linden (Bajo los Tilos), o mi calle Kastanienallee (La calle de las castañas) - te veo cruzando el Checkpoint Charlie. Te alcanzo. ¿Qué haces aquí? Tu cara se disuelve entre la de una alemana que no me entiende.
Y juego a ser Jean-Baptiste Grenouille, buscando el aroma de aquella hermosa mujer pelirroja para volver a encontrar el perfume sublime y sensual que lo vuelve loco y lo hace sentir de 13 como tú a mí (los años pesan una semana antes de cumplir los 25) y guardarlo si se puede: ahorrarlo para tiempos de soledad como este. Pero no. Ni desde lo alto de la Fernsehtur en Alexanderplatz ni desde la cúpula del Reichstag te encuentro. Falsa alarma.
Y en Kurfurstendamm, oigo tu voz. Hablando y esculpiendo a tu manera el aire, como siempre haces y me acerco. Sentado contigo esta Mister Las Vegas, con su corbata y su pelo brillante, un brazo en tu espalda. Me bebo a mí mismo tranquilo en un vaso de Berliner Weisse rojo. Y en Charlottenburg, otra vez ahí estás. Ya te creció el pelo.
No, no eras tu. Otra vez me equivoqué.
Entonces hizo frío. Me bajo a la estación del U-Bahn mientras termina de llover, una no-pelirroja me espera. ¿O la esperaba yo a ella??? Me ha comprado una bufanda muy de mi gusto. Cree que estamos en París y que tengo un elefante gris en que podemos montar para ir a dormir a la luna cuando todos los hostales de Friedrichsain estén llenos y no tengamos donde quedarnos. Apenas la conozco. Como tú, se trasluce en un sueño, que igual termina junto con el fin de la Karl Marx Alee, pero es lo que necesito. No la saco de su error y le presto mi abrigo para que duerma mientras me abraza. No puedo verlo, pero creo que arriba, el reloj del Urania-Weltzeituhr marca la hora en la que una nueva musa esta lista para habitar mis escritos mas onirícos. Sí, todavía mucho más oníricos que este. Los segundos corren, y yo - despues de tantas malas apuestas ciegas - no sé si subirme a ese tren dirección Pankow, olvidarte y dejarte guardada en lo mas alto de la Gedächtniskirche para luego explorar sin miedo otra parte nueva de Berlín.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Too much information

Probablemente este sea el escrito mas prosaico que ha aparecido en este espacio, pero hoy tengo que hacer un homenaje, voy a tratar de no decir más de la cuenta, lo prometo.
Anoche me quedó claro: todo depende de conocerse bien y saber como le funciona a cada uno. Hay a quien se le da muy bien, hay a quien desafortunadamente no tanto. Creo, a mí en este caso - gracias a Dios - se me da bastante, no seré el mejor pero me defiendo re-bien.
Hoy que es sábado y estoy crudo, amaneció bastante flojo. Pero es que estuvo firme hasta la madrugada: no pensé que fuera a funcionar así (según yo fue el alcohol), es increíble cuando uno se soprende de sus propias capacidades. Ayer le preguntaba a la gente qué les parecía y había opiniones divididas. En lo personal, siento un clamor general de que igual y es un poco tosco, grotesco. Para mí no. Y claro, mi punto de vista hacia mí mismo no es objetivo: yo creo que es dulce, sensato. Modestia aparte - y está mal que yo lo diga -, el mío me encanta. Estos días le he dedicado muchos ratos, para que a la hora de la hora el mundo entero se quede con la boca abierta. Y a partir de las buenas experiencias de este viaje en Berlín no me cabe duda que voy a lograrlo. De una cosa así de grande no se puede esperar más que satisfacciones, y en una de esas un buen aumento de sueldo (jeje). Es necesario en este mundo donde la competencia está tan difícil. Sin duda, el idioma alemán es mi mejor amigo. Y ahora me voy a seguir estudiándolo. Pero es que es mucha información.

jueves, 9 de noviembre de 2006

9.11.2006 Die Mauer ist weg - 17 Jahren

Hoy, todos en el este de Berlín amanecimos asumiendo que podemos ir a donde nos dé la gana y movernos libremente por toda la ciudad. Esa sensacin, no es tan reciente aquí. De hecho la división sigue siendo evidente. Hace justamente 17 años, en 1989, mientras me tragaba mi Chocomilk antes de ir a la escuela, no entendía porque mi mamá estaba tan conmovida en su pijama: Te acuerdas de los dos hermanos que te conté que no podían verse porque había un muro? me dijo. Pues ya se pueden ver.
Hoy lo entiendo mejor, y estoy aquí, justo donde veía aquel día por la tele que la gente martilleaba la piedra y celebraba en la Puerta de Brandemburgo...Y lo siento mucho. Literalmente. Siento esta ciudad y su pueblo como antes cuando no tenía idea de qué era el capitalismo, pero sabía que cuando dos hermanos se separan es muy triste, y cuando se reencuentran es algo enormemente celebrable. Mucho. Fuerte. Y me encanta. Y me alegro.

martes, 7 de noviembre de 2006

Dresden y los ojos

"Isn't anyone trying to find me? Won't somebody come take me home?
It's a damn cold night Trying to figure out this life Won't you take me by the hand Take me somewhere new I don't know who you are But I... I'm with you" [Avril Lavigne]
Este fin de semana estuve en Dresden con mi gran amiga María, que vive en Stuttgart. Desde la llegada, notamos que el viento de Sajonia no estaba de humor para turistas, y menos rotos, ruidosos, desorientados y perdedizos como nosotros. Mi paraguas perdió la pelea contra la lluvia. Y para el domingo, las ideas ideales hicieron lo propio para animar a María, que ya estaba harta, mojada y desanimada. Porque entonces se me ocurrió decir que seguramente en ese mismo momento había alguien en algún lado del mundo estudiando sobre Dresden y la Frauenkirche. Que probablemente soñaría toda su vida con caminar por el Zwinger, le contaría a sus hijos durante muchas cenas que en esa ciudad se inventaron las bolsas para el té y trabajaría muchos días para viajar, mirar hacia las nubes grises y abrir la boca para al fin probar el agua de la lluvia de Dresden - sabiendo y conociendo más que nosotros -, y quizás nunca en su vida conseguiría estar aquí. Y a lo mejor sus hijos tampoco.
Y así María se acordó de lo afortunados que somos, de la gran responsabilidad y obligación que tenemos los viajeros de vivir al máximo los sueños de otros como propios.
Una de las mejores historias que me sé, y probablemente la que más amo y recuerdo en estos días en los que el aniversario luctuoso acecha, tiene como protagonista a mi abuela, quien fue invidente. Hubo un día, cuando estaba perdiendo la vista, en que tenía que cruzar una calle, pero no estaba segura de calcular bien la distancia. Justo se acercó a ella una mujer que tenía miedo de caerse, porque algo tenía mal en las piernas. No olvido cómo me contaba que se dijeron: Señora no se preocupe, yo soy fuerte y le ayudo, pero no veo bien, así que Usted tiene que guiarnos... Creo que así estamos los seres humanos. Justo ahí en el momento preciso, probando que la casualidad no existe. Asiéndonos unos a otros, a veces sin darnos cuenta. Acompañándonos de maneras más profundas de las que se pueden ver físicamente. Estamos juntos en tristeza y en triunfo. Quizás exista un equilibrio en el que los que amamos la música la disfrutamos a nombre de los sordos. En el que a veces somos bocas o mudos, a veces piernas o cojos, a veces ojos o ciegos...
Así me gusta pensar que estoy viviendo en Berlín y en Dresde, y dondequiera que vaya. Siendo los ojos de todos los que no pueden ver estas maravillas. Compartiendo el protagonismo con quien sueña y soñará con estar pero físicamente no puede.
Porque entonces, María y yo estuvimos cargándote en Dresden, y fuimos tus ojos aunque tú no lo sabías. Porque nos acordamos de ti - nuestr@ companer@ de viaje - que no nos conoces y en tu honor dejamos de quejarnos y disfrutamos de bebernos toda Dresde en un trago.

jueves, 2 de noviembre de 2006

No tengo cámara

Estando aquí no estoy. Estando aquí no estoy no estoy. [Santa Sabina]
Aquel último dia en Sevilla, un pincho moruno empujó la cámara que iba a traerme y la descompuso. Desde que llegué, he echado a faltar mucho hacer fotos, tanto para acordarme en el futuro como era todo, como para poner aquí, como para ensenar de vuelta a mi familia.
Hoy, salí a caminar hacia la puerta de Brandemburgo. Me estremeci de frío. De asombro por cómo he cambiado desde la última vez que estuve fuera. De todas las cosas que tengo que dejar aquí para regresar y pelear por las que abandoné allá.
Como un perro manso, la piel del aire de Berlín me lengüeteó la cara en señal de bienvenida. A lo lejos, pude ver ese caballo que siempre se ve en las fotos sobre la gran puerta. Y me sentí berlinés. Me di cuenta que sin cámara no hay ni siquiera prueba de que estoy aquí, que en esta capital nadie voltea a ver gente con con estos -3 grados canta y trae bermudas rojas y Nivea en la cara, que además aqui nadie me conoce.
Y sin más ni mas salté. Di vueltas en plena calle. Como en una de esas películas donde el personaje es muy intenso. Pues así yo. Sonreí fuerte y francamente y llegué. No pude hacerle una foto, pero la cruzé y traspasé de ida y de regreso una y otra vez, haciendo alarde de la libertad que hace unos 17 años mi maestra de alemán no tuvo cuando era niña para cruzarse a ver a su abuela que estaba en el Oeste. Y canté a todo pulmón.
Esta vez no hay foto. Van a tener que creerme que hoy Berlín y yo nos abrazamos.